La (no) huella de la moda

by Federico Ferrari,

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Cuando era algo de unos pocos, el termino “sostenibilidad,” era poco comprendido. En 1983 la “World Commission on Enviroment and Development” la definió como “el desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer a las generaciones futuras”. En la actualidad, debido al estado actual del planeta, las industrias han sido expuestas por el daño que causan con su producción. La indumentaria es hoy por hoy la segunda más contaminante del mundo, sin embargo, cuenta con diversos actores los cuales hace tiempo han decidido comprometerse, a pesar de las dificultades, con un proceso que respete al medio ambiente. Como es el caso de Florencia Dacal, dueña y diseñadora de la firma argentina Dacal, la cual hace ya hace cuatro años generó un proyecto donde da una segunda oportunidad a prendas olvidadas y enseña a la gente a poder intervenir y crear sus modelos, generando conciencia y compromiso.

“El problema es que la ropa sobra”, afirma Florencia, quien decidió desarrollar una firma que busca “generar la menor cantidad de huella posible”. Con su hermana Lola, que se encarga del contenido audiovisual de la firma, Dacal creó un “proyecto integral de diseño sustentable” el cual da “una solución al desperdicio textil mediante al reciclaje,  que le aporta valor”. No solo toman prendas abandonadas, sino que las reinsertan, incorporándolas al circuito económico: “Yo estoy haciendo que el segundo ciclo de esa prenda sea muy durable”, sostiene la diseñadora.

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La tipología que utiliza son generalmente camisas, las cuales mejora o transforma en camperas, monos y vestidos: “Todo viene por observar, yo las elegí porque es lo que más se descarta y por lo tanto lo que más se usa”.  Las mismas no se limitan a un género, sino que busca abrir el espectro para que cualquiera pueda usarlas, siendo para todos los cuerpos y todas las temporadas. Además, Dacal eligió no guiarse por el calendario de la industria, sino que prefirió generar series de prendas: “Tanto hablamos de desacelerar la moda, esto para mí es una estrategia de producir según la necesidad y el material disponible”, declara.

Las prendas que toma, provienen de ferias de ropa usada, lotes o debido al conocimiento de su entorno por su labor, le llegan grandes cantidades que la gente ya no usa: “Les hago un lavado hipoalergenico con jabón blanco, con poco consumo de agua y trato de hacerlo con luz natural, para tener el menor consumo de energía posible”, declara la diseñadora, que busca generar un sistema sustentable desde el comienzo de la intervención de las mismas. Asimismo,  todos los cortes y los moldes están pensados para que haya desperdicio cero: “Trato de elegir los talles más grandes y conservo todo lo que puedo de eso”. Una vez que están listas, a la hora de confeccionarlas lo hace con una técnica de “pinzas y tablas” que hace que los géneros se adapten fácilmente y “si a la persona le cambio un poco el talle, se lo pueda correr y la prenda va a seguir funcionando”.

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En cuanto al costo de las prendas, asiduamente las firmas sostenibles son catalogadas como “caras” y por desconocimiento o prejuicio, muchos eligen no consumirlas: “Mi marca no es cara, yo estoy haciendo todo para que sea barata, quiero poder brindarle a la gente mis prendas en un precio justo”. A la hora de ponerle un valor a las mismas, Dacal afirma que “un precio justo es cobrar lo que corresponde el trabajo, y el material que estoy poniendo, que son cosas únicas y de buena calidad”. Con respecto a la forma del público de evaluar qué comprar, Florencia sostiene que la lupa esta en los que eligen producir respetablemente, de una manera más exigente. “Nosotros sí nos ponemos a pensar en cómo hacemos, cómo producimos y a otros que ni siquiera lo piensan, la gente se lo deja pasar y sale contenta con una bolsa con un logo gigante”, sostiene.

Para poder comprometerse con este tipo de producción, Dacal tuvo que tener en cuenta distintos factores para poder generarlo de una manera real y genuina: “Lo social, lo ambiental y lo económico son las patas de la sustentabilidad. Y ahora se está empezando a ver la política como la cuarta pata”, exclama. La responsabilidad es la cuestión que Florencia remarca como un valor necesario para la evolución de la industria: “Las empresas tienen responsabilidad”, afirma. Y también considera que el estado debe poner el foco en la misma, más allá de campañas de concienciación a los ciudadanos.

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El proyecto decidió no solo quedarse en la producción de series de prendas, sino que eligió poder enseñar cómo hacerlo, y así junto a la dueña de la marca sostenible Fauna Brava decidieron abrir el Club Social de Costura donde ambas dictan talleres de moldería, reciclado y costura libre: “Muchos llegan con miedo a coser, nosotras les decimos desde el primer día que ya están cociendo”. Además, confiesa que él mismo se transformó en un espacio de creación, de reunión y donde los participantes cuentan con el asesoramiento de las mismas.

Trabajando en un país donde la sostenibilidad no tiene todavía una estructura que permita a las firmas desarrollarse cómodamente, Dacal decidió optar por un camino de respeto y compromiso: “Es algo progresivo, no es algo tan drástico, yo siempre digo que son pequeñas decisiones que hacen a la diferencia”.

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