Working girls by Rabaneda

by Pablo Gandia,

Working girls by Rabaneda | itfashion.com

Corren malos tiempos para la moda española. Tan solo hace falta acercarse al recinto de IFEMA, durante los días en los que se celebra la semana de la moda madrileña, para darse cuenta de que algo falla. Quizás sea la vanidad barata que se respira en el ambiente, la débil repercusión mediática o, simplemente, la falta de interés por parte de la ciudadanía en general. Sea cual sea la razón, en este escenario, más parecido a un carnaval que a un punto de encuentro de estilo y tendencias, los diseñadores nacionales más importantes presentan sus nuevas propuestas. En la última edición, celebrada el pasado fin de semana y enfocada a la temporada primavera verano del 2015, conocimos por primera vez al diseñador sevillano Daniel Rabaneda: un artista dedicado enteramente, desde hace cuatro años, al cuerpo de la mujer. Su compromiso y obsesión por alcanzar la excelencia le ha permitido ganarse una plaza más que merecedora en la industria española. Pero, siendo consciente de las limitaciones que ésta presenta, Daniel no ha dejado de mirar hacia el mercado exterior. Sus colecciones avanzan cada temporada en minimalismo y funcionalidad, justamente para adaptarse a la mujer del siglo XXI. Una mujer que se ha cansado de estar a la sombra de la figura masculina. Ahora, segura de sí misma, ya no necesita vestirse para gustarles a los hombres. Ella es su propio referente y Rabaneda, su mejor consejo. Por esta razón, y también para conocer de cerca las ideas y opiniones de una gran mente creativa, decidimos entrevistar, entre bambalinas, al joven diseñador.

¿Cuáles son las bases de tu nueva colección primavera verano?

Este último trabajo está inspirado en el delantal. Cuando comencé a investigar para la colección del International Woolmark Prize, para el que fui nominado como candidato español, quería hacer algo diferente al resto de países. Una propuesta que fuese única y que no pudiese ofrecer ni el francés ni el italiano. Empecé a ver fotos antiguas de mi familia y me di cuenta de que todas las mujeres iban siempre impecables con su delantal. Me gustó la idea de rescatar esa pieza para volver a incluirla en el día a día. Pero a medida que la colección avanzaba, ese elemento se fue perdiendo un poco en los bocetos y se fue transformando en el concepto de prendas que contienen a otras. Aunque no para protegerlas, como es el caso del delantal, sino para darles nuevas formas y jugar con las siluetas.

¿Qué te gustaría aportar con esta última colección?

La verdad es que cuando realizo mi trabajo nunca me planteo la aportación que hago al mercado. Simplemente intento seguir desarrollando la marca Rabaneda y encontrar nuevas formas de expresión. Al fin y al cabo, esta empresa es todavía muy joven y aún sigo buscándome a mi mismo para poder ofrecerle una identidad.

Después de cuatro años dedicándote en cuerpo y alma a la industria de la moda, ¿cómo definirías a la mujer Rabaneda del presente?

Se trata de una working girl en toda regla. Es una mujer nada delicada, cuya vida no se reduce a ir de compras o de cócteles. Muchas veces veo prendas que me fascinan de otros compañeros y siempre percibo esa fragilidad que no encuentro en mi mujer. Ella es mucho más dura, rotunda y con cierto punto sexual. Y creo que va a seguir siempre siendo así: bastante todoterreno.

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¿Cuál ha sido el momento más feliz de tu trayectoria profesional?

Sin lugar a dudas, el International Woolmark Prize fue un paso muy importante. El hecho de ser el diseñador que representase a España en este certamen mundial, que en su día lo ganaron nombres tan potentes como Yves Saint Laurent o Karl Lagerfeld, me dio un toque de atención en cuanto a mi como persona y cabeza creativa de la marca.

Este concurso ha sido una buena oportunidad para ofrecer una proyección internacional a tu carrera. ¿Has pensado alguna vez en producir en otros países?

Por supuesto. Siempre ando con la mirada puesta fuera de España, contactando con clientes internacionales y revisando cómo funcionan los mercados extranjeros. Además, considero que mis prendas no están hechas para la sociedad actual de nuestro país. No quiero dedicarme solamente a las cuatro mujeres que se atreven a llevar mis prendas. Rabaneda consiste en una idea un poco más ambiciosa y creo que en España, esa mujer a la que me enfoco, es una minoría muy reducida. Sé que en Estados Unidos, Reino Unido o Japón la puedo encontrar perfectamente a un volumen mucho mayor, así que a plazo medio terminaré marchándome.

En los últimos años este sector ha experimentado un gran auge y parece ser que, de la noche a la mañana, a todo el mundo le apasiona. ¿Por qué crees que es así?

Desde hace tiempo se viene hablando de que la moda está de moda. Pienso que, aparentemente, esta es una industria muy divertida y atrayente. De hecho, el viernes estaba hablando con un amigo sobre el libro El secreto y comentábamos que el ser humano necesita llenar vacíos. Con el tiempo, lo consigue al hacer cosas que le permiten ser reconocido socialmente. Y una buena manera de serlo es dedicándose a un trabajo público como el de actor, diseñador o presentador de televisión. Pero, sinceramente, adentrarse en este mundo tan solo por la popularidad que pueda ofrecer, es un tremendo error. Luego uno se da cuenta de que se trata de un trabajo muy duro y sacrificado, en el que no estás todo el tiempo de fiesta o delante de una cámara, a no ser que seas Marc Jacobs o Karl Lagerfeld.

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¿Es fácil ser diseñador de moda en España?

Confeccionar prendas en nuestro país no es difícil. Supongo que tiene sus puntos buenos y sus puntos malos, como todo en la vida. Por un lado, es favorable, ya que crear una marca en Estados Unidos, con la cantidad de artistas que intentan ganarse un hueco en el mercado, sería una tarea bastante imposible. Pero, por otro lado, en España tienes un menor respaldo económico y el reconocimiento que puedes adquirir no es ni comparable al de Reino Unido, Francia o Italia.

En las últimas ediciones, la semana de la moda de Madrid ha perdido una gran importancia mediática a pesar de estar patrocinada por Mercedes Benz. ¿A qué se debe esta situación?

(Se produce un silencio de varios segundos) Estoy seguro de que le falta algo, pero no sé exactamente el qué. Las fechas coinciden con las de la fashion week de Londres. Sin embargo, la parte técnica es muchísimo mejor. La organización de los desfiles no tiene ni punto de  comparación con la de otros países. Si te vas a Nueva York, a París o a Milán, los diseñadores se lo tienen que montar todo por su propia cuenta. En cambio, aquí hay un equipo detrás que se encarga de la agencia de modelos, el maquillaje y el sonido. El principal problema de Madrid es que no tiene el tirón mediático que adquieren otras semanas de la moda. París vende tradición a través de firmas como Chanel y Dior; Italia también sucumbe a la historia a través de Versace o Prada; y Londres y Nueva York han sabido ofrecer un punto revolucionario mediante firmas jóvenes pero consagradas. Entonces, ¿dónde se sitúa Madrid? Indudablemente le falta posicionamiento, encontrar su propio lugar. Ir más allá de la marca que vende a través de su nombre.

Otro de los problemas que presenta la moda española es el escaso atrevimiento de los clientes a la hora de comprar las prendas. ¿Qué se necesita para que esta mentalidad desaparezca con los años?

Hace falta un punto de riesgo. Si te vas a la zona financiera de Nueva York puedes encontrarte a mujeres con un estilo increíble, con sus vaqueros boyfriend, sus tacones y abrigos hiper grandes. En cambio, en España, eso cuesta mucho verlo, a no ser que se trate de una editora de moda. Ante todo, creo que necesitamos más que un shock, una educación en la moda nacional. En nuestro país la gente se toma este mercado como algo gracioso y sin importancia. No sabe cuando son las fashion weeks y, los pocos que lo saben, van al cibelespacio a hacerse fotos, maquillarse y coger revistas gratis sin ver los desfiles. En otros países, gran parte de los ciudadanos tienen apuntado en el calendario las semanas de la moda porque, para ellos, constituyen una industria que reporta grandes beneficios anuales. No obstante, creo que el trabajo se está empezando a desarrollar ahora gracias a la Asociación de Creadores de Moda en España (ACME), con los proyectos de llevar la ropa a la calle e instalar pantallas en el centro de Madrid. A pesar de que es el primer año que se realiza, es un trabajo que quizás, en unos cinco o diez años, tendrá sus resultados.

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¿Cuáles crees que son las directrices que va a tomar la industria de la moda en los próximos años?

La gente se cansa de emprender proyectos, trabajar duro y no poder avanzar. Al fin y al cabo, la moda es una industria más, y como sucede con el resto, la gente bien formada y con capacidad se está marchando fuera. Me encanta por ejemplo lo que ha hecho la firma Delpozo: a día de hoy está en Nueva York, sabe que ha conseguido un sitio allí, pero en ningún momento ha renunciado a ser una firma española. En cada una de las colecciones que presenta siempre realiza un guiño a nuestro país. Cogiendo modelos españolas como Blanca Padilla o utilizando los colores que más nos representan. Ha hecho un buen trabajo demostrando que la marca España merece la pena, pero creo que también hay que trabajarlo desde aquí. Debemos demostrar que nuestras semanas de la moda son igual de impresionantes que las demás; que existen buenas marcas y que, por ello, deben venir a comprar a nuestro país. Tan solo es cuestión de unirnos todos y trabajar en el lavado de cara que realmente necesitamos.

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