Tu consumo puede cambiar el mundo, por Brenda Chávez

by Estel Vilaseca,

Leer las etiquetas es importante. Si pone Made in Balngaladesh y Camboya, ser conscientes que es donde se pagan los sueldos mas bajos.

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Brenda Chávez en la Librería Rafael Alberti. Foto de Iván Castellano.

Brenda Chávez (Madrid, 1974), abre las páginas de su primer libro “Tu consumo puede cambiar el mundo“. El poder de tus elecciones responsables, conscientes y críticas” con una dedicatoria que es toda una declaración de intenciones: “Para quienes creen en la libertad de prensa y en un mundo mejor”. Forjada en las redacciones de Vanidad y Vogue, esta periodista cultural que también ha colaborado para medios como El País, Yo Dona o Elle, dejó la sub-dirección de Cosmopolitan porque “estaba haciendo marketing y no periodismo”. Una decisión que en su momento pocos entendieron pero que le ha permitido escribir este libro desde la libertad plena para informar sobre el gran poder que nosotros, como consumidores, tenemos para presionar a las empresas.

Centrado no sólo en el mundo de la moda y de la belleza, Chávez explica de forma didáctica y con muchos datos sobre todas esas realidades que a menudo la prensa tradicional olvida, ya sea por falta de información – o de libertad. Estar informados y conocer, para ella, es el primer paso. Cada compra es una inversión y en nuestra mano está perpetuar malas prácticas o bien apostar por empresas construidas en modelos de negocio más transparentes, solidarios, éticos y sostenibles. Charlamos con Chávez para que nos cuente más sobre como podemos transformar la industria de la moda en un negocio más positivo a través de nuestro consumo.

¿Cuándo, cómo y por qué surge la idea del libro? 

Como periodista cultural siempre me ha interesado el proceso creativo de las cosas, desde cuando se bocetan las ideas hasta cuando se convierten en una realidad. Me fui enterando como se producen muchos objetos de consumo, he visto los impactos negativos que acarrean y me he planteado si se podían hacer mejor. Paralelamente mientras descubría todo esto, esta realidad me hacía ser una consumidora más crítica. También iba acumulando una información que muchos cuidadanos no tenían. En un cierto punto me di cuenta que acumulaba información suficiente para un libro. Además disponía de muchos contactos y fuentes a las que poder recurrir, así que todo surgió de forma muy natural.

Trabajaste como redactora jefe en Vogue, y antes habías estado en Vanidad. ¿Hasta qué punto los medios de comunicación y las revistas son responsables de contarnos la verdad de las marcas?

En la mayor parte de los casos lo que nos están contando es publicidad y marqueting y los medios funcionan como un altavoces. Escasea saber lo que hay detrás y el libro busca suplir esa carencia y se preocupa por explicarlo. Cada vez el consumidor reclama más, pero existe esta carencia de información independiente porque los medios dependen de la publicidad. Hay autocensura de los propios periodistas. Se toma por anecdótico lo que es sistémico. Nos deberíamos informar más y mejor, y aunque coincido en que falta crítica, también es verdad que sólo es posible hacerla cuando tienes criterio. Si no tienes toda la información es muy difícil ser crítico. Tenemos que reflexionar más, somos consumidores y tenemos un papel muy importante. Podemos apoyar empresas que hacen abusos o podemos no hacerlo. Ahí está nuestro poder. Cuando apoyamos consumos responsables las empresas toman nota. Puede ser una muy buena arma de regeneración empresarial.

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De hecho el libro de lo dedicas a: “Para quienes creen en la libertad de prensa”. ¿Cómo ves el panorama de las revistas? ¿Existe tan poca libertad?

La prensa en los momentos de crisis se encuentra muy secuestrada por sus anunciantes. Se cubre la moda sostenible pero sin ningún tipo de criterio, de una forma muy marquetiniana. Si hubiera escrito este libro estando en la sub-dirección de Cosmopolitan me hubieran despedido, por eso me despedí yo. Pensaba que estaba haciendo marketing y no periodismo. El libro está hecho desde esta libertad de prensa de la que deberíamos gozar todos los periodistas. Según entiendo yo, el periodismo tiene que tener una función social, tenemos que dar visibilidad a la realidad, no maquillarla. Por eso cuando te das cuenta que sobre todo estás haciendo marketing,  a quienes creemos en este tipo de periodismo nos cuesta. Tuve una crisis de identidad personal y decidí tomar esta vía. Ocurrió en plena recesión y muchos pensaron que era un suicidio, pero para mí fue un renacimiento y no puedo estar más feliz.

Me despedí de Cosmopolitan porque pensaba que estaba haciendo marketing y no periodismo. Según entiendo yo, el periodismo tiene que tener una función social, tenemos que dar visibilidad a la realidad, no maquillarla.

¿Es un mundo tan hipócrita como lo pintas en el libro?

Yo creo que se mezcla hipocresía con desconocimiento. No hay que olvidar que actualmente un tercio del valor de una marca es su reputación. Por eso les preocupa mucho lo que hagamos los consumidores y los inversores.  El cambio climático acucia y a los millennials les importan mucho las cuestiones medioambientales. Pero mientras se toman muchas medidas de cara a la galería, no están cambiando el modelo productivo. Estamos en ese punto. Peor también hay muchas empresas que están haciendo las cosas bien, y esos son los ejemplos de mercado, hay muchos héroes anónimos y poder testimoniarlos ha sido el regalo de este libro.

En el libro se traza una responsabilidad compartida entre las empresas, los gobiernos y el consumidor. Parece claro que los dos primeros no están muy por la labor. Como consumidores, ¿hasta que punto nuestras acciones pueden tener repercusiones?

La macroeconomía no cambiará mañana, los tratados de libre comercio tampoco, pero que tú le des tu dinero, consumo o confianza a una empresa que tiene malas prácticas es perpetuarla. Si abusa de los recursos o maltrata animales, lo seguirá haciendo. En cambio, si se lo das a las empresas que se lo merecen, tu dinero fomenta otra realidad, otro planeta. Y no estamos hablando de consumidores ailsandos, existe un potencial de 2.500 millones de consumidores que están deseando hacer las cosas bien, Tenemos mucho más impacto del que podamos creer. Los consumidores podemos ser una especie de faro de guía, si recompensamos a las buenas empresas y no a las malas. Pero estamos hablando de buenas acciones no solo de boquilla, reales. Cuanto más críticos seamos, mejor. De ello depende su supervivencia. Estamos votando con nuestro monedero.

Tenemos muchos impacto del que podamos creer. Los consumidores podemos ser una especie de faro de guía si recompensamos a las empresas con buenas prácticas y no a las que no las tienen. Cuanto más críticos seamos, mejor. Estamos votando con nuestro monedero.

Brenda Chávez
Brenda Chávez

Últimamente mucha gente me pregunta que dónde pueden encontrar alternativas para vestir ropa más ética. El tema del precio siempre planea.

Es sencillo, hay que comprar menos y mejor. Yo lo hago y no tengo el presupuesto de Gwynet Paltrow. El 70% de lo que tenemos en el armario no lo usamos. Nos incitan a que consumamos de forma desmedida, pero no necesitamos estar estrenando cada día. Nos meten necesidades ficticias. Debemos empezar a discernir que necesidades son reales y cuales son ficticias. Las prendas de nuestras madres y abuelas perduraban en el tiempo. El libro invita a reflexión de nuestro papel en relación al consumo de moda. Nadie quiere vestirse con tragedias. Sólo tenemos que plantearnos si quisiéramos ser esas costureras, si nos parecería bien trabajar en esas condiciones. Si nos gustaría ser ese animal que acaba convertido en un abrigo. Es momento de reflexionar sin flagelarnos, tranquilamente. Ver qué está en nuestra mano y empezar poco a poco por lo que nos resulte más fácil, ya sea la comida, cambiarnos a un banco ético o consumir menos envases. Me parece sencillo. Si queremos tener un mundo mejor tenemos que empezar a hacer algo desde el presente.

El 70% de lo que tenemos en el armario no lo usamos. Nos incitan a que consumamos de forma desmedida, pero no necesitamos estar estrenando cada día. Nos meten necesidades ficticias. Si queremos tener un mundo mejor tenemos que empezar a hacer algo desde el presente.

Les dedicas unas cuantas palabras a los departamentos Responsabilidad Social Corporativa de las firmas de moda. ¿En qué fallan?

La sosteniblidad tiene tres pilares: ambiental, económico y social, pero predominan las acciones a medias. Se está haciendo mucho maquillaje, greenwashing se llama, y muy poco de cambiar el modelo de fondo, algo mucho más complejo.

Una de las partes más interesantes del libro es el listado de excusas que las grandes empresas enumeran para no pagar salarios dignos a sus proveedores. Conozco de buena tinta que para ellos es irrenunciable rebajar el margen de beneficio. ¿Por qué crees que eso ocurre?

Ellos sabrán lo que hacen, pero a nosotros lo que nos importa como consumidores es estar informados. Yo creo que los actos nos delatan. El beneficio sin límites y sin cuestionamientos es la máxima del capitalismo y lo demás es secundario. Mientras esta mentalidad no cambie, esta será la moneda de cambio habitual.

Amancio Ortega , Índitex y Zara son marcas muy controvertidas. Siempre se escudan en su gran aportación a la moda con un modelo de negocio, copiado y estudiado a nivel mundial. Pocos se atreven a decir que no hay nada de positivo en su modelo. ¿Cuál es tu opinión?

Índitex tiene muchos claros y oscuros. La  ingeniería fiscal del negocio supera esa donación que ha hecho recientemente de la que todo el mundo habla. También ha generado una cultura del usar y tirar muy llamativa. Se enfoca siempre el lado luminoso, pero el modelo de Amancio puede tener tantas cosas loables como cuestionables. Y lo saben. Fuentes internas me han reconocido que el Código de Responsabilidad es imposible de aplicar con el el planteamiento de negocio actual.

Pones algunos ejemplos de GreenWashing. ¿Qué opinas de los proyectos de moda ética de las grandes compañías: Conscious, Join Life, Mango Commited ¿Puede ser la moda rápida sostenible? ¿Hasta que punto estas líneas pueden llevas a la confusión y ser perversas?

Hay que preguntarse por qué sólo hacen estas líneas y no todo el modelo de negocio sostenible. La realidad es que se trata de una excepción que les lava la cara. Es así de claro, quieren quedar bien y sumarse atributos de sosteniblidad que en su modelo de negocio no implementan de forma real. Regresamos de nuevo al tema de la reputación: nada más y nada menos que un tercio del valor de la empresa.

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Queda mucho camino por recorrer. Personalmente creo que existen muchas más buenas intenciones que no productos capaces de competir a nivel estético y funcional. Creo que en el sector de la moda ética también falta algo de auto-crítica. ¿Qué opinas?

No estoy de acuerdo. Existen muchas marcas que están trabajando mucho y que recoge la nueva  plataforma Slow Fashion Spain. Tienes marcas como Thinking Mu o Ecology. Van poco a poco, y aunque hay que hacer crítica constructiva, no hay que olvidar que no tienen el presupuesto de las grandes corporaciones. Son déficits solventables a corto-medio plazo. Si miras el panorama de la moda sosteible, en diez años se ha avanzado muchísimo y más si tenemos en cuenta lo difícil que es sacar este tipo de empresas adelante. Los índices de fracaso son muy altos. Como complemento del libro, en mi blog se puede consultar una microguía con algunas de las marcas y medios a seguir.

¿Cómo empezar la transición hacia un vestir más consciente?

Leer etiquetas, ver donde se han hecho nuestros productos, si sale Made in Balngaladesh y Camboya, saber que es donde se pagan los sueldos mas bajos. Tomar conciencia que vestimos poliéster y plástico, que son muy contaminantes y que dejan mucha huela y optar por tejidos más sostenibles. Pero sobre todo no agobiarnos. Ir buscando firmas que nos gusten, reciclar las cosas, dar larga vida a lo que has comprado y disfrutar del proceso, que sea motivador. Hay que sembrar conciencia y no hay que agobiar a la gente. Hay que contarle a la gente que esto es algo chulo. Tener los ojos bien abiertos y pensar si queremos recomendar  y perpetrar los modelos productivos que consumimos o no.

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Un post de...

Estel Vilaseca Barcelona Editor
"No one belongs here more than you"