Ropa por una buena causa: Carcel

by Carla Pagespetit,

Carcel es el nombre de la marca, creada por Verónica D’Souza, quién capitanea una empresa con sede en Dinamarca. Se trata de una marca sostenible hecha por mujeres en Perú. Pero ¿dónde de Perú? En la prisión, concretamente Cusco. Allí, las presas tejen lana de alpaca de alta calidad, ateniéndose a los patrones realizados desde el país nórdico.

La idea nació a raíz de un viaje a Kenia. Verónica D’Souza estuvo en este país africano y su curiosidad la llevó a visitar una de sus prisiones. Allí vio que las mujeres estaban tejiendo todo el día y pensó que seguro que había mercado para comercializar sus piezas. Abrió la compañía Ruby Cup y después buscó otros sitios dónde continuar esta idea. Perú fue el elegido. Buscaba un país con productos de alta calidad –lana de alpaca en las tierras peruanas- y altos índices de encarcelamiento femenino en los que la pobreza fuera su causa.

La empresa buscó una zona donde supieran trabajar la alpaca, así que se fueron a la cárcel de Cusco, en lo alto de los Andes. Es un lugar conocido por su lana y donde las mujeres la han trabajado por herencia de sus pasadas generaciones. Pero Perú es solo el comienzo. La marca Carcel ya está pensando en irse también a la India para trabajar con sedas orgánicas.

Carcel da la posibilidad de romper el ciclo de pobreza y tráfico de drogas que hay en Perú. Además, recompensa a estas mujeres que trabajan con ellos con 15 dólares por cada una de las prendas que hacen –ganando tres veces más del salario mínimo del país-. Si hablamos de números, lo que Carcel gana va destinado a proporciones iguales a costos unitarios de producción, desarrollo de negocios y inversión en impacto social –educación, equipo nuevo y trabajo de campo).

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Las mujeres peruanas que son parte de Carcel están muy entusiasmadas con el hecho de que la ropa que ellas hacen se venda internacionalmente. Es por esto que cada prenda tiene en su interior el nombre de la mujer que la hizo. Pero con esto aparece un hándicap: algunas de las presas tienen familiares que no saben que están entre rejas, así que ellas no usan sus nombres completos.

Se trata de mujeres que, en su gran mayoría, fueron detenidas por tráfico de drogas. La misma Verónica D’Souza explica en i-D que hay quién va a los pueblos y busca a las niñas más pobres, jóvenes, bonitas y embarazadas para facilitar el paso de droga por las aduanas. Al ser detenidas sus sentencias oscilan entre los 10 y 15 años, aunque sea poca la cantidad que llevaban encima.

Vía i-D

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