La explotación laboral en la moda es un secreto a voces

by Teresa Avendaño,

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Fábrica textil de Vietnam. © Reuters.

La explotación prospera en situaciones ocultas […] no hace falta viajar por las calles de Dakar o Delhi para descubrir que hay lugares en el Este de Londres, Bradford, Manchester y, particularmente, en Leicester donde las prendas se fabrican en condiciones horribles.

Las prácticas ilegales en las fábricas textiles y la explotación de los trabajadores vuelven a estar, una vez más, en el punto de mira. A pesar de ser un tema que nunca debería pasar desapercibido, se trata de un asunto que no tiene la atención mediática suficiente. Esta vez ha sido la periodista Sarah O’connor para el Financial Times quien ha publicado un artículo destapando los abusos laborales que sufren los trabajadores en las fábricas de Leicester, en el Reino Unido. Su investigación confirma las condiciones desfavorables de las fábricas como, por ejemplo, los espacios abandonados que albergan a cientos de personas que trabajan amontonadas por un sueldo menor al salario mínimo de Reino Unido (algunos cobran 3,50 libras la hora, el equivalente a unos 4 euros aproximadamente). Según la periodista, muchas marcas niegan conocer la situación de los trabajadores y culpan a los propietarios de las fábricas del pésimo estado de las mismas. Debbie Coulter –jefa del programa Ethical Trading Initiative– se manifestó durante la Fashion Revolution Week sobre este tema: “La explotación prospera en situaciones ocultas […] no hace falta viajar por las calles de Dakar o Delhi para descubrir que hay lugares en el Este de Londres, Bradford, Manchester y, particularmente, en Leicester donde las prendas se fabrican en condiciones horribles”.

¿Por qué la sociedad valora el derecho de que un individuo pueda consumir más por tan poco, en vez de valorar los derechos de aquellos seres humanos que están detrás de los productos?

Según O’connor, el principal problema es que se trata de una realidad que todos conocen: “Quizás lo más extraño de esta explotación laboral es que es un secreto a voces. El gobierno central conoce la situación, el gobierno local lo sabe y los minoristas también”. Boohoo o Missguided –firmas que triunfan en Inglaterra– son algunas de las marcas que están relacionadas con la situación. Sin embargo, señalar individualmente a estas empresas no soluciona este problema global en el que, seguramente, todas las marcas del fast fashion están involucradas. En 2017 os hablábamos de la situación tormentosa que viven los trabajadores del textil en Europa del Este, frecuentemente aparecen nuevas informaciones sobre las circunstancias vividas en Asia por culpa de esta industria y, ahora, Europa occidental es la protagonista. Cuando el mundo de la moda debería estar avanzando y acabando con estas prácticas, parece ser que retrocedemos. Una vez más, en vez de luchar para erradicar esta lamentable situación, seguimos preocupados por tener mucho a cambio de poco. Y, tristemente, esto nos convierte en cómplices de todos y cada uno de estos abusos. Ya lo dijo Sarah Ditty –jefa del equipo de Fashion Revolution– con una clara pregunta, y nos hacemos hoy eco de sus palabras: ¿Por qué la sociedad valora el derecho de que un individuo pueda consumir más por tan poco, en vez de valorar los derechos de aquellos seres humanos que están detrás de los productos?