Carlota Barrera, una carta de amor a la sastrería contemporánea

by Anna Pardo Fernández,

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Carlota Barrera, a través del objetivo de Carlos Torres. © Carlota Barrera/Finally Press.

La MBFW Madrid  busca en la actualidad convertirse en un escaparate de la moda española en el mundo. La última edición del certamen ha estado marcada por la polémica generada a raíz de su nueva estrategia, pero, más allá de esta noticia, la moda nacional ha brillado con nombres como Juan Vidal o Palomo Spain. Dentro de la plataforma off de la pasarela, Carlota Barrera ha deslumbrado al sector con un debut inspirado en la tradición castiza bajo el nombre The Matador and the Fisherman. La joven diseñadora, con base en Londres, triunfa también en su faceta como ilustradora. Y aunque su carrera no ha hecho más que empezar, su futuro parece muy alentador. Hablamos con la talentosa diseñadora para conocer más a fondo su universo creativo y su debut con una colección que ha enamorado a la prensa especializada.

Con el tiempo he descubierto el oficio de la sastrería, el mundo interior de las prendas, el tiempo y dedicación que hay que invertir en una prenda bien hecha, y lo bello que es transformar ese sueño que al principio era un boceto o una fotografía en una prenda que no sea sólo algo creativo, sino que además siente bien.

¿Qué te llevó a estudiar diseño de moda? Cuando era pequeña quería estudiar arquitectura. Como vi que las matemáticas no eran mi fuerte, encontré en la moda una forma de aplicar esos volúmenes y estructuras a otro tipo de cuerpo. El hecho de ver algo de una forma que no se había concebido antes, ya sea descontextualizándolo, cambiando sus proporciones originales, volúmenes o materiales, era algo que me fascinaba. Por ello admiraba muchísimo a artistas como Frank Gehry, Martin Margiela, Christo and Jeanne-Claude… Cada uno en su campo, pero todos ellos han jugado con los límites del funcionalismo, el arte y el diseño. Además, con el tiempo he descubierto el oficio de la sastrería, el mundo interior de las prendas, el tiempo y dedicación que hay que invertir en una prenda bien hecha, y lo bello que es transformar ese sueño que al principio era un boceto o una fotografía en una prenda que no sea sólo algo creativo, sino que además siente bien. Antes admiraba la moda sólo como arte, ahora también la respeto mucho como industria.

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El moodboard de la colección masculina S/S 2019 de Carlota Barrera. © Carlota Barrera/Finally Press.

Eres también ilustradora. ¿Utilizas tus bocetos para crear moda o es una afición que llevas a cabo en paralelo al diseño? Tengo dos formas de dibujar, depende de si estoy trabajando o en mi tiempo libre. En mi tiempo libre me siento a dibujar con música y me dejo llevar completamente, el fin es lo que se plasma en el papel y no va más allá. Lo hago por pura diversión. Cuando estoy trabajando en una colección sí que dibujo, y mucho, pero de otra manera. Lo que se plasma en el papel es solo el principio, por lo que hay muchos bocetos sin terminar, bocetos sobre los que vuelvo a dibujar días más tarde, bocetos que recorto y pego en otra parte… Me gusta mucho intervenir fotografías con dibujo, esbozar las primeras formas, trasladar esos detalles que me llaman la atención a los bocetos… Disfruto mucho haciéndolo, la parte de investigación visual y desarrollo de la colección es la que más me gusta.

Intento inspirarme en otras cosas como el arte y la vida cotidiana. Si la inspiración para una prenda es otra prenda que alguien ya ha creado, no hay mucho espacio para la creatividad.

¿Qué aprendizaje te llevas de tu paso por la Central Saint Martins, el IED y el London College Of Fashion? Ha sido una oportunidad maravillosa poder aprender en esas escuelas y de la mano de grandes profesionales, sé que soy muy afortunada por haber tenido la suerte de experimentar las diferentes formas de enseñar de cada una. He podido exprimir al máximo todo lo que me ofrecían y al pasarlo por mi filtro personal, quedarme con lo que me funcionaba de cada una de las escuelas. He aprendido mucho también de mis compañeros, y de mucha gente que no ha tenido que ver con las escuelas. Al final creo que no es tanto dónde has estudiado, si no saber aprovechar cualquier enseñanza, venga de donde venga.

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Parte de la colección The Matador and the Fisherman S/S 2019 de Carlota Barrera. © Carlota Barrera.

¿Un libro, una película y una firma de moda que te inspiren? Si tuviese que escoger un libro sería 84 Charing Cross Road, de Helene Hanff, una recopilación de la correspondencia que mantuvieron una guionista norteamericana y un librero londinense, de tono muy irónico y entretenido. No tiene que ver con la moda, pero sí con otra de mis grandes pasiones, la lectura, y refleja muy bien la impotencia de buscar un libro que han dejado de editar, o que no se encuentra por ninguna parte, y la alegría cuando al fin consigues hacerte con él. Eso pasa también con algunas prendas… Hay millones de películas que me inspiran, pero una muy importante es Plein Soleil, de René Clément. No hay nadie como Alain Delon, y la película en sí es todo un espectáculo. Más que firmas, admiro a muchos diseñadores. Phoebe Philo tiene una delicadeza y un entendimiento del cuerpo femenino increíbles, Véronique Nichanian (Hermès) es alguien que ha entendido muy bien cómo vestir al hombre siendo una mujer, que no es algo fácil. Dries van Noten ha sido y será siempre uno de mis referentes más importantes. Sus colecciones son bellísimas, y él transmite mucho cuidado y respeto por la forma de hacer las prendas. Aun así, intento inspirarme en otras cosas como el arte y la vida cotidiana. Si la inspiración para una prenda es otra prenda que alguien ya ha creado, no hay mucho espacio para la creatividad.

Londres me aporta creatividad, vida, espontaneidad. Hay muchísimo que ver, es una ciudad muy cambiante, y la escena artística está siempre activa y dispuesta a colaborar.

Has trabajado en Pedro del Hierro junto a Carmen March. ¿Qué destacarías de la experiencia? Fue una experiencia maravillosa, tanto en Pedro del Hierro como en los principios de la reapertura de su firma, Carmen March. Fue mi primer contacto con una empresa real, por lo que aprendí cómo funcionaba una firma desde el punto de vista comercial, la importancia de cuidar los acabados y detalles, el papel que desempeña cada uno dentro del equipo… Aprendí mucho, pero lo mejor es que lo hice disfrutando. El equipo era inmejorable, me he llevado grandes amigos de allí.

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Parte del sketchbook de Carlota Barrera. © Ruven Afanador (Carlota Barrera/Finally Press).

Ahora vives en Londres, aunque sigues a caballo entre Madrid, Asturias y la capital británica. ¿Qué te ofrece cada uno de estos lugares? Cada lugar me aporta algo diferente, pero los tres son de alguna manera mi casa. Londres me aporta creatividad, vida, espontaneidad. Hay muchísimo que ver, es una ciudad muy cambiante, y la escena artística está siempre activa y dispuesta a colaborar. Me mudé a Madrid con 18 años, por eso sobre todo es la ciudad en la que empecé a conocerme a mí misma. Madrid es la buena vida, mis amigos y la facilidad para disfrutar de cualquier momento. Asturias es mi lugar de desconexión total. Allí están mi familia, mi perro, mis sitios de siempre, mis amigos de siempre cuando coincidimos allí en vacaciones o fechas señaladas. Cosas como bajar en bici a comprar tomates, o comer con mi familia en la terraza al lado del mar hacen que me relaje por completo. Es muy difícil estar estresado al lado del mar rodeado de familia.

Hacer una colección genderless me parece todo un reto, pero creo que de momento no es el mío. Para mí diseñar es un poco como vestir a una escultura griega. Nunca le pondría una sudadera unisex que la cubra, si no que intentaría que las prendas complementen y eleven su belleza.

Has decidido optar por el menswear en un momento en que parece que las colecciones son cada vez más genderless. ¿Por qué? Hacer una colección genderless me parece todo un reto, pero creo que de momento no es el mío. Me encantan los trajes, los cortes de la sastrería clásica, ser capaz de vestir la figura masculina y jugar con esa figura del hombre que tanto admiro. Para mí diseñar es un poco como vestir a una escultura griega. Nunca le pondría una sudadera unisex que la cubra, si no que intentaría que las prendas complementen y eleven su belleza.

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Parte de la colección The Matador and the Fisherman S/S 2019 de Carlota Barrera. © Carlota Barrera.

The Matador and the Fisherman ha sido tu debut en la MBFW Madrid. ¿Qué papel ha tenido la tradición en la creación de esta colección? Ha tenido un papel muy importante. Desde la investigación visual hasta la ejecución de las prendas, pasando por el desarrollo de la colección y la elección de materiales. Cuando en moda se pregunta por tradición y artesanía siempre se habla más de Francia o Italia, España se deja un poco al margen. Tenemos muy buenos artesanos, pero están quizás más especializados en sus pequeñas producciones, pocos han dado el paso a la moda, y cada vez queda menos gente que esté dispuesta a aprender esos oficios. Mi propósito era llevar esas disciplinas a la moda masculina contemporánea colaborando con artesanos españoles, y contribuir en pequeña medida a mantener vivo ese arte que tanto admiro. También dar nombre y apellidos a esa prenda que vas a ver colgada o te vas a poner. A todos nos gustaría saber de dónde viene lo que tenemos, quién lo ha hecho, y sobre todo saber que alguien ha dedicado su tiempo y sus habilidades para que tú puedas tener esa prenda en tu armario.

Me llamaba mucho la atención qué era lo que atraía a tanta gente a los espectáculos taurinos. Siempre se ha hablado de la lucha del hombre contra la bestia, y me cuestionaba cuál de los dos encarnaba cada papel.

¿Cuál ha sido la inspiración para llevarla a cabo? Me llamaba mucho la atención qué era lo que atraía a tanta gente a los espectáculos taurinos. Siempre se ha hablado de la lucha del hombre contra la bestia, y me cuestionaba cuál de los dos encarnaba cada papel. Ese discurso me llevó a la pesca en alta mar, con El viejo y el mar, de Hemingway, donde un hombre se encuentra solo ante la inmensidad del océano y los peligros que encarna, ya sean tormentas o los animales gigantes que habitan en él. Durante el desarrollo trataba de jugar con el propósito de la belleza del traje de torero y la funcionalidad de la vestimenta del pescador. La finalidad era crear una colección que combinara las técnicas de la sastrería de toreros con un diferente esquema y enfoque visual, y consolidar los universos del torero y el pescador, poniéndolos en el contexto del hombre contemporáneo. Después de investigar esa adoración a la tauromaquia, el lenguaje, y completar la colección siguiendo paso por paso la creación de prendas extremadamente delicadas que parecen bailar cuando la luz incide en los bordados, a pesar de la brutalidad del espectáculo es innegable que la vestimenta del torero es un espectáculo visual único y una oda a la belleza.

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Parte del sketchbook de Carlota Barrera. © Carlos Chavarría (Carlota Barrera/Finally Press).

¿Cómo ha sido el proceso de desarrollo creativo de las prendas? ¿Tienes alguna favorita? La parte que más he disfrutado ha sido quizás la inicial, haciendo esa investigación extensa que después se convertiría en la colección. Todo empezó con la enciclopedia taurina de El Cossio, las escenas populares de Goya y los artistas que reflejaron el costumbrismo español, como Sorolla o Zuloaga. Comprendí cómo actuaba el hombre en el mar con Jacques Cousteau, lo que me llevó a antiguos archivos de nadadores en playas y piscinas durante los años 30 y 40, las fotografías de Henri Lartigue y Herbert List… Se fue entretejiendo un hilo conductor muy bonito que me llevó de la figura del pescador a esos nadadores, y de la parte de la danza en el toreo a las imágenes del ballet ruso de Rudolf Nureyev y Mikhail Baryshnikov. Al final todas esas influencias y referencias se fueron transformando poco a poco en prendas y detalles. Les guardo mucho cariño a todas las prendas porque las he creado, patronado y confeccionado desde cero en mi pequeño atelier. En especial a la chaqueta de pleita que cerró el desfile, y a la capa bordada, que son dos piezas clave, fruto de mis colaboraciones con Javier S. Medina y Carmen de Anónimabycm. A los zapatos también les tengo un cariño especial, nunca había diseñado calzado y disfruté mucho del proceso. Creo que en conjunto mi look favorito es uno de los más sencillos, una camisa de seda beige con apertura en la tapeta y unos pantalones color marfil con dobladillos muy exagerados. Bien llevado puede ser muy elegante.

Adoro y admiro el oficio de la sastrería, tanto por estética como por ejecución. Me encanta que cada hombre tenga su estilo y personalidad, pero cada vez echo más en falta la elegancia por la calle.

La colección ha sido una muestra cercana a la sastrería clásica. ¿Piensas que tu futuro se encara a este tipo de disciplina? Adoro y admiro el oficio de la sastrería, tanto por estética como por ejecución. Me encanta que cada hombre tenga su estilo y personalidad, pero cada vez echo más en falta la elegancia por la calle. Quiero enfocarme en hacer elegante al hombre, en hacer prendas que sienten bien, que tengan detalles contemporáneos que quizás no tiene la sastrería clásica, pero ejecutados con la misma calidad y el mismo mimo.

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Parte de la colección The Matador and the Fisherman S/S 2019 de Carlota Barrera. © Carlota Barrera.

Como diseñadora, ¿dónde te ves en 5 años? ¿Algún proyecto futuro que puedas adelantarnos? Depende de muchísimas cosas, pero quiero y espero estar diseñando para el tipo de hombre que me gusta, y sobre todo poder de vivir de ello. Lo principal es seguir aprendiendo del trabajo y la gente que me rodea, y avanzar poco a poco. La industria de la moda actual tiene un ritmo imposible de seguir, y por el momento no encaja con el tipo de prendas que quiero hacer. El tiempo y la dedicación son esenciales para hacer buenos productos.