¿Que Anna Wintour podría abandonar Vogue?

by Raquel Bueno,

En la vida de los medios, como en la vida en general, hay días de todo: días aburridos, días en que las noticias suenan insípidas y parece que vienen cubiertas por un fino halo gris… Y luego están los días en que el surrealismo se impone a lo que parecía ser racional y nos topamos, conmocionados, con una noticia de esas que ni se esperaba, ni podía esperarse. De aquellas que te piden que te sientes y te prepares un té caliente antes de escribir, porque parece que la hazaña se te queda demasiado grande. Días como el pasado 2 de abril, en que la publicación americana Page Six encendía la llama a uno de los rumores más fuertes de los últimos tiempos de la industria de la moda: Anna Wintour podría abandonar Vogue, y la dirección artística de Condé Nast por consiguiente, en el transcurso de este mismo año. “¿Que Anna Wintour podría abandonar Vogue?”, parece que repite una voz inconsciente en nuestras cabezas. Lo que os decía: sentaros y prepararos primero una buena taza de té calentito, y luego ya lo hablamos tranquilamente.

Princess Diana of Wales (L), Washington Post owner
Anna Wintour junto a la princesa Diana de Gales, la propietaria del Washington Post Katheryn Graham, Ralph Lauren y el presidente de la Georgetown University Leo J. O’Donovan, durante una gala benéfica para el Nina Hyde Center for Breast Cancer Research en Washington DC, el 24 de septiembre de 1996. © AFP/Getty Images.

Y es que son pocos los amantes de la moda de mi generación que no hemos crecido viendo El diablo viste de Prada, intrigados y seducidos a partes iguales por ese personaje interpretado por Meryl Streep que guardaba una dirección directa con la realidad: ese otro personaje, un tanto excéntrico, encarnado a la perfección en Anna Wintour, el perpetuo misterio de la mujer detrás de las gafas. Imaginarse el universo de la moda actual sin la que ha sido, desde que se convirtió en editora jefe de Vogue en 1988 y ascendió a directora artística de Condé Nast en 2013, su reina por excelencia parece, de entrada, del todo imposible. Pero los rumores apuntaban a que abandonaría el grupo tras la boda de su hija Bee Schaffer (que se casa, por cierto, con el hijo de la actual editora jefe de Vogue Italia Franca Sozzani), y una vez cerrado su último número de septiembre, este mismo mes de julio. Condé Nast, por descontado, lo negaría rotundamente, aunque se abstendría de hacer más comentarios sobre los planes de Wintour y las malas voces apuntan a que el grupo habría garantizado la exclusiva al New York Times.

Condé Nast hace tiempo que lucha por adaptarse a los extraños tiempos que corren y, bajo la supervisión de Anna Wintour, ya ha visto cerrar las ediciones impresas de Teen Vogue, Self y Details; fracasado también en su intento de competir en la era online con el cierre de Style.com. The Post afirmaba que la compañía estaría perdiendo alrededor de 100 millones de dólares anuales.

Otros medios del país como Refinery29 aprovechaban la ocasión para apuntar que, de hecho, podría tratarse del momento perfecto para que Wintour se planteara ceder su trono. Y que, quizás, la persona que la remplazara podría hacer un trabajo igual de bueno –e incluso mejor– que el de ella. Seguro que algún que otro fanático cerraría los ojos al leerlo, escandalizado, aunque a más de uno nuestra consciencia diabólica nos susurre al oído izquierdo que podrían tener razón. Condé Nast, de hecho, hace tiempo que lucha –como el resto de los medios– por adaptarse a los extraños tiempos que corren. Y, bajo la supervisión de Anna Wintour, ya ha visto cerrar las ediciones impresas de Teen Vogue, Self y Details; fracasado también en su intento de competir en la era online con el cierre de Style.com. The Post afirmaba que la compañía estaría perdiendo alrededor de 100 millones de dólares anuales. Y de repente la noticia deja de parecer tan descabellada.

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Anna Wintour sentada al lado de la reina de Inglaterra Isabel II y Angela Kelly, directora del British Fashion Council, en el último desfile de Richard Quinn. © Getty Images.

Ya hace un tiempo os contábamos cambios importantes en el juego de sillas de poder de Condé Nast: Graydon Carter ­–el que presidió Vanity Fair durante veinticinco años– fue substituido recientemente por Radhika Jones; Cindi Leive –que supervisó Glamour durante otros dieciséis años– cedería su puesto a la gurú digital Samantha Barry; y Linda Wells –la que lideró Allure durante catorce años– sería remplazada por Michelle Lee. Wintour, además, podría haber puesto el ojo en una importante posición de vuelta a Inglaterra: ni más ni menos que como líder del British Fashion Council. Y aunque por ahora todo quede en rumores, resulta que el mundo de la moda podría tener que afrontar próximamente uno de los giros más inesperados –y si me permitís, también excitantes– de su historia reciente. Mientras, parece que seguiremos oyendo esa voz inconsciente en nuestras cabezas que, aún alterada, repite: “¿Que Anna Wintour podría abandonar Vogue?”. Habrá que ir preparando unas cuantas tazas de té más mientras esperamos al bombazo del New York Times, o a que llegue un julio que se espera movidito.