Mar sin ley: crónica de un naufragio mexicano

by Pablo Gandia,

Mar sin ley: crónica de un naufragio mexicano | itfashion.com

Son las siete y media de la tarde. Es el último día de la semana de la moda madrileña, reservado para que los jóvenes diseñadores presenten sus colecciones. Afuera del recinto, la mayoría de periodistas y fotógrafos de street style se han marchado ya, lo que denota que, prácticamente, ya nada importante a nivel mediático va a suceder dentro. Pero se equivocan. En la pasarela, las luces se encienden y el sonido del mar inunda, nunca mejor dicho, los cinco sentidos de los asistentes. Veinte modelos caminan sobre la pasarela al ritmo del vaivén de las olas. Aparecen y desaparecen, dejando tras su paso un halo de misterio y masculinidad. Se trata del último trabajo de Victor von Schwarz, inspirado en el naufragio de un barco de narcotraficantes ocasionado por el canto de las sirenas.

Justamente dos horas antes del desfile, hemos podido entrar en el vestuario del joven creador y hablar con él sobre los detalles de su tercera colección. Tímido y reservado, cada palabra suya supone un esfuerzo por desvelar la identidad que, hasta ahora, siempre había mantenido en el anonimato. “Este último trabajo es una mezcla de los dos anteriores. La primera colección fue muy sobria y elegante, la segunda presentaba un aire más joven y, esta tercera, ha sabido combinar lo más importante de cada una de ellas para ofrecer, a través de la inspiración del naufragio, una nueva parte de mí”.

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En su corta pero intensa carrera como diseñador, Victor ha ido acercándose a la cultura asiática para encontrar los fundamentos de sus prendas. Su segunda colección nos evocó a una generación de jóvenes nipones que rompieron con todas las demás propuestas presentadas. Sin duda, demostró en ella una obsesión asiática, carne de Tumblr, que marcó en su trayectoria un antes y un después. Tanto fue así que, incluso ahora, doce meses más tarde de aquella experiencia, el diseñador ha confeccionado una nueva colección incapaz de desprenderse de su pasado. “Aunque sea un trabajo inspirado mínimamente en México, los looks recuerdan al estilo de la música pop coreana, en especial los lazos en la cabeza, los brillos de los tejidos y la pedrería de las cazadoras y sudaderas. Después de todo”, añade, “Asia me ha ayudado a ser menos minimalista y a recargar más los looks, aunque las prendas, al fin y al cabo, siguen siendo las mismas”.

Victor forma parte de una nueva etapa en la industria de la moda en la que las redes sociales juegan un papel imprescindible. Y es que, a día de hoy, Facebook o Instagram sirven para algo más que mantener el contacto entre amigos. Se consolidan, a un ritmo vertiginoso, como una herramienta para dar a conocer el trabajo de los diseñadores y establecer, a partir de la conexión visual, una relación de admiración o indiferencia. “Para mí, Internet lo es todo. Empezar una trayectoria creativa y que el mundo pueda llegar a conocerla es muy difícil sin la ayuda de las redes sociales. Si no fuese por ellas, tan solo podría desfilar en plataformas como EGO, después saldría unos segundos en la televisión y la gente se olvidaría de mi al minuto siguiente. En cambio, con Internet adquiero notoriedad y tengo la capacidad de compartir todos los proyectos que realizo”.

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Cuando Victor pronuncia por primera vez la palabra EGO, surge la oportunidad perfecta para hablar sobre las plataformas de talento emergente. La mayoría, adjuntas a las fashion weeks, sirven de intermediarias entre el diseñador y el público para facilitar –y aumentar- la relación de oferta y demanda. Pero, en algunas ocasiones, exponerse dentro de estos medios supone algunos inconvenientes a tener en cuenta. “La etiqueta de joven diseñador a la que puedes encasillarte no es nada buena para las tiendas, porque ellas son las primeras que tienen miedo a arriesgarse y a que les falles en algún momento. Otra de las desventajas es la promoción que debemos hacer de los productos tecnológicos que nos patrocinan. Llevar un móvil o una tablet en la pasarela muchas veces puede destrozar un look, pero en las últimas dos colecciones, he tenido la suerte y la casualidad de mostrar prendas que se adaptan de forma fácil”.

Es precisamente esta adaptación uno de los puntos fuertes de Victor von Schwarz, tanto en su marca como en su visión personal. Y somos conscientes de ello cuando hablamos con él sobre los proyectos que están en mente o van a acontecer. Para el diseñador, el futuro es el lugar inquietante donde superar las limitaciones del mercado español. Victor ansia, ante todo, formar parte de la industria asiática y se está preparando para montar su propia tienda en Taiwán. “Me he puesto una fecha límite de cuatro años para crear este proyecto. Allí estoy seguro de que existen más posibilidades de producción porque, al fin y al cabo, a la mayoría de adolescentes les gustan las prendas de diseño y tienen el suficiente dinero para comprárselas”. Quizás, algún día, este joven pueda llegar a presentar sus colecciones en las semanas de la moda de China. Pero, mientras tanto, aún le queda mucho por demostrar en nuestro país. Un largo recorrido que, seguramente, trazará con éxito.

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