La corporalidad de la moda

by Andrev Barquero,

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Los coquetos del arte con la desnudez funden sus orígenes en la historia de nuestra especie. Previo a la invención de términos o conceptos como “pornografía”, el goce visual de lo que es considerado como atractivo ha estado supeditado a la experiencia de lo erótico.

La sociedad en su afán de catalogar las expresiones visuales delimitó los territorios de lo artístico, lo sensual y lo pornográfico; considerar las fronteras entre una categoría y otra puede ser asunto de no acabar, sobre todo porque las diferencias entre ellas suelen ser mínimas. La moda, por otro lado, como manifestación ligada al arte, se sirve de estas transgresiones para volatilizar sus propuestas y mercadear sus productos.

En torno a este tema, recientemente surgieron a la luz las nuevas fotografías de la campaña propuesta por Vivienne Westwood, en donde viste al actor de porno gay Colby Keller con prendas andróginas y direcciona los ojos de la multitud hacia su marca. Vuelven a colación entonces, algunos de los más recientes encuentros de la moda con lo sexual, Rick Owens hizo desfilar en su colección invierno 2015 a sus modelos con prendas que dejaban ver los genitales,  J.W. Anderson innovó este año trasmitiendo vía streaming su última colección en la aplicación gay Grindr y Nicola Formichetti, el director creativo de Diesel, anunciaba semanas atrás la decisión de la empresa de pautar en las plataformas Tinder, Grindr, YourPorn y Pornhub.

Rick-Owens-Fall-2015

Lo cierto es que la relación de la moda con la pornografía suele ser más profunda y larga de lo que aparenta; la fotografía, hermana de ambos fenómenos, se ha encargado de allanar el terreno entre ambas y permitir el establecimiento de un diálogo, que en algunas ocasiones no es precisamente coherente. Por ahí de los años cuarenta, Horst Paul Albert Bohrmann ya se atrevía a mezclar estos conceptos y posteriormente Helmut Newton, Guy Bourdin, David LaChapelle, Mario Testino y Terry Richardson volvieron sobre los mismos temas. El  abordaje del poder, la exhibición del cuerpo, la violencia y la sexualidad como espectáculo siempre estuvieron presentes en este maridaje.

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La moda y el cuerpo nacieron unidos y los beneficios comerciales de esta interacción ya se han puesto a prueba. Cuando en los noventa Tom Ford elevó la sexualidad de Gucci y posteriormente la de su propia marca, subieron con ello las ventas; consiguiendo incluso algunas de las fotografías más memorables del medio. Pirelli, por otro lado, también ha sabido colocar sus famosos calendarios y de esta forma aumentar su prestigio. La moda ha abierto una nueva ventana, lo sexual y lo explícito son ahora un nicho fértil, superficialmente explorado e incluso subestimado.

Lo que resulta más interesante de los recientes sucesos no es la relación de la moda con el porno en sí, sino la nueva aceptación del cuerpo y sus necesidades. La sexualidad y el género son instrumentos de los que se apropia la moda para controlar al cuerpo y a la mente; las prendas, definen quiénes somos y con estas elecciones nos direccionamos a atraer o repeler a otros seres humanos. Alessandro Michele en su primera colección para Gucci exponía como muchos otros antes el paradigma de la ambigüedad sexual y los artículos unisex; esto abre paso también a la evolución del concepto de moda, en donde es posible augurar una fusión de las formas tradicionalmente asignadas a hombres y mujeres. Más allá del sensacionalismo o el mercadeo de la producción, lo cierto es que la moda como fenómeno se orienta cada vez más a una conciencia profunda de la corporalidad, a la aceptación de las formas y las siluetas naturales; a vestir al cuerpo y no al género.

Tom-Ford-Perfume-Foto-por-Oliviero-Toscani

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