La fiesta de Chanel en Métiers d’Art

by Alba Correa,

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Yannis Vlamos, vía Vogue.com.

París era una fiesta, y Chanel, más Chanel que nunca. Karl Lagerfeld quiso que la presentación de la colección prefall 2017 tuviese como escenario a una ciudad necesaria para la identidad de la maison, y fue el Hotel Ritz de París, en el marco del Chanel Métiers d’Art, la ubicación soñada para Paris Cosmopolite. Una colección de lujo y sofisticación en las claves de antaño, que dirigiendo su mirada a tiempos pasados reivindica para hoy el valor de la elegancia cosmopolita de entonces: “Vivimos en un mundo distinto. Pero puedes hacer una colección que es una evocación dentro del espíritu moderno de hoy”, declaraba Lagerfeld sobre el desfile en unas palabras recogidas por Women’s Wear Daily.

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Giovanni Giannoni, vía WWD.

El espacio-tiempo evocado no podría ser más oportuno. De una mano, la inspiración incuestionable de los años 20 y 30, en los que el nombre de la firma, fundada en 1910, marcaría los hitos que la harían pasar a las páginas de la historia, -de la moda y de la que se escribe con mayúsculas también-. De otra, el Hotel Ritz, que Gabrielle Chanel convirtió en su hogar durante más de treinta años. Una cita para la que Lagerfeld no ha querido escatimar en detalles, mimando a la prensa internacional reunida en el Ritz con todo tipo de atenciones, y para la que ha contado con modelos icónicas como Mariacarla Boscono, otras esenciales para la firma como Cara Delevingne, y una nueva generación de modelos encarnada por Lily Rose Depp. Un casting que refleja la intención de hacer de Chanel el signo de un tiempo cambiante y el esfuerzo intenso de la maison por estar a la altura del mismo.

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Yannis Vlamos, vía Vogue.com.

Más de sesenta salidas en las que, por esta vez, no había pretensiones urbanitas ni de rabiosa actualidad, sino la reivindicación de una elegancia elitista, colmada de un sentido de la sofisticación marcado por el legado. Legado que lleva el nombre de Chanel entretejido con el de París. Que huye de la carne de Instagram y de el momento it en busca de un concepto de lujo que presumiblemente Lagerfeld entiende como duradero, auténtico y valiente. Para ello la silueta se ensancha en los hombros y se afina hasta media pierna, el cuello se adorna con perlas, otro icono de la firma, o con delicados fulares. El brillo es protagonista. Lo es en las telas que reflejan la luz, las lentejuelas, la pedrería y los brochados, producto de las manos que trabajan en los talleres de alta costura, adquiridos por la maison ya en tiempos de Lagerfeld y que no aspiran a otro nivel de calidad que el de la exquisitez. Pero las telas joya, complicadas y maravillosas, requieren de un grosor y una rigidez tal para soportar todo el peso y el detalle que se les aplica, que pecan de restar la flexibilidad y la ligereza que hicieron de Chanel un sinónimo de libertad en la primera mitad del siglo XX. La silueta se acartona y el movimiento es casi inexistente, convirtiendo, desde hace ya muchas temporadas, a las modelos en personajes de obras pictóricas, inmóviles y parapetadas detrás del volumen arquitectónico de las prendas. Hacia el final del desfile, con la llegada de los diseños pensados para la noche, Chanel parece fluir un poco más, aunque sea tímidamente. Llaman la atención dos vestidos de punto por pegarse al cuerpo, tan desaparecido siempre bajo la pantalla de los tejidos.

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Yannis Vlamos, vía Vogue.com.

La colección no esconde un deseo íntimo de devolver a París el orgullo de lucir la vieja etiqueta del lujo cosmopolita, de recordar una matiz de su identidad que Lagerfeld considera susceptible de apagarse por el miedo. Reclama la alegría del lujo como carácter parisino, sin tener en cuenta que el paso del tiempo afecta tanto al espíritu de las ciudades como al concepto de lujo, y que tal vez hoy París merezca una imagen más ajustada a su identidad contemporánea. Una llamada contra el miedo, valiente y oportuna, pero con una gramática prestada de otra época.

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Giovanni Giannoni, vía WWD.

Después de hacerla desfilar por el mundo, Chanel regresa a su casa de París, al Ritz, donde en los años 50 Hemingway recuperó en el sótano un portaeequipajes de Louis Vuitton que había dejado en 1930, y que contenía las notas autobiográficas que constituirían su obra póstuma París era una fiesta. Un texto que ha sido reivindicado tras los atentados de París como recordatorio neceario de la esencia de París, retratado en los tiempos de Gertrude Stein, Ezra Pound y Scott Fitzgerald.

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Giovanni Giannoni, vía WWD.

Lagerfeld incide en el lujo inherente de Chanel y París en un año en que las cuentas no le han sonreído en el panorama europeo, y que sólo la apertura al mercado asiático ha conseguido salvar. Una apertura que se ha cobrado al mercado europeo con el encarecimiento de los productos para poder soportar la nivelación global de los precios de la firma. Son hechos reconocidos por Pavlosky, presidente de moda de Chanel, que según recoge el WWD, al preguntarle por las previsiones para 2017, argumenta que la compañía necesita ser “más y más ágil” para ser capaz de adaptarse a los cambios de la geopolítica global.

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Giovanni Giannoni, vía WWD.

Y ante los nuevos retos de un mundo cambiante, digitalizado y global, y a los rumores y secretos a voces que sacuden las redacciones de moda, Lagerfeld no parece dar un paso atrás, y se sigue colocando como el encargado de inyectar esa “agilidad” en el nuevo paso de la firma.

 

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