Renovarse o morir

by Isabel Serra,

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Primero fue Fotolog, luego los blogs. Después conquistaron las calles y el objetivo de los fotógrafos de street style. Luego Instagram cambió todas las reglas y tomaron los front rows, el backstage, los showrooms, las presentaciones y las fiestas privadas de las grandes firmas. Al final, cayeron también los ateliers. Y ahora, toman la pasarela.

Ya no queda en la moda terreno sin conquistar por los influencers. Con Dolce&Gabbana, un cásting de unas cincuenta estrellas de la red se vestía de modelo por un día protagonizando el último desfile de la firma italiana. Todos millenials. España tuvo a Pelayo Díaz –y a sus 928 mil seguidores de Instagram- y a Sergio Carvajal -y sus otros tantos 634 mil followers – como representantes. La marca conseguía así lavarse la cara con espíritu joven y poner su nombre en las portadas (o en las pantallas) de medio mundo. Y digo su nombre, no su colección, pues parece que el sábado lo último que importó fue la ropa.

Las pasarelas de moda ya no son lo que eran pese a quien le pese. En 2013, Suzy Menkes se quejaba en The New York Times del “circo” que se montaba fuera de los desfiles, donde cientos de personas lucían sus “mejores” galas para conseguir colarse en algún book de street style, sin ni siquiera interesarse por el desfile. Se quejaba de que la atención ahora estaba fuera y no dentro. Ella encuñó esta manera de verstirse como “look-at-me”. Véase Anna dello Russo de Alexander Mcqueen o Chiara Ferragni de Moschino.

Chiara Ferragni y Anna dello Russo
Chiara Ferragni y Anna dello Russo

Este pasado septiembre las editoras de Vogue USA también se quejaban, casi de forma apocalíptica, del huracán influencer: “Estáis anunciando el final de la moda”, escribieron en Vogue. La polémica, lejos de acopar a las bloggers, les dio aún más viralidad, pues puso de relieve la hipocresía del mundo editorial, que recibe igual de gratuitamente los diseños de las grandes firmas. Fueron muchos quienes salieron en defensa del sector blogger. No nos sorprende si tenemos en cuenta que son millones sus fieles.

La forma de entender la moda ha cambiado. El periodismo de moda lo ha hecho también. Ahora las crónicas vienen en formato post en Instagram y se hacen en paralelo al desfile, al momento. Son -somos- pocos quiénes esperan a la crónica del día siguiente. Ahora puede que no sea Anna Wintour quien dicte sentencia.

En fin, que renovarse o morir. Y Dolce&Gabbana ha preferido renovarse.

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