Diseñar sin gravedad: así vestiremos en el espacio

by Raquel Bueno,

Un equipo de diseñadores del IED Barcelona ha creado el vestuario para el proyecto The Zero-Gravity Band, que se presentará durante la próxima edición del Sónar+D 2018 en Barcelona. El proyecto artístico-científico reflexiona y teoriza sobre la producción artística y la percepción estética en gravedad cero. Se trata, en esencia, de tres vestidos inteligentes pensados para utilizarse en ausencia de gravedad en el proyecto que presentará la entidad sin ánimo de lucro Fundación Quo Artis en la edición de este año del festival, elaborados de la mano de tres exalumnos del Título Superior en Diseño de Moda y del BA (Hons) in Fashion Design de la escuela: Denise Graus, Toni Sobrino y Masha Novikova, supervisados bajo la tutorización atenta de Francesc Grau y Tatiana de la Fuente.

Albert Barqué-Duran: Se trata de un proyecto científico revestido de una vertiente artística. Se produce conocimiento académico y científico nuevo pero, a la vez, también nuevos productos culturales y artísticos.

The Zero-Gravity Band surge de las investigaciones de Elisa R. Ferrè, directora del Vestibular Multisensory Embodiment de la Royal Holloway University of London, sobre cómo los humanos perciben y experimentan la estética en condiciones de microgravedad. Los artistas Albert Barqué-Duran, investigador y artista de la City, University of London, y Marc Marzenit, músico, compositor y productor musical, han querido investigar qué pasa cuando la gravedad queda prácticamente eliminada en un vuelo parabólico experimental, durante el que los pasajeros se encuentran en un estado de microgravedad durante 22 segundos. Ambos han ideado y conceptualizado el proyecto, que contará con una instalación inmersiva de luz con sonido en 360 grados que recrea un ambiente de gravedad cero, en colaboración con el estudio de investigación audiovisual Playmodes; y una exhibición de prototipos de vestidos inteligentes espaciales y de materiales para realizar creaciones plásticas y musicales en ausencia de la gravedad.

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El artista Albert Barqué-Duran, a través del objetivo de Marina de Luis. © Todas las imágenes por cortesía del IED Barcelona.

Los tres looks definitivos –un traje para Ferrè, otro para Barqué-Duran y un tercero para Marzenit– han sido diseñados pensando en la personalidad de cada uno de los artistas y podrán verse durante el festival Sónar+D en el marco de la instalación sonora-lumínica inmersiva creada por los artistas, que inducirá al público a sensaciones similares a las de la falta de gravedad mediante datos de variables físicos y corporales y a través de la estimulación visual y auditiva. Su objetivo es ambicioso: experimentar cómo varia la percepción estética en tales condiciones. “Se trata de un proyecto científico revestido de una vertiente artística. Se produce conocimiento académico y científico nuevo pero, a la vez, también nuevos productos culturales y artísticos”, explicaba Albert Barqué-Duran a propósito de ello.

Intentamos responder a grandes preguntas a las que nos enfrentamos a día de hoy como sociedad. ¿Cómo cambia el arte al trasladarlo fuera del planeta Tierra? ¿Y cómo cambia la producción artística a nivel de materiales?

El proyecto busca generar una reflexión sobre cómo será la producción artística y la percepción estética fuera del planeta Tierra y, concretamente, sobre qué implicaciones culturales y artísticas tendrá. “Intentamos responder a grandes preguntas a las que nos enfrentamos a día de hoy como sociedad. ¿Cómo cambia el arte al trasladarlo fuera del planeta Tierra? ¿Y cómo cambia la producción artística a nivel de materiales?”, añadía Barqué-Duran. A su vez, pretende crear un diálogo entorno a dicha cuestión entre investigadores de disciplinas tan diversas como la artística, la científica, la tecnológica, la humanística y la filosófica.

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© Luiza Lacava para IED Barcelona.

El vestuario, sin ir más lejos, se nutre de los recientes descubrimientos científicos sobre La estética de la verticalidad: una contribución gravitacional a la preferencia estética (Gallagher y Ferrè, 2018) para que todos sus componentes sean percibidos en su pleno esplendor bajo condiciones de gravedad cero, modificando su percepción a nivel estético. Su creación, explica Denise Graus, ha requerido de un importante ejercicio de imaginación: “No sabemos realmente si la tela pesa igual. Es un primer contacto y hemos intentado jugar con la idea de lo artesanal y lo tecnológico, porque el momento actual nos hace plantearnos: ¿Qué es mejor, dar un paso atrás y producir a mano o ir hacia la impresión 3D? El 3D, en el espacio, yo lo veo muy complicado. Pero al final se trata de imaginarte algo que no has visto jamás”. Y este fue, de hecho, el gran dilema de los diseñadores: intentar trasladar parte de la Tierra a sus diseños porque, en el caso hipotético de ir a vivir en el espacio, nuestras raíces resultarán imprescindibles.

Denise Graus: No sabemos realmente si la tela pesa igual. Es un primer contacto y hemos intentado jugar con la idea de lo artesanal y lo tecnológico, porque el momento actual nos hace plantearnos: ¿Qué es mejor, dar un paso atrás y producir a mano o ir hacia la impresión 3D? Al final se trata de imaginarte algo que no has visto jamás.

En consecuencia, materiales técnicos y futuristas se mezclan con otros más terrenales como rafias, paja, semillas o flores secas para evocar el binomio tierra-espacio y aportar una melancolía terrestre tecnológica a los artistas. Para conseguirlo se han inspirado en diseñadores como Martin Margiela, y se ha manipulado los tejidos incorporando estos pequeños recuerdos terrestres que permitirán, de forma hipotética y en la medida de lo posible, crear vida en otro planeta. Asimismo, se han diseñado también estampados inspirados en diferentes elementos propios del planeta azul como el agua, la contaminación lumínica de las grandes ciudades o las zonas industrializadas; y se ha apostado por colores blancos y grises que evocaban, para los diseñadores, la esencia tecnológica o, en palabras de Graus, “el contraste del no saber”. Colores, en definitiva, que no despistan.

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© Marina de Luis para IED Barcelona.

¿El resultado final? Es fruto de un proyecto colaborativo con Eurecat (Centro Tecnológico de Cataluña), que manifiesta la necesidad de incorporar en el traje un dispositivo con sensores que recopile una serie de variables corpóreas y constantes vitales del individuo para detectar, monitorear y aportar datos de su estado fisiológico, de la mano de Paul Lacharmoise. Los diseños, además, se han concebido bajo una perspectiva estética en 360 grados. Es decir, aportando diferentes siluetas y formas según las condiciones de gravedad en las que se encuentren. ¿Cómo? Con texturas, volúmenes y transparencias que aportan dinamismo a las prendas y alteran la forma en que éstas se perciben en movimiento. Ese ha sido, en palabras del diseñador Toni Sobrino, uno de los mayores retos: “En la escuela (de moda) nos enseñan a diseñar sobre plano, con gravedad. Pero a nivel estético la no-gravedad da a la parte creativa mucha más libertad, y también a los materiales. En gravedad cero puedes trabajar con materiales más pesados y usarlos sin dotar a los diseños de mucho más peso”.   

Toni Sobrino: En la escuela (de moda) nos enseñan a diseñar sobre plano, con gravedad. Pero a nivel estético la no-gravedad da a la parte creativa mucha más libertad, y también a los materiales.

La dificultad y la oportunidad residen, como resultado, en la espontaneidad de lo desconocido; en ese ejercicio de imaginación sin precedentes que se propone reflexionar sobre la posibilidad de vivir en otro planeta confrontando los ideales más futuristas con los más primarios y terrenales, como el de volver a crear una civilización. “Nos planteamos también nuestra profesión en gravedad cero porque para coser, también, es necesaria la gravedad”, señalaba Sobrino. Y como la moda, y el arte en general, deberán ser parte irrenunciable de esta nueva sociedad, merece la pena averiguar cómo se manifestarán en un futuro en que, la gravedad, entre otras muchas cosas, no estará garantizada. Las posibilidades, desde luego, están todavía por explorar; y el resultado promete romper con cualquier tipo de estereotipo y barrera mental. Barqué-Duran lo confirma: “Hasta hace un tiempo tenía una idea de lo que era la creatividad pero, con este proyecto, hemos tenido que asumir otra distinta, empezar desde cero y diseñar cuáles son las normas, los patrones…”. Nosotros, desde aquí, seguiremos siguiendo el proyecto muy de cerca. Y quién sabe, quizás, en un futuro cercano, sigamos también su viaje a las estrellas.

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© Luiza Lacava para IED Barcelona.

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© Luiza Lacava para IED Barcelona.

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© Luiza Lacava para IED Barcelona.

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© Luiza Lacava para IED Barcelona.