Ellas tienen el poder

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El cuerpo es uno de los milagros más perfectos que ha logrado la naturaleza. Éste, ha sido un colaborador entre la mente y el desarrollo del ser humano, haciéndolo parte fundamental de la creación, creatividad, movilidad, sexo y reproducción del mismo. El cuerpo de la mujer representa la complejidad de sus emociones más profundas, un territorio complicado y que genera gran inspiración. A pesar de ello hace años que estamos envueltas en una lucha sin precedentes sobre sexualidad. Sobre la sexualidad femenina para ser exactos.

En una cultura hipersexualizada ya no escandaliza la desnudez femenina, en multitud de ocasiones es utilizada como un negocio en medios informativos y publicitarios. En cambio salta la alarma cuando las mujeres deciden apropiarse de su cuerpo.

Esta situación deriva en una pregunta; ¿A quién le pertenece el cuerpo femenino? Está claro que ninguna mujer está libre de etiquetas, su ropa, sus actos o su forma de expresarse con respecto al cuerpo son excusas para clasificarlas. A pesar de ello, el género femenino vive cada vez de forma más simple su sexualidad. Parece que es a los hombres a quien le está costando adaptarse al cambio.

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En palabras de Foucalt “El cuerpo humano entra en un mecanismo de poder que lo explora, lo desarticula y lo recompone. Una “anatomía política”, que es igualmente una “mecánica del poder” está naciendo; define cómo se puede hacer presa en el cuerpo de los demás, no simplemente para que ellos hagan lo que se desea, sino para que operen como quiere, con las técnicas, según la rapidez y la eficacia que se determina. La disciplina fabrica así cuerpos sometidos y ejercitados, cuerpos ‘dóciles’”.

Las mujeres se están recomponiendo. Comienzan a atreverse a ser dueñas de su cuerpo, a ser libres y disfrutar de él. Adriana tiene 27 años y hace aproximadamente un año que ha decidido no depilarse. Esta decisión, que debería ser personal, se convierte en un acto público cuando sus círculos cercanos se sienten con derecho a juzgar sus decisiones como “anti-higiénicas, asquerosas o incompresibles”. “Lo común es que me digan que soy una cerda” cuenta Adriana, admitiendo también que “ni en el trabajo ni en la calle me miran o me señalan”.

Profundizando en lo que llevó a Adriana a dejar de lado la depilación, cuenta que ha intentado deshacerse de todo aquello de lo que era “esclava”. “Admito que la depilación es uno de los principales tabúes, es el que más cuesta. He podido con otros como el sujetador, los tacones o el maquillaje sin problema, pero la depilación ha sido lo más duro”, confiesa.

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En el otro lado de esta encrucijada encontramos a Alba. Tiene 24 años, no se separa de sus tacones y en su bolso siempre hay un neceser con maquillaje. Alba es feminista declarada y afirma que utiliza maquillaje “porque quiere y porque puede”. “Me maquillo todos los días y me visto como me da la gana, no quiero complacer a nadie, solo a mi misma, no veo nada de malo en querer ser la mejor versión de mi misma”. Al preguntarle si considera que el maquillaje o los tacones son un símbolo de opresión machista; “Machismo es juzgarme porque utilizo maquillaje o tacones. Tengo claro que siempre defenderé el feminismo y de ello va de la mano tener poder de decisión. Lucho por mis derechos y por superarme día a día como mujer, estoy cansada de que consideren que mi opinión tiene menos peso en este ámbito porque cedo ante ciertas convicciones sociales por decisión propia”.

El peso de un sistema patriarcal opresivo nos hace creer que no existe pluralidad en el feminismo. Estamos tan equivocados si consideramos que las mujeres con tacones de 13 centímetros, totalmente depiladas y con una gran capa de maquillaje son menos feministas o defienden menos sus derechos como si creemos que dejarse crecer el vello o no utilizar productos cosméticos es abanderar el feminismo o ser menos femenina.

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Golpear el sistema es difícil. Cuando las mujeres se salen de las vías del conformismo y deciden luchar por sus derechos nacen términos como “feminazis”, “hembristas” o “terrorismo feminista”, asociados directamente a un machismo sistemático.

Lo mismo ocurre cuando las mujeres deciden disfrutar de su cuerpo. El tabú de la figura femenina lleva a censurar pezones en redes sociales o a considerar imágenes dañinas fotografías que empoderan el cuerpo de la mujer.

La cosificación de la figura femenina se ha convertido en una mercancía dedicada al disfrute. ¿En qué consiste la cosificación? Trata de representar a una persona como un objeto. Y más concretamente, la cosificación sexual consiste en tratar a una persona como un elemento sexual, ignorando por completo sus cualidades o habilidades intelectuales y reduciéndolas a un instrumento de deleite sexual.

La normalización de esta regla social va demasiado lejos. Un 55% de las mujeres europeas afirman haberse sentido acosadas sexualmente. Esta cifra es alarmante, pero todavía puede ser peor. Según el Ministerio del Interior, cada ocho horas una mujer es violada en España, lo que significa que la cifra supera el millón de mujeres al año que son agredidas.

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Actos tan naturales y fisiológicos como dar el pecho puede convertirse en motivo de cosificación. Parece difícil, pero muchos consiguen ver un pecho como algo ofensivo donde lo solo hay una madre alimentado a su hijo.Carla tiene 29 años, hace apenas un mes que ha sido madre y ya ha sentido en su piel la cosificación a la que se ve sometida la mujer. Ha tomado una decisión como madre, quería dar el pecho a su pequeña y lo ha hecho. Pero no es tan sencillo como parece, este acto se vuelve un problema cuando se hace en público. Carla reconoce que siente ciertas “miradas de desprecio” cuando se encuentra en un lugar público y que incluso le han dicho que  “no puede dar el pecho en este establecimiento”.

La sexualización de algo tan natural como dar el pecho convierte en incómoda una situación habitual para una mujer, por ello han nacido movimientos igualitarios como Free the Nipple centrado en la doble moral con respecto a la censura de los pechos femeninos y la tendencia a sexualizar la parte superior del cuerpo femenino.

A pesar de todo, esta tendencia no es general y diversos movimientos de apoyo a la lactancia en público y a la normalización de los pechos femeninos siguen en marcha para conseguir liberar la figura femenina.

Existen tantas formas de liberación como de opresión. Todos los cuerpos son bonitos y son una forma de arte. Las mujeres pueden – y deben – tomar las riendas y generar un mundo más equilibrado y diverso en el que un cuerpo pueda ser simplemente eso, un cuerpo. Desde el feminismo se deben utilizar otros lenguajes para llegar a las personas, para conseguir que vean el mundo como lo vemos nosotras. Educar a una sociedad desinformada, que no conoce la realidad a la que están sometidas las mujeres.

El cuerpo es un territorio que las mujeres debemos reconquistar. Se ha creado alrededor de cánones de belleza estipulados para los demás y por una marcada mirada masculina. Porque sí, somos un cuerpo, y el cuerpo es solo eso, mientras que nosotras somos mucho más, somos personalidad, intelecto, profesión, etc…

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La hiper-sexualización del cuerpo femenino implanta una cultura insana en las nuevas generaciones, que se ven marcadas por una importante crisis de autoestima. En la revisión de la sexualización de gente joven, comisionada por el gobierno del Reino Unido en 2010 de la Dra. Linda Papadopoulos, se encontró que la “exposición a la idea sexualizada femenina está linqueada con una autoestima más baja, estados de ánimo negativos y depresión en mujeres jóvenes.”

Que las chicas en edades tempranas vean posiciones sugerentes o sexuales en la naturalidad del cuerpo es un síntoma de una educación sexual pésima. Los medios de comunicación son claros cómplices de esta tendencia. Una investigación de ONU Mujeres concluyó que cerca de un 46% de 100 países analizados fomentaban los estereotipos de género proyectando imágenes “comerciales” de la mujer.

Las consecuencias de esta búsqueda compulsiva de un cuerpo femenino que complazca las expectativas sociales termina afectando a la salud en su triple dimensión; mental, produciendo trastornos cognitivos y emocionales, física con enfermedades producidas por la baja autoestima, como anorexia, desnutrición o bulimia y social, llegando a la depresión y el aislamiento.

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La American Psychological Association entiende que la presión mediática a la que se ven sometidas las mujeres como objetos sexuales y el agresivo tratamiento del cuerpo afecta directamente a la salud de innumerables jóvenes que se ven expuestas a estos mensajes y por ello no solo se debe considerar un problema social, si no también de salud pública.

Para conseguir comprender y querer los cuerpos y la naturaleza femenina debemos tener en cuenta las citas de Bourdieu: “La imagen social del cuerpo, con la que cada agente tiene que contar, sin duda desde muy temprano, se obtiene por tanto mediante la aplicación de una taxonomía social, cuyo principio coincide con el de los cuerpos a los que se aplica. Así pues, la mirada no es un mero poder universal y abstracto de objetivación, es un poder simbólico cuya eficacia depende de la posición relativa del que percibe y del que es percibido o del grado en que los esquemas de percepción y de apreciación practicados son conocidos y reconocidos por aquel al que se aplican”.

Si la percepción de ésta naturaleza cambia, la mujer será libre. Libre de decidir sobre su cuerpo.

Un reportaje de: Zoe Calvo (zoecalvogarcia@gmail.com)

 

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