Azzedine Alaïa regresa a París, 5 razones para homenajearle

by Laura Cadenas,

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Huye del frenético y, según él, “estúpido” calendario actual de la moda. Pero hoy, seis años después, Azzedine Alaïa (Túnez, 1940) regresa al circuito, y lo hace nada más y nada menos que en la Alta Costura de París. “No tenemos buenas ideas todos los días, no es posible”, confiesa el diseñador, que en rebeldía con las imposiciones del mercado no se guía por temporadas. Su marca, sus normas: solo presenta una colección cuando tiene algo verdaderamente bueno que mostrar. Razón de peso para esperar con expectación y entusiasmo su desfile. Hablando de razones, aquí van unas cuantas para venerarle.

El arte de esculpir

Su devoción por el cuerpo de la mujer provoca que sus prendas se abracen a él con el afán de esculpirlo, valiéndose de diversidad de tejidos. En esa recreación de figuras casi escultóricas mucho tienen que ver sus estudios de escultura en la Escuela de Bellas Artes de Túnez, aunque la belleza que observaba en las revistas de moda de su hermana le llevó a decantarse por el diseño. Precursor del estilo sexy y arrebatadoramente femenino, sus bodies y ajustadísimos vestidos se apoderaron de la década de los 80 para reinventar la silueta. Como ocurre con los grandes escultores, “jamás ninguna de sus piezas queda anticuada”, confesaba Mark Wilson, quién ha trabajado como curador en distintas exposiciones dedicadas a Alaïa.

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Amor incondicional por la moda

“Está por encima de la moda, trabaja para alcanzar la perfección, ama las mujeres y desea que se sientan hermosas”, así se refiere a él su gran amiga Carla Sozzani, hermana de la tristemente fallecida Franca Sozziani, la que fuera directora de Vogue Italia. Probablemente esta ferviente adoración por las mujeres es la que le ha llevado a amar tanto su profesión. Configurando personalmente cada prenda, dándole a cada colección el ritmo que se merece, anteponiendo la costura al negocio. Como un verdadero couturier de los de antes recibe personalmente a las clientas en su taller, lo de intermediar con estilistas no es lo suyo: “Cuando alguna celebrity desea llevar mis vestidos debe venir personalmente al fitting, yo no hablo con estilistas”, declara. ¿Manía de genio? En absoluto, reivindicación de las cosas bien hechas.

Ante todo libertad

No vive obsesionado con las redes sociales, ignora el circuito estándar de desfiles, el “see now by now” le parece una absoluta locura y jamás ofrece rebajas. Ni siquiera la compra de su firma por el gran grupo de lujo Richemont ha condicionado su manera de entender la moda. Precisamente en esa férrea defensa de la libertad individual reside su mayor virtud. Libertad que traspasa el ámbito de la moda. Cuando fue galardonado con la máxima condecoración francesa, la Legión de Honor, decidió rechazarla al no sentirse identificado con las políticas del entonces presidente Sarkozy. Que éste estuviera casado con Carla Bruni, una de sus modelos fetiche, no le hizo renegar de sus convicciones. “No hay otra casa como esta”, decía la periodista Cathy Horyn en un documental sobre su trayectoria. Definitivamente no.

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El precursor de las supermodelos

Con porte de diosas y notoriedad de celebridad, las grandes top models de los 90 conquistaron la moda y el mundo. El término supermodelo, al que solo un selecto club de maniquíes logró tener acceso, fue acuñado por Alaïa. “Él fue quien abrió las puertas de su casa a las modelos que empezaban por entonces: Christy Turlington, Stephanie Seymour, Naomi Campbell…¡Hasta supervisaba si se iban de fiesta!”, desvela Suzy Menkes. Mención a parte merece su relación casi paternal (ella le llama papa) con  Naomi Campbell a la que tuvo el buen ojo de descubrir y acogió en su casa con 16 años.

Estabilidad en el diseño

“Las grandes casas requieren una estética completamente nueva. El diseñador puede seguir los códigos de la marca existente pero no podrá ser el líder a menos que diseñe por sí mismo desde el corazón y el alma, como John Galliano hizo en Dior y Heidi Slimane en Saint Laurent”. Con esta reflexión, Azzedine Alaïa se adentra en la dinámica que a menudo viven las grandes firmas. A lo que añade el lamento por lo que este “juego de tronos” supone, por un lado privando al diseñador de su libertad creativa y por otro a la casa de su identidad. Sus colecciones, sin brutales cambios entre unas y otras, respiran el mismo concepto continuista pero impregnadas de imaginación y buenas ideas, esas que llegan sin prisa para quedarse y no morir de año en año como el resto de las tendencias.

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Y tú seguro que puedes añadirle una sexta razón, si miras su documental (online).