La moda ética de Christina Kim gana el Premio Nacional de Diseño Cooper Hewitt

by Teresa Avendaño,

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Fotografía para el catálogo de Dosa del año 2002. © Noelle Hoeppe.

Hace unos días el museo Cooper Hewitt anunciaba los ganadores del Premio Nacional de Diseño 2018. Un certamen que reconoce no sólo el diseño, también la innovación de los trabajos, la perspectiva social de los mismos y su impacto social. La galardonada dentro de la categoría de Diseño de Moda de este año ha sido la diseñadora Christina Kim, por el carisma humanitario de sus creaciones y por promover la artesanía de los pueblos más olvidados. Y en cuanto a producción se refiere, resulta especialmente importante la labor que realiza junto a otras mujeres. Impulsa, sin ir más lejos, la figura femenina colaborando con grupos como la Asociación de Mujeres Trabajadoras Por Cuenta Propia de la India; quizás una de las formas más transparentes de ayudar a las mujeres de las poblaciones indígenas y reforzar sus comunidades. Una forma de trabajar desde y para la sociedad, sin centrarnos (por una vez) en el individualismo: “Hay una relación humana en estos proyectos, algo que no se puede comprar con dinero. Ésa es mi esencia, un valor que no se puede medir”, afirmó Kim para la revista japonesa &Premium en 2015.

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Colección S/S de Dosa (2012). © Dosa.

Podríamos definir a Christina Kim como una diseñadora de Corea del Sur que inmigró con su familia a Los Ángeles con tan sólo 15 años. Sin embargo, Christina Kim es mucho más: es artista, especialista en materiales textiles, activista y defensora de los trabajadores que producen la ropa. Su trabajo no sólo se reduce al diseño de cortinas, telas, prendas o artículos para el hogar. Kim relata también historias con cada creación, impregna sus productos de personalidad y les da vida gracias a las manos encargadas de confeccionarlos. Lleva a cabo prácticas de trabajo justo y trabaja con artesanos locales –principalmente de Latinoamérica y la India– para promover sus identidades y alentar a las personas a consumir menos y con más conciencia. Lo afirmaba para Los Ángeles Times: “No se trata sólo de pensar en los recursos naturales, sino en los recursos humanos”.

Christina Kim: Cuando era una niña, recuerdo mirar con asombro y cariño los tradicionales calcetines coreanos de mi abuela. Las suelas estaban remendadas con trozos de tela de algodón, recogidos de nuestra ropa de cama […]. Entonces, los materiales, las cosas, tenían valor, incluso unos calcetines.

Empatía podría ser la palabra que describe mejor cada proyecto de Christina Kim. A pesar de que nos encontramos en un mundo que avanza demasiado rápido, esta activista social se ha hecho un hueco dentro de una de las industrias más contaminantes del planeta. Su firma Dosa la fundó –junto con su madre– en 1984 en Nueva York, cuando todavía no se sentía totalmente involucrada en los movimientos sostenibles. Fue en 1996, en Los Ángeles, cuando empezó a ser consciente de las sobras de tejidos que generaba diariamente. El resultado de su preocupación fue la reutilización del cien por cien de las telas sin uso, llegando a fabricar hasta 1.400 pufs rellenos de retales y bolsas de compras para su tienda de Nueva York. Con este pequeño gesto empezaron todos los proyectos sociales que vinieron después. y el cuidado por los materiales le viene desde pequeña, lo manifestaba en 2010 para Selvedge Magazine: “Cuando era una niña, recuerdo mirar con asombro y cariño los tradicionales calcetines coreanos de mi abuela. Las suelas estaban remendadas con trozos de tela de algodón, recogidos de nuestra ropa de cama […]. Entonces, los materiales, las cosas, tenían valor, incluso unos calcetines”.

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Proyecto “Corazón Milagro”. © Dosa. 

Su etiqueta la ha llevado a viajar alrededor del mundo gracias a proyectos que apoyan las técnicas tradicionales de pequeñas regiones y la mano de obra. Así lo mostraba Kim en la entrevista con Los Ángeles Times: ”no sólo hay que verlos [a los trabajadores] como herramientas, sino también como humanos”. Uno de los lugares que más marcó su trabajo fue Oaxaca (México), una de las primeras paradas que la llevó a trabajar con grupos de artesanos. Más específicamente, su proyecto “Corazón milagro”, realizado en la ciudad de Ejutla de Crespo, donde trabajó con mujeres indígenas de la zona que la ayudaron a tejer corazones de tela reciclada. Corazones que, actualmente, se encuentran en una de sus tiendas más emblemáticas en Nueva York. El resultado no sólo son pequeñas piezas únicas hechas a mano, también crear un lazo íntimo y sólido con estas mujeres y trasladar hasta Estados Unidos la creatividad de estas ciudades. Un país globalizado por sus grandes producciones que deja en la sombra el comercio justo y las elaboraciones cuidadas.

No sólo hay que verlos [a los trabajadores] como herramientas, sino también como humanos.

Son muchos proyectos los que Christina Kim ha sacado hacia adelante, siempre teniendo presente las técnicas más auténticas y artesanales que garanticen un futuro para aquellos que trabajan en sus diseños. A pesar de ello, no se centra en acaparar toda la atención de los medios para predicar sus prácticas y, seguramente, éste sea el punto que convierte su trabajo en algo tan humano y ético.

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Colección S/S de Dosa (2005). © Gustavo Ten Hoever Palacios.