Chanel Alta Costura ss17

by Alba Correa,

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Ni el primer desfile en tierras cubanas ni una sentida vuelta a las raícesKarl Lagerfeld sigue sin dar un paso atrás, y a sus 83 años continúa ocupando el trono más codiciado e incómodo del panorama de la moda. En tres décadas al frente de Chanel su idiosincrasia estética se superpone ya hoy a la de la famosa costurera Y es difícil negar que su legado forme parte del ADN de la firma.

Los homenajes a los elementos icónicos de la herencia de Gabrielle Chanel se repiten colección  tras colección hasta hacernos dudar de si de verdad estos eran genuinamente iconos, o si él los ha colocado ahí, subrayándolos y cosiéndolos a la piel de su predecesora. No ha sido menos en esta ocasión, con motivo del desfile de la colección de alta costura primavera/verano 2017. El Grand Palais evocaba esta vez la histórica escalera de la vivienda y estudio de Coco Chanel, redonda y cubierta de espejos, como escenario para una colección brillante, o, en palabras del propio Karl, “impecable”.

La luz brillaba en cada esquina, en cada costura, y con ella una racionalidad luminosa para una colección que rallaba en el pragmatismo. La ausencia de delirios de artesanía en la decoración de los tejidos así parecía indicarlo, así como una división secuencial perfecta en la presentación. Impecable.

Abría el desfile una amplia serie de trajes sastre en una delicada gama de pasteles que a Suzy Menkes le hacía pensar en macarons. El tejido, otro clásico de la casa, el tweed Chanel, de fibras poco torsionadas y pasadas por el matiz Lagerfeld: una interpretación arquitectónica que resta en flexibilidad y esconde el movimiento haciendo del tejido una pantalla para el cuerpo. Como novedad, la cintura reaparece, ciñéndose con un cinturón, y que la cintura sea protagonista en Chanel siempre es noticia, pues se aleja de los conceptos estéticos de Coco. La falda lápiz fuerza pasos más cortos, los pies calzan salones con pulseras de perlas. Otro icono más.

Al caer la tarde la diversión se adueña de las prendas, y donde antes había detalles brillantes ahora hay superficies cubiertas de lentejuelas. Comienzan a aparecer vestidos cóctel preñados de minivolantes, faldas abullonadas y pronunciados escotes con cuello halter. Una secuencia de altos niveles de deseabilidad que Lagerfeld remata con unos vestidos de patronaje al más puro estilo art déco. Hay terciopelo, hay brillos, hay lentejuelas plateadas y hay plumas. Como broche final, el tradicional vestido de novia lo viste Lilly Rose Depp, nueva musa del alemán, y ésta vez es de un rosa pálido y cubierto de volantes.

Karl no se quiere ir. Ya pueden acumular borradores sobre su jubilación todas las redacciones de las cabeceras de moda del mundo. Pavlosky, presidente de Chanel (de las pocas firmas que continúan siendo independientes frente a los grandes holdings de lujo) advertía durante la cita del Métiers d’Art que haría falta mayor agilidad para encarar los retos que presentan los nuevos tiempos, como velado reproche por la caída de las cifras, salvada sólo por la apertura al mercado asiático. Pero Lagerfeld parece resuelto a asumir el compromiso. No por ello nos dejó callados a todos los que lo dábamos por retirado después de Cuba. El hombre que sobrevivió a Fidel en activo, no parece arrugarse en una nueva era Trump.

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