Breve historia de la ilustración de moda

by itfashion,

Heley Dryden
Heley Dryden

No todas las joyas de la historia de la moda salen de un atelier ni están hechas de tela. Algunas vienen de un pincel. Que la ilustración de moda sea hoy en día reconocida como arte se lo debemos en gran parte a la colaboración de Paul Poiret y a Paul Iribe. Paul Poiret es, además de ser uno de los modistos más importantes del siglo XX, es también responsable de institucionalizar la ilustración de moda. La historia entre ambos empezó cuando en 1908 Poiret le encargó a Iribe, un joven grabador, que ilustrase sus diseños para una publicación promocional: Les Robes de Paul Poiret. El libro es una verdadera maravilla

Antes de 1908, la ilustración en la industria de la moda se caracterizaba por el realismo de los diseños de la revistas La Galerie des Modes, de Francia, y la inglesa The Lady’s Magazine, que trasladaban las prendas con todo lujo de detalles. Lo que ahora proponía Iribe era revolucionario: color, siluetas sencillas y colores vivos. La moda no daba la espalda a las nuevas exigencias del panorama artístico y se quitaba el corsé de la “representación”. Paul Iribe y todos los que le siguieron encontraron inspiración en el teatro y en la danza que tradujeron en un grácil orientalismo.

Le Robes de Paul Poiret
Le Robes de Paul Poiret
Le Robes de Paul Poiret
Le Robes de Paul Poiret

Poiret siguió apostando por la ilustración y publicó Les Choses de Paul Poiret, esta vez colaborando con Georges Lepape que se decidió por homenajear a Modigliani y su peculiar representación de la mujer. Es un ejemplar rarísimo, de coleccionista que puedes ver en la biblioteca del Museo del Diseño de Barcelona, eso sí, con cita y autorización previa. En la década de los veinte Georges Lepape saltaría a las portadas de Vanity Fair y Vogue con sus mujeres flapper, tan de moda en Estados Unidos.

Les Choses de Paul Poiret
Les Choses de Paul Poiret

La ilustración de moda coincidió con el éxito de las revistas de moda, con el auge de la moda en general que entró en el espiral de tendencias cada vez más rápidas, de demanda y curiosidad por parte del mundo entero. En Francia la Gazette du Bon Ton decidió incluir en sus números las ilustraciones de los diseños de siete casas de alta costura: Poiret, Doucet, Paquin, Chéruit, Redfern, Doeuillet y Worth. Y en Estados Unidos Vogue se convertía en la revista de referencia para la gente pudiente. Sus editores encargaban las imágenes a ilustradores estadounidenses como la icónica Helen Dryden, cuyas portadas naïf han pasado a la historia.

Helen Dryden para Vogue
Helen Dryden para Vogue

En la competencia estaba Harper’s Bazaar que apostó fuerte por el ilustrador ruso Erté (Romain de Tirtoff) durante más de veinticinco años. Su estilo Art Noveau es reconocible por su gusto exótico y su tendencia teatral hacia el dorado. Con la llegada de las vanguardias, su visión se quedó anticuada.

Erté
Erté

La fotografía pronto se reveló como la principal competidora de la ilustración y el número de portadas ilustradas disminuyó. Entre 1932 y 1950, las revistas alternaban portadas con fotografías y portadas con ilustraciones, para que finalmente las fotos monopolizaran la prensa. Las ilustraciones quedarían relegadas a un segundo plano, en forma de licencia poética.

Siempre nos quedará el archivo del MET para ponernos nostálgicos.

 

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