La apuesta de KLING por el made in Spain

by Isabel Serra,

“Vístete para ti mismo y vístete para divertirte”

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Más que probablemente, KLING no necesita presentación, pero por si hay alguna o algún despistado, KLING es una marca española nacida hace unos diez años en Malasaña, cuna de cualquier tendencia que se precie y emblema de la Movida y de la cultura underground. Tiene cuatro tiendas en Madrid, dos en Barcelona, una en A Coruña y una en Granada, cuenta con una decena de corners en diferentes Corte Inglés del mapa español y afianzar su presencia internacional con Estados Unidos está en su punto de mira. La marca presume de haber definido su propio universo, evolucionando(lo) a la par que sus clientas, sus “fans”, renovándose cada temporada pero manteniéndose fieles a su estilo. Fidelidad a una imagen de marca, una filosofía que dan a conocer con su propio manifiesto:

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Cada año presentan cuatro colecciones de ropa femenina, aunque recientemente se atrevieron con el público masculino con una revisión de la colección “Boyfriend” con tallaje para hombre. En cada una de ellas se siguen tres líneas diferentes con su propio universo de lookbooks y campañas. Su prenda predilecta siempre fue el vestido en todas sus posibilidades –del babydoll al skater dress, pasando por vestidos de noche.

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Pero para esta temporada otoño/invierno arrancan con una novedad: una colección made in Spain, otro ejemplo de cómo las firmas están apostando cada vez más por la producción local a la par que las críticas y voces contra la deslocalización de la industria se van alzando. Hasta ahora, la producción se realizaba en Asia y el diseño, en Madrid, pero “poco a poco queremos ir acercando la producción a nuestro centro de diseño. Ahora mismo hacemos una colección de vestidos de fiesta, que es uno de nuestros fuertes a nivel de ventas, y una de camisas, todo producido en España”, aseguran desde la firma, que sí ha conseguido un made in Spain completo en su línea de sneakers, fabricada íntegramente en el Levante peninsular.

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Al preguntarles por las motivaciones que les han llevado a plantearse el cambio de producción afirman que se trata de un tema de proximidad, más que de calidad: “El made in Spain debería ser algo más que aportamos como marca a la sostenibilidad, produciendo lo más cerca posible de nuestras tiendas. Quizás ahora nos cueste más hacerlo, pero en un futuro más o menos cercano la producción textil en España debería ser algoestándar, de la misma manera que la gente tendría que dejar de comprar fresas en enero”.

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Las producción nacional es difícil en una industria ahogada por la competencia y inmersa en el fast fashion donde prevalece el más por encima del mejor. A pesar de haberse fijado la meta a largo plazo de aumentar el volumen de prendas fabricadas en España, desde KLING se muestran pesimistas con el impacto que esto pueda tener: “No creemos que, a día de hoy, a la mayoría de las clientas les interese un producto sólo por el hecho de estar producido en España”.

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