Francia prohíbe destruir las prendas de ropa no vendidas

by Gina Baldé,

1432748719_340997_1432749116_album_normal
Almacén en el que se guardan las prendas que se revenden, sobre todo en Europa del Este y África. © El País.

En 2016 Francia rompía el silencio y se convertía en el primer país del mundo que denunciaba la absurda práctica de tirar o eliminar la comida que sobraba en los supermercados. Empezaron a forzar a las grandes cadenas alimenticias para que donaran los excedentes sobrantes a instituciones benéficas o, por el contrario, se verían penalizados con elevadas multas. Ahora, dos años más tarde, dejamos el supermercado y nos situamos en cualquier tienda de ropa fruto del fast fashion. Hace unos días el gobierno francés volvía a repetir la fórmula con una serie de propuestas legislativas entre las que figura la prohibición de incinerar o destruir prendas nuevas, obligando a las marcas  –como en el caso de los supermercados– a contactar con ONG’s que contribuirían al reciclaje de la prenda.

1432748719_340997_1432748990_album_normal
Máquina encargada de destruir las prendas de ropa. © El País.

El discurso principal se formó entorno a la economía circular. Según el Plan del Ejecutivo en moda circular, la moda debería seguir principios similares a los de la industria de la alimentación en su misión de no desperdiciar los alimentos que no se vendan. El gobierno francés ha establecido como fecha máxima el año 2019 para poder entender mejor el sector y los desechos que genera su producción, la cantidad de toneladas de residuos generados o los procedimientos de recuperación de la ropa por parte de las marcas. Esta nueva política se lanza unos meses más tarde del estallido de la polémica que atacó a H&M como responsable de quemar 12 toneladas de ropa sin estrenar cada año, y que pone en el punto de mira los procedimientos de otras marcas en el momento de deshacerse del stock sobrante. Los datos hablan por si solos: solo en Francia se tiran cada año 215.000 toneladas de ropa según datos del Programa de acción sobre residuos y recursos, y en el Reino Unido la cifra aumenta hasta las 300.000 toneladas. Son datos alarmantes, sin duda, pero la decisión del gobierno francés no hace más que confirmar que el futuro dentro de la industria (y fuera de él) será sostenible o no será. Esperamos que muchos más imiten su ejemplo.