¿Por qué las exposiciones de moda evitan la controversia?

by Teresa Avendaño,

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Exposición Items: Is Fashion Modern? © Mark Wickens para The New York Times.

El arte siempre ha sido, entre otras muchas cosas, una bella forma de protesta, una forma de expresión para los artistas que reivindicaban cambios en la sociedad. A principios del siglo XX, el movimiento vanguardista apostó por la ruptura radical con las costumbres burguesas pasadas y la creación de una sociedad más justa y moderna. Las propuestas estéticas de las vanguardias tenían en muchos casos una fuerte carga política y estaban comprometidas con ideologías transformadoras o revolucionarias. Herederos de esa tradición son en nuestros días movimientos como el Eco-Art o el Nature Art –que siglos atrás habrían sido impensables–, inspirados en la defensa de la naturaleza a través del arte disciplinar. La moda ha estado muchas veces y a su manera estrechamente relacionada con el arte: exposiciones en museos, diseños inspirados en cuadros célebres, performances con vocación de competir con instalaciones artísticas en sentido estricto, libros sobre historia de la moda… Sin embargo, a pesar de formar parte de esas mismas corrientes estéticas, la carga política en el mundo de la moda suele ser más bien modesta.

La moda ha estado muchas veces y a su manera estrechamente relacionada con el arte. Sin embargo, a pesar de formar parte de esas mismas corrientes estéticas, la carga política en el mundo de la moda suele ser más bien modesta.

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Exposición Items: Is Fashion Modern? © Mark Wickens para The New York Times.

Hace unos meses se exhibía en el MoMA la exposición Item: Is Fashion Modern?, una exhibición que exploraba el pasado y presente de la moda y su impacto durante los siglos XX y XXI; que pretendía dar a conocer prendas que habían cambiado el mundo. Se quiso dar una visión política y social de los 111 artículos elegidos, se mostraron sus historias, pero se olvidaron mencionar importantes detalles. La exhibición –tal y como cuenta Haley Mlotek para la revista Garage– enseñaba prendas como kipás o saris, acompañadas de una buena historia pasada. Sin embargo, hubo productos, como las conocidas Dr. Martens, que tan sólo fueron calificadas como botas utilizadas por grupos de la clase trabajadora y, más tarde, adoptadas por los skinheads. Es decir, se obvió contar todo el entramado de odio intolerante y racismo que esconde esta prenda, sin ir más lejos. Independientemente de que se hayan convertido actualmente en un accesorio más, uno de sus usos fue injustificable y debería haber aparecido en la exposición. Usar hoy unas Dr. Martens no es compartir lo que significaron en el pasado ni confraternizar con sus brutales usuarios de entonces, por descontado, pero si la moda es una forma de expresión… ¿Por qué no utilizarla también como herramienta crítica e incluso autocrítica? ¿Por qué no subrayar con ella los problemas sociales de hoy en día o los que hubo en el pasado?

Si la moda es una forma de expresión… ¿Por qué no utilizarla también como herramienta crítica e incluso autocrítica? ¿Por qué no subrayar con ella los problemas sociales de hoy en día o los que hubo en el pasado?

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El desahucio (2017), inspirado en Regreso del hijo pródigo (1668). © Laura León y José Antonio de Lamadrid.

Sin ir más lejos, la MET Gala de este año –como ya se ha hablado hasta la saciedad– tuvo como dress code el catolicismo. ¿Pero de verdad hicieron una fiesta por todo lo alto sobre el catolicismo y a nadie le pareció indignante? Una exposición en movimiento que tenía como protagonista a la Iglesia Católica, ese organismo que creó la Inquisición, llevó a cabo cazas de brujas, quiso evangelizar a los pueblos indígenas del Nuevo Mundo, oprime a las mujeres y las castiga por tomar decisiones sobre su propio cuerpo, hizo caso omiso a grandes atrocidades como el holocausto nazi o participó en dictaduras como –en su día– la española. Quizás podamos conformarnos con que la moda tan solo se ciña a la estética y no conlleve implicaciones políticas ni sociales. Podríamos decir que solo es una actividad visual, a la que no le interesa ir más allá. A diferencia de, por ejemplo, el arte pictórico que recrea historias y acontecimientos de gran importancia. Pero, entonces, ¿por qué nos importa tanto si no estamos comunicando nada con ella?

Quizás podamos conformarnos con que la moda tan solo se ciña a la estética y no conlleve implicaciones políticas ni sociales. Pero, entonces, ¿por qué nos importa tanto si no estamos comunicando nada con ella?

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La muerte de la belleza física (2017), inspirado en el cuadro La muerte de Santa Clara (1646). © Laura León y José Antonio de Lamadrid.

Si todos necesitamos la moda y vivimos rodeados de ella, ¿por qué no la utilizamos como arma para contar la verdad o al menos para no ocultarla?

Pero no todo es tan negro como parece. Durante el pasado mes de abril, por ejemplo, se inauguró una exposición en Sevilla bajo el título Murillo Fotógrafo, donde se mezclan cuadros del pintor, fotografía, moda y crítica social y política. Se trata de una serie de fotografías de Laura León y José Antonio de Lamadrid que recrean conocidas obras de Murillo, con un potente equipo de vestuario y maquillaje detrás y un significativo fin: convertir las escenas que retrataba Murillo en denuncias actuales. Y, sobre todo, sabemos que son actuales por las prendas que aparecen en las imágenes. La moda cobra una gran importancia en esta exhibición, y en ningún momento se dejan de lado los problemas como la violencia de género, la exclusión del colectivo transexual, el paro o los desahucios. Y si bien es cierto que la muestra no es plenamente una exposición de moda, podría resultar inspiradora para más de un creador del sector interesado en no perder de vista la problemática realidad que nos rodea. ¿Acaso sería tan difícil conseguir que esta industria decida posicionarse? ¿Realmente son válidos movimientos como #MeToo si después nos contradecimos en nuestros actos? La moda sigue ganando importancia y cada vez tiene mayor poder de influencia, llegando a todas las sociedades del mundo y creando fuertes tendencias que no pasan desapercibidas. Si todos necesitamos la moda y vivimos rodeados de ella, ¿por qué no la utilizamos como arma para contar la verdad o al menos para no ocultarla?

Vía GARAGE.