Culto a lo vulgar

by Marta Torras,

Aunque ya habíamos asumido que muchas de las prendas que vemos en las pasarelas no son aptas para la vida cotidiana, el último diseño de Moschino nos ha dejado sin palabras: nada más y nada menos que una bolsa de tintorería convertida en vestido por 635 euros.

moschino
Desde hace varias temporadas, el director creativo de la firma italiana, el americano Jeremy Scott, se carcajea divertido sobre la inconsciencia de los compradores compulsivos, con colecciones que se han convertido en superventas basadas en la estética de McDonalds o productos de limpieza. Elementos de la cultura popular que tras haber sido rechazados por vulgares ahora se convierten en objeto de deseo. “La gente está aburrida de la moda que se centra solamente en el dinero, el estatus o el último diseñador. Este tipo de productos son un tanto rebeldes y muy divertidos”, explicaba la diseñadora Anya Hindmarch a CNN, sobre la etapa de autoparodia e ironía.

balenciaga
Aunque si hay un rey en convertir la normalidad en objeto de deseo, ese es Demna Gvasalia, responsable de Vetements y actual director creativo de Balenciaga. No olvidamos su camiseta con el logo de la empresa de mensajería, DHL de 235 euros de Vetements, la bolsa de Balenciaga que recordaba a las de Ikea de 1.700 euros, y esos Crocs con plataforma con los que la firma ha sorprendido en su colección Primavera/Verano 2018.

chanel
¿De dónde surge este impulso por lo banal? Es probable que se pueda entender como  un pequeño acto de protesta contra el status quo. Aunque que los objetos cotidianos se conviertan en inspiración no es nada nuevo; desde Andy Warhol y su amor por las latas de sopa Campbell en los años 70, sin olvidar la bolsa de cuadros de la colada de Louis Vuitton en 2007 o el bolso cartón de leche de Chanel para la colección Otoño/Invierno 2016, parece que sacar los objetos del día a día de su contexto sigue funcionando como resorte creativo.