Madrid rinde homenaje a Sonia Delaunay

by Isabel Serra,

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No, ya os lo dijimos: no solo de Chanel vivía el diseño femenino del siglo XX. Hay muchas diseñadoras que, a pesar de no haber tenido la trascendencia y el reconocimiento mediático que hartamente merecen, deben ser reivindicadas. Es cierto que también hay diseñadores que tampoco tienen su sitio de oro en el Olimpo de la costura, pero la cosa se agrava cuando hablamos en femenino. Por eso aplaudimos la decisión del Museo Thyssen-Bornemisza de homenajear a Sonia Delaunay, aquella pintora que jugó a ser diseñadora y viceversa. La exposición, que se abre este mismo martes podrá visitarse hasta el 15 de octubre de 2017. Es la primera que se le dedica íntegramente, pues hace unos años Barcelona le dedicaba una a ella y a su marido, Robert Delaunay. Para los Amigos del Museo, se organizan el 9 y el 10 de julio una visita guiada a fondo.

Robes d'enfant,Paris ou Madrid, 1920. Cortesía del museo
Robes d’enfant,
Paris ou Madrid, 1920. Cortesía del museo

Sonia Delaunay (1885-1975) fue una de las pocas voces femeninas que se hicieron oír en las vanguardias artísticas. Casada con el también artista Robert Delaunay, construyó junto a este un universo plástico reconocible dictado por el color. Aunque pueda parecer extraño que se le dedique tal muestra a una extranjera (con la de diseñadores patrios que bien merecerían una retrospectiva), la verdad es que Sonia Delaunay tiene un vínculo innegable y poco conocido con Madrid: Casa Sonia, la tienda que ella misma inauguraría en 1916. Estando de vacaciones en España, estallaría la Primera Guerra Mundial y la pareja decidiría no volver a Francia, quedándose en la capital y estableciendo contactos y negocios con la aristocracia madrileña. Fue aquí donde también empezaría a forjarse como diseñadora, cuando se le encargó el diseño del vestuario de la obra teatral Cleopatra.

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Del diseño de vestuario a la moda había solo un paso, un tanteo previo antes de lanzarse a un concepto de diseño total: moda, ropa para el hogar, pijamas y hasta un coche, en 1925. Dio sentido a aquello de embellecer todos los ámbitos de la vida e introdujo la Alta Moda en  sectores hasta entonces inexplorados. No se acercó al concepto de prèt-a-porter sino que tenía un criterio artístico enfocado principalmente a un consumidor elitista que, paradójicamente, encontró en Madrid, donde caló su estilo vanguardista, sintético en forma y muy colorista, pues las clases altas amaban todo lo que venía de Francia. Con el tiempo, llegará a tener sedes en San Sebastián (lugar de vacaciones de la gente adinerada) y Barcelona, otro foco cultural importante. En los años 20 abrirá, visto el éxito, abrirá una boutique en París.

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Preocupada principalmente por rimar los colores, introdujo en la moda estampados ajenos a la confección tradicional, lo que la acerca a su homónima italiana, Elsa Schaparelli. Hoy, su influencia, puede intuirse en las abstracciones pictóricas de Elio Berhanyer o en la explosión cromática y el uso del patchwork de los diseños de Ágata Ruíz de la Prada. La comisaria de la muestra, Marta Ruiz del Árbol, destaca la “infinita capacidad de Sonia Delaunay para reinventarse siempre”.

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