La piel de Ana Mendoza: Clash Bags

by Gabriel Bravo,

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It is not that I am cattle to be eaten
It is not that I am some sort of street
But your hands found me like an architect.
Anne Sexton

Ana Mendoza entrega en cada puntada la ética de lo que cree “prescindir de todo lo prescindible”. Sus bolsos y carteras alimentan esta filosofía “si puedo quitar algo más lo quito”. Hace ya algunos años que empezó a dar puntadas, a crear su universo Clash Bags. Aprendió en el taller de sombreros de Nina Pawlowsky cuando tenía dieciocho años, con la paciencia del hilo ensartado en la aguja, y allí fruto de la necesidad nació su primer bolso. Do it yourself si no puedes pagar el bolso que te gustaría llevar o no te gusta lo que te ofrecen háztelo tu misma. Poco después empezaba a vender sus bolsos en Onland y Groc.

Casi sin proponérselo se hizo artesana creando su primera marca Andaya, donde la puntada se hizo más certera: colecciones en plástico, con colores sobrios y asas de cinturón de seguridad de coches, buscando la sencillez de la línea, la buena confección y la duración del bolso. Ana lo tenía muy claro desde el principio: nada es más. Luego surgieron las colaboraciones con Mariana Méndez y Sololaverdadessexy, y la puntada se hizo profesional, con el rigor del cambio de las colecciones, y las urgencias de la moda.

Hace tres años en el 2011 decidió usar la lezna, el punzón, la estrella para rebajar, la media luna, la máquina de coser y unas cuantas herramientas más para trabajar la piel con su nueva marca Clash Bags, porque como ella defiende “tener pocos medios para realizar un bolso puede resultar atractivo a la hora de crearlo”. “La piel, como material, tiene la ventaja de no deshilacharse, pero aumenta la dificultad para coser debido al grosor y el volumen”.

Como diseñadora Ana Mendoza no necesita del dibujo para crear sino que prefiere trabajar el volumen, la arquitectura de papel y el alfiler, donde para ella es más fácil entender el patrón para realizar el bolso. Es una estructura mental que se sirve del detalle de los objetos que contempla en lo que le rodea. La vida hilvanada en pespuntes, en piezas como rompecabezas que van adquiriendo sentido a golpe de aguja buscando la perfección que es lo que debería hacer todo artesano. Es en este reto donde disfruta con el rigor milimétrico de la escuadra y la sabiduría de la canilla. La marroquinería lleva su tiempo, “puedo tardar tres días en desarrollar un modelo y creo que debería dedicarle más tiempo”. Por eso, el coste de un bolso de piel es caro porque todo lo que se suma al proceso de trabajo es caro. Como dice ella no es que sean caros sino que son pocos los que lo pueden pagar, y muchas veces, valorar el trabajo de los demás, es algo de lo que estamos faltos.

De todas formas para que todos podamos tener un Clash Bags ha creado un línea en nylon con precios más asequibles, pero igual de rigurosa en el concepto y la manufactura. Los bolsos de Ana Mendoza son atemporales, sobrios, funcionales, limpios en la linea y elaborados con la maestría del que enhebra la aguja sabiendo lo que se hace. No se deja llevar por la tendencia para no caer en sus trampas, pero te visten y adquieren la personalidad de quien lo lleva sin cansarte. Los bolsos de Ana son como los de su admirado Isaac Reina, el diseñador barcelonés afincado en París, con quien le gustaría trabajar porque son “la perfección absoluta”.

En su taller Ana construye bolsos en el aire con los pies bien asentados en la tierra, observa las estaciones en los bigotes de sus gatos, explora el pormenor de las cosas como su perra traviesa, y sabe que la perseverancia es la madre de la ciencia hasta que llegue el próximo pedido, a través de la web: clashbags.com

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