¿Ya sabes cuánto contaminan tus tejanos?

by Gina Baldé,

Ay, los jeans. Esa prenda tan codiciada que viste a buena parte de la población prácticamente a diario parece que aparentemente lo tiene todo: es combinable, cómoda y cool, un 10 vamos. Pero dejando a parte su función, también es importante destacar que es una de las prendas más contaminantes de nuestro planeta. Ya hace un tiempo os hablábamos de las cantidades desorbitadas de agua que se utilizan para confeccionar tan solo un par de jeans y de las pésimas condiciones en las que se encontraban los trabajadores del sector, ¿pero realmente te has parado a pensar en la cantidad de recursos que consume producir un solo par de tejanos? Esa es la pregunta que responde el documental River Blue producido por el canadiense Mark Angelo, y se reestrenó el pasado mes de noviembre con la colaboración de Fashion Revolution.

Factory Worker in Guangdong Province
Un trabajador de la ciudad de Xintang sin indumentaria adecuada para trabajar. © Greenpeace.

En el documental podemos ver como escenario principal las calles del distrito de Hazaribagh en Bangladesh, uno de los lugares más contaminados de todo el mundo en el que los productos químicos, fruto de la producción del tejido, han inundado las calles de la ciudad. A la vez nos transporta a lo que se denomina como la capital mundial de los tejanos, la ciudad de Xintang en China. Ésta ha quedado totalmente contaminada gracias a una planta de fabricación de tejanos. Las calles están infestadas de productos químicos que afectan a los edificios y sus trabajadores, expuestos a sprays tóxicos que provocan problemas de salud. El río Pearl ha quedado totalmente infectado, no queda ningún pez y donde antes había agua, ahora solo quedan residuos tóxicos, desperdicios de la fabricación de denim. Los ciudadanos han perdido una gran fuente de vida, ya que gracias al río podían obtener agua potable y lavar sus ropas. Y se calcula, además, que uno de cada tres pares de jeans vendidos en todo el mundo se fabrican en Xintang, y dos tercios del denim producido en China se fabrican en la misma ciudad.

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En la imagen se puede ver un río completamente contaminado a causa de los residuos textiles. © River Blue Documentary.

Todo esto es resultado de las cadenas de producción propias del fast fashion, en las que los procesos de lavado, secado, blanqueado (sandblasting) e impresión de tejidos liberan plomo y mercurio, contaminando los ríos de países que no tienen acceso directo al agua potable. La buena noticia es que nosotros, como consumidores, tenemos el poder de mejorar la salud de las aguas de nuestro planeta. Desde Fashion Revolution aconsejan mejorar las prácticas de consumo de agua, apoyar los grupos activistas vigentes y tomar conciencia sobre lo que se vierte en los desagües. En la plataforma River Blue también encontramos alternativas como visitar la página Fashion Heroes, con distintas opciones para comprar ropa ética, firmar el manifesto de Greenpeace, empezar a consumir vaqueros producidos de forma ecológica con empresas como Jeanología (la primera planta de lavado que, por cierto, es española) o firmar la petición de SumOfUs para que la industria del denim admita su impacto nocivo para el planeta.

Los procesos de lavado, secado, blanqueado e impresión de tejidos liberan plomo y mercurio, contaminando los ríos de países que no tienen acceso directo al agua potable.

Begoña García, representante de Jeanologia, afirma que es imposible que como consumidores sepamos exactamente lo que hay detrás de nuestras prendas. No obstante, tenemos el deber de investigar y leer las etiquetas para saber de dónde proviene la ropa que compramos. A la misma vez, la industria tiene un papel clave en la manera de transmitir la información de forma fácil y entendedora al comprador. Marcas conocidas como Levi’s o G-Star RAW se han comprometido ya a producir jeans de forma sostenible, Jack & Jones está confeccionando tejanos a partir de láser, y otras marcas pequeñas como Monkee Genes fabrican sus tejanos libres de tóxicos a partir de algodón orgánico y bambú. Ahora que aún hay tiempo, es momento de tomar las riendas para que tanto las grandes marcas como nosotros, los consumidores, demos un paso más hacia la preservación de los recursos naturales del planeta. Y no hay tiempo que perder.