Un nuevo informe revela el maltrato sufrido por las trabajadoras de la confección

by Gina Baldé,

Trabajadoras-Cambodia

Mujeres camboyanas cosiendo en una fábrica textil. © Reuters.

La larga batalla iniciada ya hace unos años para que la industria de la moda sea un poco más eco-friendly parece que no tiene fin. Esta vez la organización global sin ánimo de lucro Microfinance Opportunities ha elaborado el proyecto Garment Worker Diaries en el que durante un año se han investigado las vidas, los salarios y las condiciones laborales de un total de 540 trabajadoras textiles en Bangladesh, Camboya y la India, principales países de producción textil. Han participado como socios locales la organización contra la pobreza BRAC en Bangladesh, la organización especializada en el crecimiento empresarial TNS en Camboya y Morsel Ltd. en la India, centrada en la investigación de campo. La fundación C&A Foundation proporcionó el soporte económico mientras que Fashion Revolution ha utilizado los datos de la investigación para concienciar a empresas y consumidores con la intención de mejorar las condiciones laborales de los trabajadores. El resultado del informe –como era de esperar– no revela resultados muy favorables. En los tres países los trabajadores recibían maltratos por parte de los empresarios, siendo Bangladesh el país con la tasa más elevada.

En las fabricas de Bangladesh tan solo un 43% de las trabajadoras afirmaba sentirse segura el 100% del tiempo. Y más de un 80% declaraba haber sufrido discriminación.

En Bangladesh se seleccionaron un total de 180 mujeres de las ciudades de Dhaka y Chittagong y los distritos de Gazipur y Savar. El perfil de trabajadora en Bangladesh tenía una media de edad de 20 años y estaba casada. Según el informe, tan solo un 50% de las participantes había finalizado la educación primaria, o incluso menos, y el acceso a electricidad o agua se hacía muy difícil para la mayoría. Por lo que respeta a las condiciones laborales, Bangladesh es el país con peores condiciones. Según fuentes del BRAC, la jornada laboral era de 60 horas semanales, por las que recibían 28 taka (el equivalente a 0’95 dólares por hora), cantidad insuficiente para cubrir hasta las necesidades más básicas. Además, en las fabricas tan solo un 43% de las trabajadoras afirmaba sentirse segura el 100% del tiempo. Y más de un 80% declaraba haber sufrido discriminación. El 80% de las veces dependía de la edad, un 61% por el género y un 58% por embarazo. Y, en los doce meses de investigación, prácticamente un 45% de las trabajadoras admitía haber sido humillada delante de otras trabajadoras, un 35% había sido insultada, más de un 15% amenazada y entre un 5 y 8 % habían sido agarradas, recibiendo golpes o empujones.

En Camboya, el 77 % de las trabajadoras admitieron no sentirse seguras en el lugar de trabajo, mientras que un 40% admitía haber presenciado un fuego alguna vez en su vida.

En Camboya se seleccionaron a 186 mujeres de las comunidades de Phnom Penh y Kampong Speng. Aunque no mucho más favorables, las condiciones eran más aceptables que en Bangladesh. Las trabajadoras pasaban un promedio de 48 horas semanales en las fábricas de las que recibían una recompensa de 3500 riels (equivalentes a 2’53 dólares por hora, el salario mínimo). Un 45% de las semanas hacían horas extraordinarias que les ayudaban a incrementar un 10% de sus salarios, sin embargo muchas de las horas extra trabajadas no se contemplaban posteriormente en el sueldo y la mayoría de trabajadoras se encontraba con dificultades en el momento de pagar servicios tan básicos como la comida o la sanidad. El 77 % de las trabajadoras, además, admitieron no sentirse seguras en el lugar de trabajo, mientras que un 40% admitía haber presenciado un fuego alguna vez en su vida. “Trabajo con bandas elásticas que contienen químicos. Tienen un fuerte olor, y casi no podemos respirar. Casi todo el mundo se ha desmayado alguna vez por el olor. A veces los trabajadores llevan máscaras, pero muchas veces solo se las dan a las mujeres que acaban de tener un bebé”, afirmaba una trabajadora textil de apenas 20 años, en Kampong Speu. El tipo de discriminación recibida, a diferencia de Bangladesh, dependía más de un 80% en el embarazo, un 70% en la edad y aproximadamente un 30% en el género. Prácticamente un 30% de las trabajadoras admitió haber recibido algún tipo de violencia verbal, un 11% haber sido forzada a hacer algo que no quería y un 1% haber sido atacada físicamente con objetos o directamente golpeada por el responsable del taller.

estadistica
Estadísticas que muestran el tipo de discriminación recibida en el lugar de trabajo. Por orden Bangladesh, Camboya y la India. © Garment Worker Diaries.

En la India se seleccionaron un total de 180 mujeres residentes a lo largo de Mysore Road hasta el margen del sudoeste de Bangalore. De los tres países, fue el que obtuvo mejores resultados. A diferencia de Camboya y Bangladesh, los sueldos de las trabajadoras de Bangalore se depositaban directamente en la cuenta de la trabajadora por el empleado. De la misma manera, los salarios en la India eran los más justos en relación a las horas trabajadas, cumpliendo con el salario mínimo establecido. Trabajando unas 46 horas semanales, las empleadas recibían un sueldo de 40 INR (equivalente a 2’30 dólares). Las trabajadoras, por otro lado, eran las que se sentían más seguras respeto a los otros países, un 87% afirmaba sentirse segura seguido por un 13% de mujeres que se sentía segura a veces, teniendo accesibles las entradas y salidas de emergencia. Prácticamente un 90% afirmaba no haber visto nunca un incendio en horas laborales. Con mejor salario, las trabajadoras recibían un porcentaje mucho menor de discriminación. Solo un 10% afirmaba haber sufrido discriminación basada en el género, la edad u otros –que dependía un 5% del embarazo, un 2% del género y un 1% por la participación en un sindicato–. En cuanto al acoso, los datos no son tan buenos. De hecho, podríamos decir que son los peores de los tres países. Prácticamente un 60% de las trabajadoras había sido insultado alguna vez, un 27 % había sido humillada enfrente de otros y un 5% había sido amenazada, empujada o golpeada. Y desde aquí, de nuevo, nos preguntamos: ¿Hasta cuándo?