La historia detrás del vestido de novia de 1967 de Balenciaga

by Gina Baldé,

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 Vestido de novia de la temporada S/S 1967 de Balenciaga. © Museo Cristóbal Balenciaga.

Que década la de los 60. La sociedad vivía sus tiempos más convulsos a causa de la multitud de acontecimientos que estaban sucediendo: la mujer se emancipaba y se creaba la primera píldora anticonceptiva, los hippies tomaban el protagonismo, Berlín se dividía en dos y el mundo despedía con tristeza a Marilyn Monroe y J.F. Kennedy. Incluso fuera de la Tierra se completaba una de las misiones más importantes de la historia con Apolo 11 y la llegada del primer hombre a la luna. Influenciada por este caldo de cultivo social, la moda también vivió su propia revolución. Las faldas se acortaron gracias a Mary Quant, y en 1967 Cristóbal Balenciaga creaba uno de los vestidos nupciales más rompedores de la historia de la moda, sumándose así a la increíble herencia con la que el diseñador cuenta a día de hoy. Con un patronaje totalmente innovador, el vestido se confeccionó con gazar de seda; un tejido con cuerpo pero ligero a la vez, perfecto para realizar el corte deseado. A esta pieza le precedieron siluetas como el look semi entallado de 1951, las faldas globo de 1953 o el vestido saco de 1957. Así pues, la pieza resultó ser el fruto de la evolución natural en la línea del modisto que, a través de cortes futuristas y materiales tecnológicos, remodeló estas técnicas para plasmarlas en uno de los vestidos más conservadores de la indumentaria femenina.

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En la imagen de la derecha, la actriz Jennifer Connelly con la capucha de la colección S/S 2008. © Balenciaga.

El vestido fue creado con tan solo una costura y en él podemos apreciar el estilo minimalista, característica que predominaría en las creaciones posteriores del legendario costurero. Sin perder la feminidad ni su parte funcional, Balenciaga creó un conjunto rompedor con el que eliminó cualquier atributo relacionado con la clásica moda nupcial. La sustitución del tradicional velo por la capucha de aspecto monástico hacía de la creación un look digno de la era espacial. Esta obra de arte fue una de las últimas piezas que el modisto español dejaría en su legado antes de retirarse por completo en el año 1968. Cuatro décadas más tarde, Nicolas Ghesquière –ex director creativo de la firma– recuperaba de los archivos de la casa la famosa capucha con la colección S/S 2008 y volvía a repetir la fórmula en 2012. Eso si, esta vez añadiéndole una visera, transformación que no gustó a muchos (que incluso llegaron a criticarla en tono irónico por emular el atuendo de Darth Vader). A pesar de que su figura nos dejó hace ya muchos años, el legado del modisto Made in Spain sigue más vivo que nunca. Ahora, además, tenemos la oportunidad de apreciar su herencia gracias a la exposición Cristóbal Balenciaga Moda y Patrimonio hasta el 27 de enero del próximo año. Y esta pieza es una de las estrellas de la mediática exposición “Heavenly Bodies” que acoge el Met Museum hasta septiembre. 

Vía Granary1

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Vestido novia de Balenciaga (1967). Foto de Sarah Cascone vía Artnet.com