Rusia está hecha a mano

by Raquel Bueno,

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La Fábrica de Bordados de Oro de Torzhok. © Raquel Bueno.

Con la curiosidad a flor de piel nos embarcamos junto a la Mercedes-Benz Fashion Week Russia en una expedición por el país más grande del mundo, con el objetivo de conocer la artesanía que lo caracteriza y que merece, sin duda, un poco más de atención internacional. “Los diseñadores se han convertido en una especie diferente de filósofos”, declara Andrey Gilodo, arqueólogo y guía durante nuestra visita al All-Russian Decorative Art Museum de Moscú, a propósito de la urgencia de devolver a los artesanos la importancia que meritan. Explica que el exceso de fábricas en la sociedad moderna –y la inminente hecatombe de la tecnología de la mano de invenciones como la impresora 3D– evidencia el necesario retorno a la artesanía. La urgencia de preservar el arte ruso, cuyas raíces se remontan a la tradición pagana y se inspiran, en gran medida, en la despampanante naturaleza del país.

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La Fábrica de Bordados de Oro de Torzhok. © Raquel Bueno.

 

La Fábrica de Bordados de Oro de Torzhok

 

Fue en ese mismo museo, precisamente, donde en 1882 se alojaría una colección de bordados de oro y encaje creada por mujeres artesanas de la ciudad de Torzhok, a unos 240 kilómetros de la capital, que se ganaría rápidamente el favor del público. Una clara señal de que la región debía todavía entender e internalizar la necesidad de preservar una de las labores artesanas más prestigiosas de su país, así como establecer talleres y escuelas que la desarrollaran. Con la misión de preservar esta técnica practicada des del siglo XII, al borde de la extinción en múltiples ocasiones, en 1911 la Fábrica de Bordados de Oro de Torzhok abrió bajo su techo el museo que la celebraba.

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La Fábrica de Bordados de Oro de Torzhok. © Raquel Bueno.

A día de hoy Torzhok constituye el único centro cultural que ensalza y conserva este tipo de obras maestras, cuyos hilos contienen de un 5 a un 8% del precioso metal.

Dice la leyenda que esta modalidad de artesanía rusa es familia de la tradición mongola y tártara. Sin embargo, a día de hoy Torzhok constituye el único centro cultural que ensalza y conserva este tipo de obras maestras, cuyos hilos contienen de un 5 a un 8% del precioso metal. Para Gorenkova Ekaterina, Directora Artística de la compañía Torzhokskie Zolotoshveyi (las Bordadoras de Oro de Torzhok), la artesanía es su vida entera. Empezaría a estudiar bordado de oro en la universidad en 1998, e ingresaría en la compañía apenas salir de ella. Su objetivo ahora es seguir desarrollando esta técnica centenaria, y en esa tarea la tecnología constituye una ayuda, no el enemigo: “El bordado de oro requiere técnica, una técnica especial. Usamos instrumentos especiales, joyas especiales… Va más allá de una simple aguja”.

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La Fábrica Imperial de Porcelana de San Petersburgo. © Raquel Bueno.

 

La Fábrica Imperial de Porcelana de San Petersburgo

 

Una técnica imprescindible, a su vez, para elaborar las delicadas obras de artesanía que realiza a mano la Fábrica Imperial de Porcelana, en la extraordinaria ciudad de San Petersburgo, desde hace ya 274 años. Un arte cuya historia, en esencia, ha evolucionado paralelamente a la del país del que procede. Desde su establecimiento en 1744 por encargo de la emperatriz Elizabeth, esta manufactura realizaría las primeras labores con porcelana en Rusia y seria la tercera en hacerlo en toda Europa. A día de hoy ya es una de las más prestigiosas del país por su nivel de calidad y sus piezas han invadido colecciones de museos por todo el mundo: desde el Hermitage de la ciudad que la hospeda hasta el Victoria and Albert Museum de Londres.

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La Fábrica Imperial de Porcelana de San Petersburgo. © Raquel Bueno.

La artesanía habla de nuestra historia, la historia de nuestra gente, la historia de nuestro país.

Para Elena Korenkova, Directora de la fábrica, lo que hace tan especial a este tipo de técnicas es su unicidad, ya que se remontan a centenares de años y mantienen en vida la misma receta de antaño para la creación de la porcelana. Que la tradición no se reinventa, simplemente se protege porque ésta ya es perfecta. Al mismo tiempo, no obstante, se sirven de estas técnicas ancestrales para la experimentación de nuevos formatos, y la tecnología en este sentido constituye también una gran aliada. La artesanía, con todo, sigue siendo lo más importante: “Habla de nuestra historia, la historia de nuestra gente, la historia de nuestro país”.

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La Fábrica Imperial de Porcelana de San Petersburgo. © Raquel Bueno.

 

La Sociedad Anónima de la Fábrica de Porcelana de Gzhel

 

La historia de la Sociedad Anónima de la Fábrica de Porcelana de Gzhel, a su vez, es otra que merece ser contada. Se remonta al año 1818, momento en que un campesino llamado Yakov V. Kuznetsov fundó la manufactura en el pueblo de Novo-Kharitonovo, convirtiendo la porcelana rusa en una mercancía icónica y un producto codiciado a lo largo y ancho de todo el mundo. Las características de la porcelana de Gzhel son concretas: se distingue por una capa manual de pintura en azul cobalto y un esmaltado superior e inferior. Además, y al igual que la Fábrica Imperial de Porcelana de San Petersburgo, lanza constantemente colecciones cápsula elaboradas en colaboración con diseñadores y decoradores famosos de su país. Una versión más sobria, por decirlo de alguna forma, de la estrategia seguida por Gucci para acercarse al público millennial.

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La Fábrica Imperial de Porcelana de San Petersburgo. © Raquel Bueno.

La pintura es realizada únicamente a mano por artesanos que transmiten los secretos de su técnica artesanal de generación en generación.

El proceso de fabricación de la porcelana experimenta mejoras permanentes, mientras que la pintura es realizada –al igual que hace 200 años– únicamente a mano por artesanos de Gzhel que transmiten los secretos de su técnica artesanal de generación en generación. En julio de 2018 la Asociación Nacional de Artes y Oficios de Rusia, entre cuyos miembros se cuenta la Fábrica de Porcelana de Gzhel, abrió su primera boutique de arte bajo la marca Russkaya Palitra; una tienda única, de nada más y nada menos que 180 metros cuadrados, situada en la calle 9 Tverskaya de Moscú. Y una exposición pública sin precedentes, teniendo en cuenta los más de 12 millones de habitantes con los que cuenta la interminable capital.

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La Sociedad Anónima de Pintura Khokhloma de Semyonov. © Raquel Bueno.

 

La Sociedad Anónima de Pintura Khokhloma de Semyonov

 

Pero la artesanía en Rusia es extensa y abraca infinidad de disciplinas. Se dice, sin ir más lejos, que la pintura khokhloma nació hace más de 300 años en Semyonov, un distrito teñido de verde de la región de Nizhni Nóvgorod. Y aunque su nombre proviene de un mercado local donde se vendían piezas de madera, y este arte se iniciara fabricando vajilla de dicho material en monasterios para ser destinada posteriormente a la realeza, no dejéis que os confunda: es la técnica artesanal que se esconde tras las ya mundialmente famosas muñecas matryoshkas. Un souvenir alabado alrededor del mundo que es, en realidad, muchísimo más que eso: más allá de representar el símbolo de la maternidad se ha convertido en el distintivo máximo de Rusia. Y que, además, es expuesto junto a otras piezas realizadas a través de las mismas técnicas –que componen un rango de más de 2000 productos– en más de veinte exposiciones nacionales e internacionales anuales.

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La Sociedad Anónima de Pintura Khokhloma de Semyonov. © Raquel Bueno.

La matryoshka es un souvenir alabado alrededor del mundo que, más allá de representar el símbolo de la maternidad, se ha convertido en el distintivo máximo de Rusia.

Svetlana Anisova, líder del Departamento de Comercio Exterior de la Fábrica de Pintura Khokhloma de Semyonov, cuenta que este tesoro nacional es una técnica artesanal muy antigua pero que su interés principal reside en que perdure largo tiempo en el futuro. De allí que la visión de los jóvenes les resulte especialmente interesante: no sólo quieren acercarse a ellos, sino entender qué productos buscan para empezar a elaborarlos. “En ninguna parte del mundo se producen piezas como éstas, sólo en Rusia y sólo en nuestra fábrica”, defiende al preguntarle qué hace tan especial este tipo de artesanía. Y desde luego lo es: emplea ya a más de 600 empleados, de entre los cuales se encuentran 340 maestros artesanos y 25 trabajadores que presumen de contar con el estatus de Artista Honorable de Rusia, el Máster Honorable de Artes y Oficios Nacionales.

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La Sociedad Anónima de Pintura Khokhloma de Semyonov. © Raquel Bueno.

 

La Fábrica de Chales de Oremburgo

 

La Fábrica de Chales de Oremburgo es, por último, otro de los ejemplos que demuestran el ingente potencial de este país lleno de sorpresas en cuanto a materia de moda y artesanía se refiere. Fue fundada en 2009, y se ocupa principalmente de la fabricación de chales confeccionados con plumón de cabras criadas especialmente para su confección. Otro arte centenario que ha sido llevado a cabo por familias enteras y transferido de generación en generación durante años.

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La Sociedad Anónima de Pintura Khokhloma de Semyonov. © Raquel Bueno.

El tejido de punto fue injustamente olvidado tras la crisis que sufrió el país en los noventa, que acabó además con el cierre de muchas de las fábricas que lo perpetuaban.

Uno de los objetivos primarios de la organización es la preservación y el desarrollo del tejido de punto: el patrimonio cultural e histórico de la ciudad de Oremburgo, a apenas 90 kilómetros de Kazajstán. Un arte que fue injustamente olvidado tras la crisis que sufrió el país en los noventa, que acabó además con el cierre de muchas de las fábricas que lo perpetuaban. Y una muestra más de la riqueza de la herencia de su país, que se enorgullece de la calidad de su artesanía y sigue luchando a día de hoy por darla a conocer al mundo. Si de algo nos hemos dado cuenta al poner un pie en Rusia es que, prejuicios a parte (que todavía son muchos), ha llegado la hora de que el mundo empiece a escuchar.