Diana Kunst: When Loneliness Becomes Art

by Pablo Gandia,

DIANA KUNST: WHEN LONELINESS BECOMES ART | itfashion.com
“Miserlou” | METAL magazine

Hay momentos en la vida en los que uno se siente necesitado de inspiración. Seguramente os habrá pasado alguna vez. O dos, o quizás más. En mi caso, esta ausencia se ha convertido ya en toda una rutina que, por suerte, he sabido suplir gracias a Internet. Hace casi dos años, en uno de mis tantos días de colapso mental, descubrí en las redes sociales el trabajo de una joven fotógrafa madrileña que se hacía llamar Diana Kunst. En ella encontré justamente lo que estaba buscando: alguien que a través de sus imágenes transmitiese un sentimiento adicional a una estética bien cuidada y perfeccionista. Desde mi pantalla del ordenador aprendí a educar mi ojo con sus fotografías. Personajes enigmáticos, soledades perpetuas y escenarios decadentes fueron inundando, paso a paso y de manera inconsciente, la narrativa de todo su trabajo. Quizás por esta identidad tan fuerte y personal ha logrado capturar las imágenes de grandes marcas y firmas como Lacoste Live, Louis Vuitton o Karl Lagerfeld. Pero estos logros, que para cualquiera serían la cúspide de su carrera, para Diana Kunst tan solo constituyen el punto de partida de una trayectoria infinita. De una línea ascendente que promete no desdibujarse ante las caídas, no aferrarse a la comodidad y viajar incansablemente en busca de la inspiración.

Dos años después de este descubrimiento que me salvó de la monotonía artística, decidí escribir a Diana para conocerla un poco más allá de sus videos y fotografías. Quedamos en un piso del céntrico barrio de Malasaña, donde ella se hospedaba durante unos días antes de marcharse a Nueva York, su nuevo hogar. Salió del portal ataviada con un sombrero y un abrigo que le cubría su cuerpo menudo. Nadie en ese momento podría haber imaginado que tan solo tuviese 23 años. Parecía haber salido de un cuadro de Edward Hopper, tan misteriosa y diferente como los personajes de Nighthawks. Después de comprar una botella de agua mineral en el supermercado más próximo, Diana rechazó ir a cualquier cafetería y me propuso subir al piso de sus amigos para hacer esta entrevista. Allí me encontré maletas, cajas repletas de recuerdos, proyectos, ambiciones y muchas ideas en el aire. Así debía de ser su vida: tan inestable como adictiva. Tan apacible como enérgica.

¿Cómo te introdujiste profesionalmente en el mundo audiovisual? Empecé haciendo videos una vez a la semana para una discoteca madrileña en la que retrataba a sus personajes e historias. También me llamaban de eventos que hacía la revista Vice y a su vez fotografiaba editoriales de moda. Sin quererlo, me fui construyendo un porfolio que completaba con videos personales de los diferentes viajes que hacía a Londres. Allí contacté con varios profesionales de la industria y me inicié en el fashion film, un género que por aquel entonces todavía se estaba gestando. Tan solo se concebía como un experimento recién nacido en el que, a través de una estética muy estudiada, grababas a un personaje con cierta ropa diferente.

Cuando uno observa tu trabajo y se percata de que tan solo tienes 23 años, lo primero que se pregunta es cómo has conseguido llegar tan alto. Hace una semana estuve en la Donostia Fashion Week para dar una charla de motivación a la gente joven. Yo les decía que nunca tuve ninguna premisa de los pasos que debía seguir. Jamás me marqué de antemano una trayectoria, porque creo que si realmente te gusta algo, lo vas a hacer sin plantearte absolutamente nada. De manera intuitiva coges una cámara y grabas a la gente una y otra vez. Pero no por la obligación de levantarte una mañana y decir: “hoy me tengo que poner”. Te va a salir solo, como una simple necesidad. Y si al final tú trabajas constantemente, pronto o tarde los buenos resultados llegarán.

En tu caso, ¿estos buenos resultados son el fruto del talento o simplemente de la perseverancia? Pienso que son una mezcla de los dos. Además, también hay algo mágico en cómo sucede mi trabajo.  Actúo siempre de manera natural, observando y capturando en mi entorno lo que más me intriga. Quizás esta sea una buena respuesta, aunque igualmente debo decir que no hay una fórmula definida para lograr un cierto feedback en aquello que hago.

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“Don’t be cruel” | METAL magazine

Supongo que tu edad habrá sido en alguna ocasión un impedimento para desarrollar tus proyectos. ¿Nunca han desconfiado de ti? Claro. De hecho, en la primera publicidad que hice, justamente con Alamo Films, su director Julio del Álamo presentó mi bobina a la multinacional Puig y les encantó. No obstante, estaban inseguros conmigo porque jamás había llevado a cabo una producción publicitaria. No sabían si era capaz de afrontar un proyecto con un equipo de tal envergadura. Así que trabajé muchísimo elaborando un tratamiento en el que contaba cómo veía la película, pero la presentación me salió fatal. Al final me dieron una segunda oportunidad en la que, después de un esfuerzo impresionante, aceptaron mi proyecto. En estos últimos años también he preparado muchos trabajos que no se han llevado a cabo porque los clientes escogieron finalmente a realizadores más consagrados.

¿Nunca te has replanteado estudiar en la universidad? Jamás. Aunque suene tópico, creo que la mejor escuela que existe para un artista es su propia vida. Como creadores que somos, debemos interesarnos por las cosas que nos rodean y aprender de ellas. Acudir a exposiciones, leer libros de todo tipo, ver películas o simplemente pasear por la calle y observar con atención a las personas. Es verdad que siempre está bien aprender. Incluso cuando estoy en Nueva York muchas veces pienso en lo genial que sería estudiar un master en dirección de cine, pero nunca me he planteado acudir a una universidad como tal.

Eres probablemente una de las miradas más frescas dentro del fashion film español. ¿Qué crees que le has aportado? (Se lo piensa durante varios segundos). No se si yo realmente he aportado algo a este nuevo fenómeno. Creo que ha sido más el trabajo de varios profesionales de la moda y del video el que ha hecho que este género salga adelante en nuestro país. Al principio, el fashion film tan solo era un formato estético sin ninguna historia detrás; una sucesión de imágenes apetecibles de ver. Pero, poco a poco, he querido cambiar este aspecto e introducir una historia detrás. Un guión que permita ir más lejos y profundizar en la parte narrativa. Y es que, cada vez que me enfrento a un fashion film, tengo la necesidad de contar algo, de que haya un desarrollo y un desenlace en aquello que estoy creando, y de que la moda siempre acompañe a la historia. En los últimos meses, uno de mis objetivos ha sido precisamente acercarme al cine a través de este nuevo género.

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“Delia’s breeze” | METAL magazine

Hablemos de Nueva York. ¿Por qué decides irte a vivir allí? Yo nací en Madrid y he pasado la mayor parte de mi vida en esta ciudad. Sin embargo, el hecho de estar siempre en un mismo sitio termina no solo contaminándote, sino convirtiendo todo tu alrededor en algo plano y rutinario. En mi caso, sentía que me faltaba inspiración y necesitaba marcharme, conocer gente nueva e impregnarme de ideas diferentes. Por ello decidí continuar mi carrera en Nueva York. Allí es mucho más fácil encontrar localizaciones increíbles, personajes curiosos e historias extrañas y fortuitas. Además, la industria audiovisual es grandísima, existen cientos de agencias con modelos muy interesantes, y a diferencia de España, no tienes que esperar tanto a que te llegue el vestuario.

¿Con qué problemas te encontraste al llegar a Nueva York? Cuando fui por primera vez no conocía a mucha gente, por lo que meter la cabeza en algo tan estructurado como es el video y la fotografía fue verdaderamente difícil. El mundo del arte es al fin y al cabo una especie de ruleta que gira a toda velocidad y de una manera determinada, así que ver el momento de entrar dentro y formar parte de ella me pareció complicado. De hecho, a día de hoy, todavía no lo he conseguido. Pero no me preocupa para nada. Supongo que con todas las cosas que estoy grabando aquí en España y en Europa, voy elaborando una buena carta de presentación.

Tus últimos trabajos están repletos de una soledad muy parecida a la que plasmó Edward Hopper en Manhattan. ¿A qué se debe esta inspiración? Ahora que lo dices, cuando estuve allí, muchas de las esquinas de los edificios me recordaban a las pinturas de Hopper y en cierta medida me sentía como él. En bastantes ocasiones me encontraba aislada y me veía encerrada en una minicápsula transparente desde la que observaba a toda la gente un tanto “alienada”. Lo cierto es que en la sociedad actual, y especialmente en las grandes ciudades, la mayoría nos encontramos alienados, pero en Estados Unidos es increíble la forma y la magnitud en la que sus ciudadanos viven por su propia cuenta. Esta soledad también la percibí cuando fuimos a rodar unas escenas a Oklahoma, en el centro del país, donde todo era mucho más puro y virgen.Sin lugar a dudas, las experiencias y contrastes que he vivido en America han hecho que a menudo retrate este sentimiento en mis videos y fotografías, pero no porque me guste, sino porque nace de forma inconsciente.

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¿Qué te ha aportado Nueva York a nivel personal? Yo siempre he sido una persona a la que le gusta pararse a pensar, estar en silencio y observar mi alrededor. Pero Nueva York ha incrementado, aún más si cabe, esta faceta mía. El hecho de que sea una ciudad más grande, en la que las distancias son abismales, la soledad se convierte más que en una elección, en una auténtica obligación de la cual disfruto bastante.En Madrid, en cambio, es mucho más difícil aislarme porque tengo a mis amigos de toda la vida, a mi familia y diferentes asuntos que me distraen inevitablemente.

¿Te gustaría quedarte allí de forma permanente? No. Yo quiero estar viajando por todo el mundo. No me gustaría quedarme en un sitio determinado. Además, Nueva York es una ciudad muy bonita e inspiradora, pero para vivir tiene algo que no termina de encajarme. Me encanta la calidad de vida que hay en nuestro país y la forma de ser de su gente. Quizás esto lo piense porque he vivido toda mi vida en España, o quizás porque llevo muy poco tiempo viviendo en Nueva York.

Formamos parte de una generación para la que el mundo virtual se consagra como un elemento clave en su vida diaria. ¿Qué papel juegan las redes sociales en tu trabajo? En realidad no soy muy fan de Internet y las redes sociales. En mi día a día no las suelo utilizar para comunicarme con mis amigos, sino tan solo como una herramienta para mostrar mi trabajo. Creo que es un método perfecto si lo sabes utilizar y tienes el equilibrio necesario para no obsesionarte con el número de likes que recibes. Por otro lado, en las redes sociales todos nos vamos retroalimentando del trabajo de los demás, y al final, la gran mayoría de las cosas terminan siendo iguales. Yo tuve una época en la que no quería ver referencias, pero pronto me di cuenta de que no tenía sentido. Si la gente hace cosas maravillosas, debemos verlas y nutrirnos de ellas.

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“The magic hour”

Durante tiempo has servido de inspiración para muchos jóvenes españoles que a día de hoy quieren dedicarse al mundo del arte. Sin embargo, ¿quién te inspira a ti? Me inspira mucho leer y hablar con mi padre, mi tía o mi abuela. Muchas veces hago reflexiones y saco conclusiones que ellos, al tener más experiencia en la vida, me ayudan a darles forma y sentido. Me enseñan libros de filosofía o ensayos en los que todo lo que les había contado aparece reflejado en historias de hace cientos de años. También me inspira la pintura, la arquitectura, las películas y ciertos directores de cine, pero todo depende de la etapa o el momento en el que me encuentre.

Finalmente, ¿cuáles son los planes y proyectos de futuro que tienes en mente? Para empezar, voy a realizar una película experimental junto con el productor ejecutivo de Garlic, Álvaro Gorospe, y el director de fotografía con el que suelo trabajar, Christos Voudouris. Ahora mismo también estoy buscando galeristas para hacer una exposición en la que mezcle diferentes disciplinas como la fotografía, el video, la pintura o la instalación, y crear así un concepto global con significado propio. A largo plazo me encantaría dedicarme al cine, pero no se aún el camino que voy a tomar. Tiempo al tiempo. Las cosas a mi alrededor se transforman tanto y tan rápido que ahora puedo estar pensando esto y pasado mañana cambiar de idea radicalmente.

Conoce el trabajo de Diana Kunst en su página Web:

http://www.dianakunst.es/

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