Historia de un Fashion Film

by Pablo Gandia,

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Hace ya quince años apareció en Londres y Nueva York una nueva manera de retratar la moda. Con una industria cansada de las limitaciones de la fotografía, algunos artistas emergentes empezaron a investigar el potencial del vídeo. Por un lado, este consistía en una alternativa revolucionaria ante un mercado que pedía a gritos un soplo de aire fresco. Por otro, suponía el adiós a toda una era de principios, métodos de trabajo y profesionales consagrados que habían protegido su legado sin permitir ningún cambio. Se trataba de una lucha gradual e inconsciente entre el conservadurismo artístico y la experimentación creativa. Algo así como una versión actualizada de la batalla que se lidió entre la pintura y la fotografía a finales del siglo XIX. Pero, justamente en ese momento de crispación, irrumpió en la escena el fotógrafo británico Nick Knight, una figura decisiva para el desarrollo y la consagración del video. Él, como ningún otro, supo predecir las necesidades de la industria y sentó las bases de lo que más tarde llamaríamos ‘Fashion Film’. Gracias a su experimentación constante, Knight consiguió que este nuevo formato se materializara y empezara a consolidarse como un lenguaje propio. Como una herramienta en la que, tarde o pronto, con la revolución digital, las nuevas generaciones se verían reflejadas.

Es precisamente esta revolución la que llevó a Nick Knight a crear SHOWstudio en el año 2000: una comunidad virtual de creadores que, a través de sus vídeos, ponían al alcance de cualquiera los últimos fashion films del momento, entrevistas a diseñadores o modelos, y retransmisiones de los principales desfiles de cada temporada. Con SHOWstudio nació una nueva etapa para todo aquel que deseaba consumir moda más allá de los editoriales en las revistas. A partir de entonces, ante el usuario se abrió todo un abanico de posibilidades que transformó la manera de comprender la industria. Descubrir qué sucedía detrás de las cámaras formaba ya parte de la ilusión del negocio. Conocer de cerca la vida de las supermodelos significaba un doble juego: nos permitía convertirnos en voyeurs y humanizar a aquellas mujeres que tanto habían sido criticadas por su superficialidad.

Quince años después de la revolución de Knight, en la actualidad las grandes empresas de moda aún observan con timidez el fashion film. Sin embargo, en la otra esfera de la creación, todo un séquito de artistas audiovisuales ha empezado a tomarse las cosas en serio. Y es que, finalmente, han comprendido los beneficios que el movimiento de la imagen puede aportar al producto cultural de una marca. Mostrar las prendas acompañadas de historias, sonidos y sentimientos, permite generar en el cliente un imaginario mucho más fuerte que el de cualquier fotografía. Con el fashion film, las intenciones comerciales se disuelven y, ante esta débil pérdida de la persuasión, el consumidor se convierte en un nuevo espectador. En alguien que, además de asistir al cine, leer libros o ver la televisión, decide darle al play y adentrarse en el mundo ficticio que se le presenta ante su pantalla. Quizás por ello, el productor de publicidad José Murciano no se lo pensó dos veces a la hora de organizar la segunda edición de Madrid Fashion Film Festival. En ella vivimos tres días de intenso trabajo: mesas redondas, visionados y muchas ideas en el aire. Aprendimos la sutil diferencia entre los anuncios y este incipiente género que cada vez se adentra más en nuestro país. Entendimos que el fashion film camina en paralelo a la fotografía, sin querer competir con ella, trazando un recorrido democrático que no distingue de nombres y apellidos. Un trayecto que deja de lado lo suntuoso para acercarse al sentido del humor, a la narración, y sobre todo, también a la emoción.

A continuación os presentamos los cinco fashion films que más nos gustaron en esta segunda edición del festival:


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