Ze García, cuando la Alta Costura tiene los pies en la tierra

by Isabel Serra,

Fotografía - Gratacós
Fotografía – Gratacós

Siempre me ha gustado imaginar que todos los diseñadores con amor por la costura tuvieron la misma infancia que Cristóbal Balenciaga, Yves Saint Laurent o, por qué no, la de Palomo Spain, que soñaban con hacer vestidos y embellecer a las personas con sus maravillas. Me gusta imaginar que la profesión les sale del corazón, que son diseñadores porque no podrían ser nada más, que es un acto de amor.

José María García González, director creativo y fundador de la firma Ze García, me da la razón cuando me cuenta que de pequeño siempre supo lo que quería ser de mayor: diseñador. “Quería tener mi propia firma y vestir mujeres sin encasillarme bajo ninguna marca”. Ninguna marca que no fuera la suya, claro. Y cumplió su sueño: hace un par de años consiguió abrir su propio atelier en Barcelona.

Su éxito ha sido meteórico, pero merecido: “He trabajado mucho”. No se olvida en ningún momento de su equipo y siempre utiliza el plural para hablar de éxitos. Ha encontrado un hueco en la industria, quizás por tener unas ideas muy claras sobre quién es y qué quiere hacer. Ze García se define por el prèt-a-couture: “No nos ceñimos a la Alta Costura porque solo podríamos trabajar en París”, dice haciendo referencia a las exigencias y condicionantes que impone la meca parisina del lujo. “Somos una firma de costura, hacemos prendas realistas para poder llevar a la calle pero trabajando de la misma forma que la Alta Costura”. Algo así como bajar el cielo a la tierra.

Queda claro que su atelier es su orgullo. Ze García  -cuenta- significa trato exclusivo y artesanal, lentitud, mimo de las prendas y exquisitez en la confección de las colecciones: “Cuento con una modista que lleva toda la vida cosiendo”. ¿Y cuál es su papel? “Yo me encargo un poco de dirigir la orquesta”.

Atelier Ze García
Atelier Ze García

Formado en arte y estilismo de moda, ha aprendido con José Castro o trabajado para grandes de la industria como Escada o Karen Miller. Debutó el jueves pasado en pasarela, en el que fue, con permiso de Custo, el desfile que más expectación –y, por qué no decirlo, más colas- generó. “Llevábamos cuatro años ya con la marca y de repente nos propusieron participar. La recepción fue muy buena”. Sin embargo, sus planes de futuro están lejos de los focos y los flashes: “Lo que pasa con los desfiles es que te desconcentran un poco de tu camino. Por un lado te dan a conocer, pero lo mediático no significa que sea lo que se vende”. Con el tema se muestra bastante serio: ahora lo que toca es trabajar duro con la colección de verano y la línea de novia.

Hablando de su desfile, parece obligado preguntarle por el fenómeno influencer que le rodea. “Somos amigos. La marca ha crecido a la vez que ellas. Yo empecé con veintitrés años, trabajando con clientes que querían ropa a medida hasta que fui encontrando un nicho entre la gente más joven”. El diseñador me cuenta cómo hace unos años se dio cuenta de que las redes sociales, Instagram en cabeza, definirían muchos aspectos de la industria: “Ninguna marca semejante lo hizo, ni Pronovias”. El boom llegó con la boda de Dulceida, que se casó con un vestido salido de su atelier y ahora vuelve a elegirlo para el anuncio de su nuevo perfume.

080 Barcelona
080 Barcelona

Les está agradecido y se nota: “Hay gente que las odia y gente que las ama. Yo las amo. Las influencers generan agilidad y frescura”. Las defiende de los haters, “ahora se las cataloga en un perfil negativo, pero de influencers ha habido toda la vida, siempre ha habido intrusismo en la moda”, y me recuerda a cantantes y actrices que hacían y siguen haciendo lo mismo que las instagramers de hoy.

Si algo podemos destacar de él es que defiende la moda lenta en un mundo rápido y viral. ¿Crees que estás enseñando la cara lenta de la moda a las nuevas generaciones? “Cuando todo va tan rápido, con el fenómeno fast fashion, está bien acercar al mundo este tipo de trabajo, donde el proceso es lento, es físico”. En su taller todo va “despacito”. “El concepto de atelier ya no encajaba, se había quedado arcaico con su manera de trabajar. Nosotros lo hemos hecho accesible, hemos conseguido volver a abrir una burbujita, el mundo bonito del atelier”. Su moda va de experiencias, el vestido es sólo lo que se ve. Tras él se esconde toda una experiencia: trabaja casi siempre bajo cita y le gusta hablar con sus clientes, que ven en él a un chico joven que entiende su estilo y sus inquietudes.

Detalle 080
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