Fashion Revolution responde

by Laura Cadenas,

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Con motivo de la sexta Jornada de Moda Sostenible organizada en el Museo del Traje por Slow Fashion Next pudimos disfrutar de la presencia de Heather Knight, coordinadora del movimiento global Fashion Revolution. Un movimiento surgido en 2013 en Reino Unido a raíz del derrumbamiento de la fábrica textil del edificio Rana Plaza en Bangladesh en el que murieron 1.134 personas. En pro de una industria textil más sostenible, y por tanto más justa y positiva, esta iniciativa ha logrado en sus 4 años de vida organizar más de 800 actos por todo el mundo, contar con presencia en 93 países e incrementar la transparencia de grandes marcas en relación a sus procesos productivos. Tal y como transmitió Knight, “aún queda mucho camino” pero si nos unimos a esta revolución podremos alcanzar grandes metas.

¿Qué podemos hacer por la sostenibilidad los consumidores? ¿Es lícito boicotear a las grandes marcas? ¿Qué cambios necesita la industria? Son muchas las preguntas que nos vienen a la cabeza al tratarse de sostenibilidad y consumo responsable. Durante la Jornada, Gema Gómez, fundadora de Slow Fashion Next y coordinadora en España de Fashion Revolution planteó a Heather Knight una entrevista abierta en la que nuestras dudas hallaron respuesta.

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Entrevista de Gema Gómez a Heather Knight

¿Qué cambios quiere ver Fashion Revolution en la industria de la moda?

Nuestro principal objetivo es que las marcas de moda sean más responsables con las personas y el planeta. Pretendemos lograr una moda que “siente bien”, es decir, que además de quedar bien al llevarla te haga sentirte bien porque sabes que detrás de ella no hay una historia de explotación. Esperamos que Fashion Revolution sea un catalizador para lograrlo.

¿Quién tiene el poder de cambiar la industria, las marcas o los compradores?

Principalmente las marcas pero los consumidores también tenemos un poder enorme. Cuando hablamos, las marcas tienen que escucharnos y deberíamos usar ese poder. Cada vez que nos hacemos la pregunta “¿Quién hace mi ropa?”, cuanto más conscientes somos como consumidores, instamos a las marcas a responder;  de hecho, ya están respondiendo. Queda mucho trabajo por hacer pero empezar por esa pregunta es un buen punto de partida. Un consejo para los consumidores es comprar menos pero mejor, además de aprender a amar nuestra propia ropa, por ejemplo arreglando las prendas en lugar de tirarlas.

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¿Qué podemos hacer entre todos para marcar la diferencia y lograr un impacto positivo?

Al principio podemos estar un poco perdidos sobre como actuar para marcar esa diferencia por eso una de las tareas de nuestro movimiento es transmitir conocimiento a la gente, enseñarle como poder actuar. Podemos incrementar la conciencia social simplemente a través de una conversación con nuestros familiares o amigos. Ayudar a dar un cambio a la relación con la ropa, haciendo que esa ilusión de ir de compras no se produzca solo cuando compramos ropa nueva. Podemos comprar en tiendas de segunda mano, intercambiar ropa con nuestros amigos e incluso divertirnos fabricando y customizando nuestras propias prendas. También en la web de Fashion Revolution hay múltiples recursos que permiten actuaciones que pueden ser muy útiles, por ejemplo, tenemos una carta tipo para rellenar y enviar a las empresas preguntándoles por los procesos de fabricación de sus prendas.

¿Qué impacto real está teniendo Fashion Revolution?

En nuestros 4 años de vida hemos ido sintiendo un impulso cada vez mayor. Cada vez son más las marcas que están mostrando de forma transparente su cadena de suministro, lo que demuestra que el trabajo que hemos venido haciendo durante este tiempo está teniendo un impacto. Actualmente, también estamos inmersos en un  proyecto con los trabajadores de Bangladesh en el que estamos tratando de indagar si están siendo justamente pagados, cuales son sus condiciones laborales, etc.

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¿Deberíamos boicotear a las grandes marcas?

Eso es algo imposible. Las marcas se reproducen y cada día se abren tiendas nuevas, además se necesitaría que muchísimas personas unidas hicieran el boicot para que fuera efectivo. Por otro lado, esto tampoco tendría el resultado que esperamos. En países en vías de desarrollo como Bangladesh los trabajadores piden que no dejemos de consumir estas marcas porque su trabajo depende de ellas. Por tanto, no se trata tanto de eliminarlas sino de hacer que cambien sus políticas, obligándolas a pagar unos salarios dignos que permitan unas condiciones de vida aceptables. Hicimos una encuesta en el que el 75% de las personas dijeron que aceptarían pagar un 5% más en el precio final de su ropa si con ello los trabajadores del sector textil iban a tener un salario digno para vivir. Solo sería necesario aumentar 20 céntimos el precio final de cada prenda. Deberíamos encaminarnos más en soluciones de este tipo en lugar de pensar en un boicot.

¿No crees que la gente está más interesada en el precio de las prendas que en las condiciones de los trabajadores que las fabrican?

Por supuesto que el precio es un factor importante pero al final la moda se trata de “sentirse bien”. Aunque todos nos emocionemos mucho con los descuentos y con las rebajas hay un estudio de Green Peace que dice que ese sentimiento de euforia solo dura un día. En cambio, si modificamos nuestra relación con la moda y sustituimos esa sensación momentánea por la satisfacción de  saber que lo que llevamos puesto no tiene detrás una historia de destrucción y explotación nos sentiremos realmente bien.

¿Cuál es el siguiente paso de Fashion Revolution?

Seguimos trabajando en visibilizar las condiciones de los trabajadores. Dentro de poco vamos a lanzar una revista enfocada en los desperdicios derivados del consumo masivo. Por cuarto año consecutivo lanzaremos nuestro Índice de Transparencia en el que clasificamos a las empresas textiles más grandes del mundo según su nivel de claridad con respecto a las cadenas de suministro y políticas sociales y medioambientales. Y continuaremos desarrollando y poniendo a disposición de la gente recursos gratuitos en pro de la sostenibilidad.

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