Raf Simons: “No creo que sea un diseñador de moda, solía sentarme muy mal cuando la gente me llamaba así”

by itfashion,

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Raf Simons fotografiado por Clement Pascal para The New York Times. © The New York Times.

Por amor al arte es una expresión que mentes creativas como Raf Simons materializan, día tras día, en su obra. El actual director creativo de Calvin Klein, convertido en héroe tras reflotar a Jil Sander en 2005 y a Christian Dior en 2012 (después de la sonada polémica de John Galliano), lo ha vuelto a hacer: la firma americana toca el cielo gracias a magníficas colecciones, destacables campañas publicitarias y el diseño de las nuevas tiendas insignia de la marca.

El primer desfile de Simons para Calvin Klein, en febrero de 2017, fue uno de los instantes más esperados de los últimos años y, el resultado, aplaudido con vehemencia por la industria. Le llevaría a hacerse con su tercer premio de la CFDA (el Consejo de Diseñadores de Moda de América) como mejor diseñador del año en las categorías masculina y femenina; y este año ha vuelto a repetir como mejor diseñador de moda femenina del año según la prestigiosa institución neoyorquina.

La libertad que el belga ha encontrado en Calvin Klein ha facilitado el diseño de unas colecciones que abrazan el arte en cada detalle y que han encumbrado a Andy Warhol como máxima inspiración creativa para la mítica firma. Simons, sin ir más lejos, convenció a Steve Shiffman –director ejecutivo de Calvin Klein– para cerrar un acuerdo con la Andy Warhol Foundation for the Visual Arts que permitiría un acceso sin precedentes al archivo de Warhol durante tres años y nos traería (no está de más decirlo) un sinfín de alegrías.

El enfoque de Andy Warhol, su visión, su obsesión con las superestrellas y las personas famosas, su sentido del producto comercial, era muy democrático. Calvin es muy democrático.

Pero aquí no acaba la historia. Los últimos días de septiembre vieron nacer la exposición Contact World –con casi 130.000 fotografías inéditas de Warhol– en el Cantor Arts Center de una de las mejores universidades de Estados Unidos y el mundo: Stanford. La llegada de octubre, a su vez, supuso la apertura de Andy Warhol — From A to B and Back Again en el Whitney Museum de Nueva York, la mayor retrospectiva de la obra del artista desde 1989. Para cerrar el círculo, el día 26 del mismo mes abría las puertas una muestra de 48 pinturas de su célebre serie Shadows en la planta baja de la sede de la firma en la Gran Manzana. El resurgimiento de los valores del pop renacen en la actualidad y Simons, de la mano de Warhol, se ha convertido en el capitán del barco; así lo explicaba la siempre brillante Vanessa Friedman en una entrevista reciente con el creador publicada hace un par de días en el New York Times: Warhol & I.

El diseñador explicaba a la crítica y directora de moda de la prestigiosa cabecera norteamericana que le gustaba la idea de conectar una gran marca estadounidense a un gran artista estadounidense, “cuyo cuerpo de trabajo hablaba de cosas muy relevantes para Calvin Klein”. Y añadía: “Sabía que Calvin tenía vínculos con artistas, pero los nombres que siempre aparecían eran Donald Judd, Dan Flavin –minimalistas, porque él era un minimalista. Andy Warhol destacó en medio del ambiente contemporáneo. En su enfoque, su visión, su obsesión con las superestrellas y las personas famosas, su sentido del producto comercial, era muy democrático. Calvin es muy democrático”.

El arte es mucho más importante que la moda. A veces creo que sería muy atractivo poder brindar ideas fuera y no tener que pensar en ellas en relación con un sistema o estructura o comercio.

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Una de las muchas referencias a Warhol de la colección S/S 2018 de Calvin Klein. © TAGWALK.

A Simons, de hecho, no le importaría en absoluto hacerse con una de las obras de Warhol. Así lo confesaba a Friedman: “(Especialmente) el trabajo del desastre –cualquier accidente de coche o desastre o silla eléctrica. Simplemente creo que son tan… es difícil de explicar. Cuando dices que adoras ese cuerpo de trabajo, parece que eres alguien que adora la violencia y el horror. Con Warhol, me siento más atraído por el trabajo que no trata sobre gente famosa, porque mi mundo ya trata mucho con gente famosa”. La obra de arte, para el diseñador, tiene que ser capaz de representar algo que sea importarte para él: “No me gusta la idea de que tenga que adaptarse a mi entorno. Creo que es por eso que empecé a contemplar el arte, a leer sobre él y a abrazarlo –porque me aleja de mi propio trabajo”.

De hecho, el arte juega un papel tan importante en la vida del belga que éste afirmaba a la reputada periodista: “De las tres o cinco cosas que son más importantes para mí, aparte de la familia y el amor, el arte es el número 1″. Y añadía: ”Es mucho más importante que la moda. A veces creo que sería muy atractivo poder brindar ideas fuera y no tener que pensar en ellas en relación con un sistema o estructura o comercio”.

En cierto sentido no creo que sea un diseñador de moda. Solía sentarme muy mal cuando la gente me llamaba así. Ahora ya no importa mucho.

Simons, que estudió diseño industrial y nunca se formó oficialmente en la moda, expresaba abiertamente a Friedman su vocación más allá de los límites de la industria: “Sigo pensando en cosas que me gustaría hacer que no son moda. Hacer películas, hacer arte –la práctica de hacer algo. En la moda, la práctica real de ser diseñador ha cambiado mucho”. Se trata, de hecho, de un pensamiento recurrente en su cabeza: “En cierto sentido no creo que sea un diseñador de moda. Solía sentarme muy mal cuando la gente me llamaba así. Ahora ya no importa mucho”.

Para el creador, la naturaleza de la moda ha cambiado radicalmente: “En Amberes, tengo más tiempo para estar tranquilo y dibujar. Aquí (en Nueva York) no hay tiempo para apuntar las cosas. Todo esta organizado y en la agenda. (…) En Dior, tenía el mismo sentimiento de estar corriendo contra el reloj, el fuego en mis talones”. Y confiesa: “Solía ser muy frágil con cómo iba a reaccionar la gente a mi trabajo (…) pero estoy cada vez más y más en paz con la idea de que las malas reacciones también pueden ser buenas, porque al menos es un diálogo”. Y a Simons, desde luego, le dejaremos hablar y lo escucharemos con atención. En la moda o dónde sea.

Vía The New York Times.