True Cost: el documental que todos deberíamos ver antes del Black Friday


by itfashion,

“No quiero que nadie vista nada que ha sido producido con mi sangre” Shima, trabajadora de Bangladesh.

Aquí vimos “True Cost” el pasado viernes, por cortesía de la Asociación de Moda Sostenible de Barcelona, que nos invitó a moderar la charla de su Ethical Fashion Fest después del pase del documental dirigido por Andrew Morgan. Un trepidante análisis sobre la producción masiva de ropa y sus efectos que arranca de quajo los impulsos de comprar ropa sin medir las consecuencias.

Con un interesantísimo y sólido plantel de voces, que van desde la de Shima, una trabajadora que vive en Bangladesh y ofrece un punzante y conmovedor relato de sus condiciones laborales y de la dureza de su día a día, pasando por Stella McCartney, probablemente la diseñadora de lujo más comprometida actualmente con la sostenibilidad, o Livia Flirth, que desde su proyecto Eco Age trabaja para convertir la moda en una industria con mayor sensibilidad respecto a los temas ambientales y sociales, “True Cost” no renuncia a ir al fondo del asunto.

Así personajes como John Hilary van más allá y ven en el éxito de la moda rápida y súper-barata, un calmante para una clase media cada vez más empobrecida, que mientras es incapaz económicamente de poder costear las cosas grandes como una casa o un coche, se consuela pudiendo llenar su armario de camisetas de tres euros, y pantalones de quince. Un espejismo, un premio de consuelo que sólo oculta el fracaso del sistema capitalista que explota a los trabajadores en el tercer mundo.

Con los argumentos asentados y la triste realidad encima de la mesa, esa que se cobró casi mil vidas en el derrumbe del Rana Plaza, resulta absolutamente devastadora la secuencia en la que se intercalan las imágenes de la locura del Black Friday con las de los empleados que trabajan a sol y a sombra para poder sobrevivir en condiciones infrahumanas. ¿Hasta que punto se nos ha ido de las manos todo esto? es la pregunta que flota en el aire tras ver esta secuencia.

La solución no es fácil, pero implica una responsabilidad compartida, por parte de las administraciones, por parte de las marcas y también del consumidor. Movimientos como Fashion Revolution, nacidos a raíz del desastre del Rana Plaza, animan a los consumidores a ser los protagonistas del cambio preguntando a las marcas “¿Dónde se hizo mi ropa?”. Para Somers sólo a través de la presión a las marcas, estas empezarán a tomar la iniciativa.

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