Identidad y funcionalidad: Michael Kors y Fjällraven Kanken

by Rocío G. Rus,

Identidad y funcionalidad: Michael Kors y Fjällraven Kanken | itfashion.com

Montarse en el metro de Estocolmo puede resultar una experiencia muy interesante, y no sólo porque el metro de Estocolmo constituye una impresionante galería de arte reconocida mundialmente. En el Tunnelbana, igual que en cualquier otra red de metro, resulta muy gratificante observar el comportamiento de los pasajeros. Observar a los ciudadanos de Estocolmo puede despertar sentimientos muy contradictorios, y quizá por este motivo el camino a casa puede acabar pareciendo mucho más corto de lo que es en realidad. Las escenas mundanas pero impactantes que uno puede llegar a percibir son un gran entretenimiento.

Un día me di cuenta de que una chica llevaba puestos unos pantalones de chandal combinados con un bolso Michael Kors. A pocos metros, otra chica lucía una elegante gabardina negra y una mochila Fjällraven Kanken. Ambas combinaciones me parecieron bastante curiosas, pero lo que más me impactó fue darme cuenta de estas combinaciones hace tan relativamente poco, después de meses y meses cogiendo el metro a diario. En realidad, no había nada sorprendente en esas dos combinaciones ya que constituyen el uniforme de la masa femenina de la ciudad. Dichos looks son el emblema de la multitud de siluetas que uno puede observar en cualquier parte.

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Decantarse por uno de estos dos looks es una decisión que cada cual puede tomar, sin embargo ambos looks incluyen un elemento irrefutable: el iPhone—o cualquier otro dispositivo que pudiera incluirse en la categoría de smartphone. Cada persona tendrá uno en las manos, en el bolsillo, en sus vidas—sea cual sea su look. Este apunte no es una crítica de ningún tipo: es un dato de lo más descriptivo posible. La tecnología constituye una parte esencial de nuestra vida diaria y hoy en día es esencial para relacionarnos con el entorno y comunicarnos con él. Lo relevante de esta cuestión es que la acción de comunicarse también adopta formas curiosas en el metro. En Estocolmo la gente no se mira a los ojos en el metro, se considera una falta de respeto. Es una norma intrínseca que nadie se atreve a romper. La comunicación en entornos físicos se limita estrictamente a amigos y conocidos; ni siquiera los padres han de advertir a sus hijos que no se debe hablar con extraños (a nadie se le pasaría por la cabeza). Sin embargo, la comunicación por vía de dispositivos multimedia crece a un ritmo exponencial. Los smartphones están constantemente operativos en el metro, y a un ritmo frenético. No es extraño ver a individuos usando incluso más de un aparato a la vez. Conversaciones en chats, Instagram y Snapchat no dejan de funcionar ni un instante. Usuarios de todas las edades comparten palabras e imágenes constantemente, hacer un selfie en medio de un vagón de metro a reventar no es algo de lo que avergonzarse, y mientras tanto todos evitan mirar a los ojos a las personas que tienen alrededor.

A día de hoy, compartir experiencias en forma de contenido audiovisual es la base de la interacción social. Cada uno de los selfies post-gimnasio que he podido presenciar ha sido visto y comentado por una cantidad immensa de usuarios a los pocos segundos. Lo que empezó considerándose una obsesión con el ego es ya parte del día a día, una forma más de comunicarse con los demás, con nuestro círculo social que, a su vez, crece sin parar en forma de “likes” de usuarios que poco importa si realmente conocemos. Cada una de esas imágenes es una pieza más en la gran obra que es nuestra e-persona—una obra que acaba siendo una obsesión tan enfermiza que algunos acaban alegrándose más por un nuevo “like” (que todos pueden ver) que por un cruce de miradas por la calle (que sólo los implicados podrán recordar).

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Pero volviendo a los pantalones de chándal y las gabardinas, resulta algo perturbador que en una era tan egocéntrica lo que reine sea una tan evidente homogeneidad. Quizá por eso el mero hecho de realmente mirar a la masa puede llevar un largo tiempo. La combinación de chándal y bolso Michael Kors es sorprendente desde el primer momento, igual que combinar la elegancia de un trench negro con una mochila. Una amiga mía dijo una vez una frase majestuosa que he recordado en numerosas ocasiones: “Un bolso Louis Vuitton sigue siento un bolso Louis Vuitton en medio de la selva?”. Esta pregunta me llevó a una conclusión que podría explicar por qué me llevó tanto tiempo darme cuenta de que combinar un bolso elegante con un chándal es algo que en otro tiempo, o en otro lugar, habría tachado automáticamente de absurdo. Quizá no me di cuenta del contenido del conjunto en sí porque ese conjunto es una de las pocas opciones que una chica de Estocolmo (o cualquier otra capital europea) tiene a la hora de vestirse. Ya no es absurdo combinar prendas deportivas con prendas elegantes. Cada una de las piezas que constituyen los uniformes de las chicas de Estocolmo han perdido su valor inicial, su practicalidad, su funcionalidad, para representar la inclusión o exclusión del individuo en un determinado grupo social—lo cual tampoco resulta una funcionalidad novedosa de las prendas ya que es un fenómeno intrínseco de cualquier prenda.

La mochila Fjällraven no es una mochila deportiva. El bolso Michael Kors no es un bolso elegante para una mujer sofisticada. Las dos prendas son parte del repertorio de opciones en la sección “bolso de uso diario”, lo que reduce su funcionalidad específica a una categoría superior de “contenedor de artilugios”, pero a la vez amplía el abanico de posibilidades que uno puede adoptar a la hora de llevarlos puestos: básicamente, tanto el Michael Kors como la Fjällraven, se llevan a diario y con todo el armario. Su función ya no depende de las características específicas del producto. La función es exactamente la misma: diferenciar diferentes grupos sociales. El individuo se decantará por una opción u otra según si dicho producto encaja en el proceso de creación de identidad. Ser es tener, y hoy tener es enseñar, así que llevar el Michael Kors tampoco cumple sólo con la obligación de llevar artilugios de un lado para otro, sino que ha de ser coherente con el resto de la identidad del individuo y su e-persona. La decisión de hacerse con una de estas dos piezas responde a las órdenes del tridente ser-tener-mostrar. Para ello, probablemente aparezcan algunas fotos de estos bolsos por las redes sociales. Con un poco de suerte, pasarán a formar parte de la masa de siluetas anónimas que vemos por la calle o el metro, aquellos entramados que poco tiempo atrás eran la única forma de red social.

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  • pequeñorockanroll

    Muy fans de las Kanken. Las descubrimos hace unos años y la verdad es que en España cada vez se ven más. Nosotros, que las vendemos, la verdad es que podemos deciros que es una marca con unas ventas muy estables y que le encanta a todo el mundo que la conoce.

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