Redescubriendo la fibra de sisal con Ball Pagès

by Eugènia Sendra,

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La indumentaria tradicional se puede reinventar, es casi una exigencia para evitar la desaparición de ornamentos y procesos que sobreviven porque pasan de generación en generación. Algo de esto hay en Ball Pagès, la marca de zapatos hechos con sisal a partir de la técnica del calzado popular ibicenco. Gemma Serra, una arquitecta de formación –trabajó para Jean Nouvel– está al frente de la marca nacida en 2013. Ella retornaba a la isla cada vez que sus sandalias fenecían hasta que alguien le advirtió que también podían funcionar en Francia. Probó suerte, aprendió la técnica y la compartió, impulsó un taller en Arbúcies (Gerona) y desde entonces la aventura de Ball Pagès no ha parado de tejerse. Este es su tercer verano.

¿Quién está detrás de la marca?

Durante muchos años consumí sandalias ibicencas. No tienen fecha, no sé cuando empezaron a hacerse… me las regalaron diciendo que eran perfectas para mí. Una amiga que trabajaba en la tienda Département Féminin de Tolouse me sugirió una colaboración y empezó a tomar forma el proyecto. El objetivo era sacar del contexto los zapatos ibicencos –modelos como los que se utilizaban antiguamente para trabajar en el campo o para ir a la iglesia– y llevarlos a la ciudad, dándoles un nuevo soplo atemporal y elegante.

¿Cómo es el proceso creativo?

Ball Pagès recupera la técnica ancestral, que se ha conservado viva hasta hoy gracias al folklore y los bailes tradicionales ibicencos. Conociendo el sistema de producción tradicional, hemos empezado a hacer modificaciones. El valor añadido de la propuesta viene por el material: los zapatos están hechos con sisal, una fibra de mucha resistencia (además de sisal, los zapatos incorporan cordón que se fabrica en Dakar y yute). Originalmente eran así, pero en un viaje a Ibiza para contactar con artesanos me di cuenta que las que yo llevaba no eran “de verdad”.

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¿Dónde producís?

La producción se realiza en el ‘atelier’ de Arbúcies donde un equipo de mujeres con conocimiento del mundo textil trenza a mano el sisal y elabora artesanalmente los zapatos. Fabricamos por encargo, no tenemos stock y cada modelo producido –como si de edición limitada se tratara­– lleva un número identificativo y el nombre de la persona que lo ha tejido.

Descríbeme vuestros zapatos.

El primer año –en 2014 lanzaron 100 unidades– introdujimos color, y algunos detalles de cuero. Ahora, en la tercera colección, tenemos hasta siete modelos. Están el Calada y el Home, que se repiten, y otros que cambian. Los colores de cabecera siguen siendo el tono natural de la fibra, negro, azul marino y blanco –se pintan con la pasta que se utiliza para el recubrimiento de casas de la isla–. Hemos empezado con ‘espardenyas’ porque hemos aprendido a tejerlas como en Ibiza, pero el elemento identitario de nuestra propuesta es el sisal, más que la forma del zapato o la suela de yute.

Una curiosidad.

Las Ball Pagès no tienen pie derecho o izquierdo… hay que darles tiempo para que se adapten a los pies de cada usuario. Tardamos ocho horas en hacerlas, así que dales ocho horas.

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La colección para verano 2016.

Lanzamos sólo una colección por año. La 2016 está dedicada a mis padres, que forman parte de la pequeña sociedad que hemos montado. Se conocieron en los 70 y mi objetivo era recuperar aquel momento, que también tiene mucha relación con el Mediterráneo. Hay referentes, películas como More, de Barbet Shroeder, y la fotografía de Francesca Woodman. También los pensamientos de Clarice Lispector, que dan cuerpo a la colección. “Escribo sin la esperanza de cambiar nada. No cambiar nada… Porque en el fondo no estamos tratando de cambiar cosas. Estamos queriendo florecer”, decía.

El futuro.

El sisal es un material que necesita ser explicado. Se produce en Colombia, en África, y se ha trabajado a lo largo de los tiempos… Si se puede hilar, se puede tejer, y ahí se nos abre un mundo nuevo. Queremos hacer cosas que resistan el paso del tiempo.

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