Una subasta nos descubre a Shaun Leane, el impresionante joyero de McQueen

by Raquel Bueno,

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Shaun Leane durante el fitting de la “Orchid Shoulderpiece” de plata, en el backstage del Pantheon ad Lucem, durante el desfile A/W 2004 de McQueen. © Shaun Leane Archive.

Ay, Alexander McQueen. Cuánto lo echamos de menos. Sin embargo, día a día descubrimos nuevas facetas de su trabajo –y nuevos de sus antiguos colaboradores– que mantienen su legado tan vivo como el primer día y nos abren las puertas, de nuevo, al tan enigmático y fascinante universo del célebre, y excepcional, creador. No, no, esperad. Del artista.

Él cambió la silueta de la moda”, decía de su amigo y colaborador Shaun Leane, el que fue su joyero durante años, “y yo cambié la silueta de la joyería. Trabajamos de forma brillante juntos… Tan solo queríamos crear lo nuevo”. Y él y sus maravillosas e intricadas piezas de maestría artesanal han sido, precisamente, nuestro apasionante descubrimiento de hoy. Unidos por sus respectivas pasiones por la artesanía, juntos crearon un enjambre de joyas pensadas para la pasarela que, de una extrema provocación, fueron capaces de quitarle el aliento al más atrevido y elevaron el trabajo de ambos creadores a la categoría de lo icónico.

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Shaun Leane ajustando la pieza “Yashmak”, hecha con aluminio y cristales de Swaroski, en el backstage del “Black” show de McQueen, en junio de 2004. © Shaun Leane Archive.

Y es que esas piezas, de un valor único e incalculable, se subastaban y se exponían justamente hace un mes en el Shaun Leane Archive Sale del Sothebys de Nueva York. Joyas de una extravagancia exquisita y un excentricismo inigualable, que fueron creadas durante el período de 1996 al año 2008 y cambiaron, junto a McQueen, muchas de las normas del juego en la industria y en el mundo de la moda en su totalidad.

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Cuarenta y cinco en total, entre ellas se encuentran piezas tan icónicas como un corsé de esqueleto de plata, una corona de espinas a lo Jesucristo superstar o un cuello que emula a la garra de un faisán, entre muchas otras delícias para la imaginación. Y aunque por desgracia nuestro presupuesto no alcanzó para hacernos con ninguna de estas impresionantes piezas, su descubrimiento nos recuerda hoy –como si hubiéramos podido olvidaro– el ingente impacto del maestro McQueen en la forma de entender la moda; y nos hace soñar de nuevo, también, con los ojos bien despiertos. Disfrutad.

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