Traiciones y bancarrota: la escandalosa historia del imperio Gucci

by Gina Baldé,

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La actriz americana Grace Kelly sale de la tienda Gucci en Via Dei Condotti rodeada por un grupo de curiosos. Su marido Rainier III (Rainier Louis Henri Maxence Bertrand Grimaldi) sale detrás suyo (Roma, 1959). © Highsnobiety.

Si hace unos días os hablábamos de la extraordinaria campaña que Gucci ha lanzado para este próximo Otoño/Invierno 2018, hoy os traemos la historia de la maison italiana, en la que sus capítulos nos conducen a través de momentos de máxima expansión y crecimiento hasta caídas en picado que degeneran en bancarrota y conflictos familiares (asesinato incluido). Nacido en el año 1881 en Florencia, el joven italiano Guccio Gucci (de allí la doble G del logo de la marca) abrió su primera tienda en 1920, basada en el trato artesanal del cuero. Desde un principio, Guccio estaba convencido de que su marca se convertiría en sinónimo de calidad y diseño. Y así fue. La excelencia de las prendas, junto con la impecabilidad de los acabados, llevó la empresa –aún pequeña por aquel entonces– al impresionante éxito del que disfruta a día de hoy. Las señas de identidad de la casa eran por aquel entonces los bolsos, los cinturones tricolor y los ya míticos mocasines.

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A la derecha de la imagen Roberto Gucci, uno de los hijos de Guccio Gucci, revisa la producción de algunos de los modelos más emblemáticos de la firma. © Getty Images.

Con el apoyo de sus tres hijos, –Aldo, Vasco y Rodolfo, la casa se expandió y abrió nuevas sucursales en Milán y en Roma. En 1945, una vez acabada la Segunda Guerra Mundial, el florentino aprovechó el favorable momento económico y decidió expandir su marca a nivel internacional, abriendo sucursal en Nueva York donde la famiglia amplió su oferta sumando colecciones de prendas a sus líneas de complementos y accesorios. A partir de ese momento, la jet set de Hollywood empezó a obsesionarse con cualquier producto que llevara la G característica de la marca. Parecían tiempos dorados para la empresa, pero el año 1953 tras la muerte de Guccio, y con algunas disputas familiares de por medio, la expansión de la marca se precipitó al fracaso, desencadenando en bancarrota. No cabe duda de que fueron tiempos difíciles, y es que no fue hasta treinta años después que el imperio empezó a renacer del que un día había sido la época dorada de Gucci. Fue el año 1989 con Dawn Mello, –directora de los grandes almacenes neoyorquinos Bergdorf Goodman– quien tendría un papel decisivo en la recuperación de la marca. Uno de sus primeros movimientos fue el fichaje del joven y dinámico Tom Ford como diseñador principal, que catapultaría la marca al éxito durante los siguientes diez años.

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Imagen del periódico Daily Express (28 de marzo, 1995). © Boat International.

Maurizio Gucci –hijo de Rodolfo Gucci y nieto de Guccio Gucci– vendió la marca a la empresa árabe Investsorp en 1993, poco tiempo antes de morir asesinado por un sicario contratado por su misma esposa (como lo oís). Se ve que a Patrizia Reggiani no le sentó muy bien el affaire que su ex marido había empezado con Paola Franchi y estaba dispuesta a todo antes que perder sus privilegios. ¿Un poco escalofriante, no? Dejando delitos de sangre a parte y con las acciones de la empresa en manos de Investsorp, Domenico de Sole pasó a ser el CEO principal de la firma italiana, ayudando a reestructurar el esqueleto de la empresa. Con los cambios de gestión de la maison y la nueva década de los 90 por delante, el diseñador tejano Tom Ford inició lo que se consideró como toda una revolución en la moda. No lo hizo solo, sino con la ayuda de Mario Testino detrás de la cámara y Carine Roitfeld al frente del estilismo. En la colección Otoño/Invierno de 1995 Ford sentó las bases para lo que sería su paso por Gucci en los años que estaban por venir: prendas con un alto componente sexual y con una estética minimalista y desgarradora.

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Momento en que la ambulancia recoge el cuerpo de Maurizio Gucci, año 1995. © Highsnobiety.

El mandato de Ford en Gucci culminó el año 2004 después de haber estado casi 10 años con la firma italiana. En ese momento Frida Gianni –diseñadora de accesorios por aquel entonces en la casa Fendi– fue quien tomó las riendas de la maison, con la intención de rebajar el tono sexual y agresivo que hasta entonces había estado presente en las colecciones del diseñador. Una de las características de esta etapa fue la sustitución del negro por colores llamativos y prendas estampadas. La línea de diseño de Gianni representó una celebración a un estilo boho, rock y vintage e incluso algunas de las campañas producidas se enmarcaron en un imaginario de épocas pasadas. A finales del 2014 se anunció que Frida dejaba la casa, presentando su última colección Otoño/Invierno 2015 en Milán. Alessandro Michele, que ya llevaba desde 2002 trabajando con la renombrada firma, se convirtió entonces en el nuevo director creativo de la marca. Con su estética retro y nostálgica, Michele ha conseguido un reconocimiento inesperado, convirtiéndose en un referente importante para la industria y en una de las piezas clave de la casa Gucci, con una historia que no deja de inspirarnos y sorprendernos. Y esperamos que el legado que Guccio Gucci que empezó ya hace casi 100 años viva, en toda su gloria actual, por mucho tiempo más.

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Tom Ford en su paso por Gucci, años 90. © Gucci.