Ana Torrejón: “Hay editores que todavía creen en los medios”

by Federico Ferrari,

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Con más de 30 años de oficio, Ana Torrejón ha ido a cubrir tanto la asunción de un presidente, como el desfile de un diseñador, porque la tarea periodística es la misma, y el fin también: buscar la noticia. Así, pasó de ser cronista de política y sociedad, en la década de los 80, a instalarse en la moda, donde encontró un espacio de pertenencia, de construcción cultural y de género. Escribió para publicaciones argentinas como Página 12 o Para Ti y fue la directora de importantes revistas como Elle o Claudia. Durante los últimos seis años, dirigió Harper´s Bazaar Argentina hasta que, a mediados del 2017, cerró su redacción en Buenos Aires para crear el contenido desde México. El cierre dejó en la calle a muchos trabajadores de prensa, incluyendo a la periodista, en un momento álgido para la industria. Sin embargo, ésta se muestra optimista y apuesta por un periodismo ético y formado. “Los medios no van a desaparecer, pero para incorporarse va haber que ser cada vez más técnico”, afirma.

¿Cómo fue el cierre de la redacción?
Muy vertiginoso. Significó muchas pérdidas para  montones de personas que se quedaron absolutamente en la calle, a las que no les pagaron un peso y tendrán que hacer juicios eternos. En rango de indemnizaciones, le deben haber pagado a treinta y pico de personas y en cada revista trabajan un montón de colaboradores, son operaciones que alcanzan a 200 personas con antigüedad. Eso lo viví dramático, no me relajé.

¿Cómo te lo comunicaron?
Televisa (empresa dueña de Harper´s Bazaar) estaba haciendo muchos cambios en la región, de los que sabía. Pero, nosotros estábamos trabajando con presupuestos aprobados y demás. Ese día, estaba en Uruguay y me llamaron a las 10.30 para avisarme. Fui muy racional y agradecí haber hecho el proyecto por seis años. Son decisiones que se toman desde México, que no son en contra de nadie. Pero no estoy de acuerdo con un título en el que figure “Argentina” y no esté hecho acá, eso es traicionar la ley de la competencia. No creo que se pretenda  reflejar las identidades de México para abajo, de todo este conglomerado de países. Me parecen operaciones muy complejas, comerciales y yo tengo otra idea acerca de los medios.

Se teme que lo digital reemplace al papel, ¿creés que una revista ya no es rentable?
En el mundo hay muy pocos medios rentables. Hoy nadie va a vender 400.000 ejemplares por mes, es un delirio. Si son de nicho, bien gerenciados, pueden tener rentabilidad. No van a tener la ganancia de los paraísos fiscales, ni del mercado financiero. Sin embargo, hay editores que todavía creen en los medios y van a tener que armar otras estructuras, pero no creo que vayan a desaparecer. Sí va a mutar la cantidad de lectores y lectoras, el perfil de las audiencias, la especificidad de los títulos y  el trabajo sobre el lenguaje.

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Alessandra Schulman, ex editora de Vogue UK, en su columna en The Business Of Fashion, escribió sobre los cambios en las grandes editoriales y sostuvo que los nuevos colaboradores serán más influencers o celebrities y menos periodistas. ¿Qué pensas al respecto?
Hoy estamos en una circunstancia de multiplataformas con sobreabundancia. Pero no todo el mundo va a ofrecer credibilidad, ni cualquier influenciador va a mover la rueda de manera favorable. Las personas tenemos cada vez menos tiempo y vamos a buscar acceder a profesionales que nos hagan un recorte de la realidad. Por lo tanto, los medios se están reformulando. Las audiencias, los grupos de lectores que se supieron conseguir en la década de los 80 no van más, hay otra manera de informarse. Hay medios que necesitan sostener estructuras muy frívolas, entonces necesitan mucho cash y, quizás, tienen personas que no pueden desarrollar esta cuestión que es la misión de informar, pero eso cada vez es más arriesgado. Creo que cabeceras, como el caso de Vogue, que están buscando simplificar sus operaciones, van a tener que reformular sus objetivos. Me  parece muy interesante que Eugenia de la Torrente dirija Vogue España, porque viene de El País y es una intelectual de la moda. Ella ya está aplicando esos valores.

¿Creés que se considera al periodismo de moda como blando?
Siempre en los medios han dicho “es la parte blanda”. Yo hacía política y sociedad  y decidí hacer esto porque me parecía mucho más interesante lo que podía desarrollar. Ahora, me ha pasado con un jefe, que un día me dijo: “No me vengas con esto, vos me tenes que hablar del animal print”, y yo le dije: “Discúlpame, yo fui tu traductora en Malvinas”. Osea, te “esnobean” porque eso los tranquiliza.

¿Tuviste siempre interés por  la moda?
El tema del arte y del vestir me interesó siempre, para mí es un lenguaje que tengo desde que nací. Yo me emperifollaba, no tenía sentido del ridículo. Pero, cuando trabajé en Para Ti (revista de moda argentina), dije: “Tengo un montón de pensamientos de  nosotras, las mujeres, sobre la construcción  y creo que desde este lugar voy a maquillar más la realidad”. Me instale ahí y me ha resultado muy eficaz.

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¿Qué observas del vestir actual?
Creo que cada uno se inserta en la moda de acuerdo a sus saberes. Yo me dedico a la comunicación y lo que me ha resultado interesante es el trabajo en torno del lenguaje. En tiempo presente, si uno tiene las herramientas para decodificarlo, está hablando de una profunda diversidad y  no solamente en términos de identidades, sino también de fenómenos climáticos, políticos, sociales y religiosos. Este mundo oscila entre comunicaciones globalizadas y principios nacionalistas,  que hacen defender identidades de una manera muy férreas, cerrando fronteras. Hoy, las texturas, los tonos, los acentos, son diversos y requieren máxima compresión. La globalización nos ha dado mucha información visual, pero no las herramientas de entendimiento de las otras personas. Por lo tanto, vemos brotes de profunda intolerancia y vemos coexistencias que no siempre son pacíficas. Una de las cuestiones más manifiestas tiene que ver con esa portación que se hace a partir de la indumentaria.

¿Cómo ves a la industria de la indumentaria en Argentina?
Los países de Latinoamérica tienen particularidades, por lo que es distinto lo que significa la industria textil en Colombia a lo que significa en la Argentina o Chile. En nuestro país, se empezó a deteriorar desde la dictadura a esta parte. De esto hay ejemplos, números y estadísticas. No hay una industria textil fuerte, pero sí se puede recuperar. Sí han habido estudios formales de la moda desde el advenimiento de la democracia, cuando en otros países latinoamericanos no existían las carreras de grado y sobre todo en universidades públicas, lo que ha dado un pensamiento en torno del qué hacer y muchísimos profesionales que trabajan distintos aspectos de la industria. A diferencia de muchos países de la región, que estuvieron abiertos a otros paradigmas políticos y económicos, la Argentina tuvo la particularidad de abastecer el mercado interno con manufacturas propias y  ese detalle no deja de ser interesante. Respecto a las marcas, hay algunas con fuerte proyección, no como lo que se vive en Chile, donde realmente es un punto de resistencia el diseño y, en término de manufacturas propias, la industria es casi irrelevante. Con conglomerados como Zara o H&M es muy difícil competir porque no todas producen de la misma manera. Con respecto al diseño joven, emergente, tiene que encontrar su nicho, su particularidad, su sistema productivo y, por supuesto, el Estado debe apoyarlo.

 

 

 

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