Pedro Covelo: Like a Rolling Stone

by Pablo Gandia,

UgoCamera/IFEMA

La periodista Suzy Menkes ya lo dijo en una ocasión: “España no crea tendencias, simplemente las sigue”. Y así lo han demostrado las cinco jornadas de la última fashion week de Madrid. La gran mayoría de diseñadores, exceptuando algunos atisbos de originalidad, se han limitado a evocar el pasado o a mirar hacia el futuro, pero siempre escondidos bajo la tónica de la timidez. Alcanzar la frontera de lo transgresor en nuestro país parece implicar un riesgo demasiado alto, primero por cuestiones sociales y, segundo, por miedo a traicionar la estabilidad económica de las firmas. En consecuencia, ¿hay alguna posibilidad de evolucionar, de romper el cristal opaco y empezar a situarse a la vanguardia? Puede que la respuesta a esta pregunta resida en las propuestas de los más jóvenes. Ellos son los únicos que a día de hoy se encuentran en una posición tan privilegiada como injusta: resultan demasiado emergentes para hacer caso al qué dirán, y suficientemente inexpertos para disponer de una estructura empresarial firme. Dos condicionantes que les permiten innovar sin pedir permiso, o disculpas en caso de error.

Pedro Covelo podría ser perfectamente uno de estos grandes ejemplos de la modernidad. A sus 24 años cuenta ya con tres colecciones: las dos primeras presentadas en el ModaFAD de Barcelona, y la última en el Samsung EGO de Madrid. Ninguna ha conseguido producirla. Sin embargo, en apenas un año y medio el diseñador gallego ha proyectado una nueva versión del hombre. Una faceta mucho más romántica y barroca, ya no limitada exclusivamente a la androginia de esta década. Quienes hayáis visto su trabajo más reciente, Un sapo llamado Mike, pensaréis que en él hay mucho del nuevo Gucci o del siempre J.W. Anderson. Y efectivamente, así es. Pedro bebe de las mejores referencias internacionales para convertirse en el mejor referente a nivel nacional. Jamás ha negado su ambición. Y ahora, en esta entrevista, la expone sin ningún tipo de pudor. Señorita Suzy Menkes, aquí tienes el que probablemente puede ser la mayor esperanza del diseño español. Solo necesita un poco de tiempo y mucha, mucha perseverancia.

“Un sapo llamado Mike habla del viaje que realizan dos hermanos y una chica por todo el condado de América. Tan solo quieren encontrarse a ellos mismos, enamorarse, ser libres y comerse el mundo”

¿Por qué ese título?

El momento de poner el nombre a tu colección es uno de los más complicados. Yo ya sabía que Un sapo llamado Mike resultaría un nombre demasiado largo y extraño, pero tenía la necesidad de que el título fuese para mí un elemento anecdótico. Algo que solo pudiese comprender la gente que realmente conocía la historia y los sentimientos de los tres personajes.

Con esta tercera colección te has atrevido por primera vez a diseñar para ellas. ¿Por qué ahora?

Al principio fue por una cuestión de consejos y asesoramientos. Comercialmente la de mujer es una venta mucho más fácil que la de hombre, y eso es una realidad en nuestro país. También debo reconocer que he aprendido grandes cosas con el diseño femenino. He trabajado muchos más conceptos en cuanto a patrones se refiere. Nada tiene que ver la solapa de una americana con el bies de una falda.

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Vestir a la mujer te habrá permitido explorar tus posibilidades creativas.

Por supuesto. Y más teniendo en cuenta que, en todo mi trabajo, la línea entre los elementos de la mujer y el hombre se desdibuja al completo. De hecho, en esta colección había un gran paralelismo entre los dos géneros. Por ejemplo confeccioné chaquetas idénticas en las que solo cambiaban los tejidos. También diseñé un pantalón con volantes muy similar para hombre y mujer, pero que luego resultaba diferente en el look de ambos. Al final me he dado cuenta de que es mucho más interesante trabajar las dos líneas al unísono.

¿Tenías miedo de que tu colección recordase a Gucci?

Todas las colecciones de todo el mundo pueden recordar a alguien. Es un tema realmente aburrido. Nada es nuevo; cualquier cosa que creamos es una reinterpretación de conceptos que ya existen. Por eso mismo jamás he sentido miedo. Todo lo que hago es extremadamente sincero. Y en cuanto a Gucci, prefiero que me relacionen con él, con Prada, con Van Noten o con Anderson, a que me vinculen con otros que no tendrían razón de ser.

¿Creías que ibas a ganar el EGO? Sé sincero, no viene nada mal aceptar la ambición en uno mismo.

Creo que todos los diseñadores que nos presentamos vamos a por todas. Al fin y al cabo es mucho tiempo invertido en preparar el desfile, por no hablar del dinero. Pero no siempre el ganar lo es todo; también importa la impresión que hayas dado, la difusión de la prensa y las oportunidades que vengan después de la colección. Yo ahora estoy mucho más que satisfecho con lo que he mostrado. Todo ha salido genial y para mí eso es suficiente. ¡A la próxima más y mejor!

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En tus tres colecciones siempre he visto dos constantes. La primera es la escenografía, un detalle al que la mayoría de diseñadores españoles no le prestan demasiada atención.

Siento que es esencial crear una atmosfera. Necesito que el público, durante esos minutos que dedica exclusivamente al desfile, pueda trasladarse a todo lo que ha estado rondando en mi cabeza durante los últimos meses. La puesta en escena, la música y cualquier detalle que ayude al espectador a integrarse en la colección es sumamente importante. Así lo he hecho hasta ahora y la verdad es que me está funcionando.

La segunda constante es la concepción romántica del hombre que transmites. ¿Qué es el hombre para ti?

Muy buena pregunta, porque es algo de lo que yo también me he dado cuenta ahora. Las tres colecciones son completamente diferentes, pero sí que les liga un sentimiento romántico hacia los hombres. Supongo que tendrá mucho que ver conmigo y con ese concepto del cliente ideal. Cuando me preguntan para quién hago mis prendas, siempre respondo que para alguien con cierto gusto o sensibilidad artística. Al final todo está interconectado: las prendas, las historias de mis colecciones, el cliente final y, por supuesto, yo.

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