MARFAKIND by Kieley Kimmel

by Maike Moncayo,

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¿Pura casualidad? No creemos. Por segunda vez consecutiva nos roba el corazón una artista textil y diseñadora graduada en el Rhode Island School of Design, Kieley Kimmel. Para la temporada de verano 2013, presenta la primera colección de su línea MARFAKIND en la tienda Weltenbuerger en LA. Una oda de amor a Marfa, ciudad desierta situada en el oeste de Tejas, donde Kieley vivió durante unos años. Un lugar remoto que se impregnó en su memoria por su peculiar encanto. Así, se dedicó a documentar  las vallas de la ciudad, en su mayoría, hechas a mano a base de basura, láminas de metal abolladas, partes de coches, cactus, u otros objetos desechados. Para la creadora, símbolos de un espacio liminal entre la arquitectura y el paisaje, como ya lo habían explorado artistas como Donald Judd y Dan Flavin.

La sostenibilidad nos reconecta con la manufactura, y crea un nuevo vínculo entre el consumidor y el creador.

Tiempo después en Los Ángeles, crea su primera colección que nace de ese espíritu del “hazlo tu mismo” y la calidad pictórica del paisaje urbano aquella ciudad desierta.  Una propuesta basada en la experimentación con el material, y en la cual, por tanto, los textiles cobran especial protagonismo, como puntualiza la diseñadora. Resaltan, en especial, preciosos estampados serigrafiados y delicadas telas pintadas a mano que recuerdan a algunos de sus lugares más preciados en Marfa. Y en esa búsqueda por el color exacto del desconchado de los muros de la ciudad, Kieley desarrolló un sistema de lavado textil que le permitiría controlar el consumo de agua y sus deshechos, a la vez que creaba diseños tal como los había soñado. Algunas de sus prendas de punto como el “Agave Sweater” están hechas a base de algodón eco cultivado bajo estrictos estándares, mientras que otras piezas fueron teñidas a mano. Y es porque Kieley está convencida de que una producción textil sostenible es esencial para proyectarse a futuro. Y no sólo desde un punto de vista ambiental, si no también artístico, como afirma. “Pequeños pasos hacia el buen uso del material y la producción local ayudarán a los consumidores a darle más valor a lo que realmente importa, y eso, al fin y al cabo, es un producto que trascienda. No otro objeto de producción masiva más. La sostenibilidad nos reconecta con la manufactura, y crea un nuevo vínculo entre el consumidor y el creador.” Ante esto, sólo podemos contestar con un Amén.

 

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