Stella McCartney insta a la industria a cambiar sus formas derrochadoras

by Raquel Bueno,

Stella McCartney RTW Spring 2018
La colección S/S 2018 ready-to-wear de la británica Stella McCartney. © Women’s Wear Daily.

Se puede hacer. Solo tenemos que querer hacerlo“. Así hacía público el pasado 28 de noviembre Ellen MacArthur, junto al discurso de Stella McCartney, el desafío de la diseñadora británica a la industria de la moda para cambiar sus formas derrochadoras. Lo que empezó en 2001 con una resolución tranquila pero firme de dejar de usar cuero en sus prendas, escaló de forma definitiva la semana pasada en un ultimátum a la moda: “Hacemos un llamamiento a la industria entera, marcas y consumidores, para unirnos y cambiar fundamentalmente el sistema“.

Una ambición tan necesaria como escasa en la industria de la moda, que apareció como conclusión al discurso de la diseñadora en el Victoria and Albert Museum de Londres con el motivo de la presentación de un nuevo plan para una economía de textiles circulares –esto es, con capacidad de regeneración propia– sin generación de residuos. Y un nuevo logro, también, para la carrera de McCartney como líder empresarial de las campañas ecológicas.

No podemos esperar más. Ahora, según afirmaba la diseñadora, es el momento de que la industria de la moda –que es el segundo mayor contaminador de nuestro planeta– tome medidas contra la aceleración climática y las costumbres consumistas irresponsables que están acabando con la Tierra: “Estamos en un momento  de cambio. Este es el momento de capturar la imaginación de las personas, aportar soluciones y verlo como un positivo. Creo que ahora la gente está dispuesta a escuchar“.

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La colección S/S 2018 ready-to-wear de la británica Stella McCartney. © Harper’s Bazaar.

McCartney habló sin tapujos, y subrayó uno de los datos más estremecedores en este sentido: en nuestros días, consumimos y nos deshacemos de la ropa a una velocidad nunca antes vista en la historia de la humanidad. En los pasados 15 años, hemos doblado la cantidad de ropa que producimos“, afirmaba la diseñadora, “y ahora las prendas se llevan una media de tres veces antes de ser desechadas“.

Los datos, fuente de los informes realizados por la Ellen MacArthur Foundation –la organización británica sin ánimo de lucro que trabaja con negocios, gobiernos y academias de todo el mundo para construir un nuevo marco económico que inspire a las nuevas generaciones a repensar, rediseñar y construir un futuro más positivo a través de la economía circular– son así de graves. Un camión lleno de textiles se deposita en el vertedero a cada segundo. Las microfibras de plástico acumuladas no biodegradables están destrozando nuestros océanos. Y un largo, y alarmante, etcétera. Por eso es necesario actuar rápido y actuar ya. 

McCartney es la primera diseñadora de la industria del lujo que se suma a esta causa, aunque se necesitan muchos más. Un plan que presentaron la diseñadora británica y MacArthur, la fundadora de la entidad, y que se resume en cuatro simples puntos: la eliminación gradual de las sustancias que contaminan el medio ambiente, el aumento en la utilización de las prendas de vestir, la mejora radical del reciclaje y el uso de recursos renovables con menos procesos perjudiciales para el ecosistema.

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La colección S/S 2018 ready-to-wear de la británica Stella McCartney. © Harper’s Bazaar.

Cuatro puntos de acción que requieren, a su vez, de un alto grado de financiación y del compromiso de los respectivos gobiernos. Pero las prácticas de los consumidores dejan también mucho que desear. Es necesario dejar de limpiar de forma compulsiva nuestras prendas –la industria, según McCartney, nos ha mentido sobre ello–; alimentar el mercado del intercambio y la segunda mano, para darles a nuestras prendas una segunda oportunidad antes de acabar en el inevitable –según parece– vertedero; e imperativo que empecemos a comprar en compañías basadas en prácticas sostenibles y éticas, exigiendo a las grandes marcas transparencia e importantes cambios legislativos sin los que nada de lo anterior será posible.

McCartney, con todo, es la prueba viviente de que se pueden adoptar prácticas conscientes y no dañinas para el medio ambiente y ganar dinero con ello, a condición de que el diseño alimente también ese deseo. Y su marca, de hecho, es la primera y única marca de lujo vegetariana, con unos estándares éticos, además, muy altos. Esperemos que esa motivación sea, entre otras, la que impulse el tan imperioso cambio en la industria de la moda. Y es que si no nos comprometemos nosotros ahora, ¿quién lo hará a tiempo?