Atelier: JT se expande y apuesta

by Federico Ferrari,

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En un mundo con economías poco estables y volátiles, Argentina no es la excepción, distintas marcas y diseñadores tienden a achicarse o mantener lo conseguido. Sin embargo, algunos apuestan por crecer, como es el caso de Jessica Trosman. A contramano de cualquier pronóstico, la diseñadora abrió el mes pasado su segunda tienda en el barrio de Recoleta, en la Ciudad de Buenos Aires.

En uno de los circuitos de compras y recreación más destacados de la capital sudamericana, JT abrió su local en la calle Posadas 1317. En una tienda pequeña y acogedora, se presenta la última colección Sobre Genero: pantalones y sacos sastreros reconstruidos, grandes camperas y pantalones en tonos verde militar; camisas y abrigos deconstruidos en la paleta de blanco, negro y gris, entre otros.

En el marco de la nueva apertura, hablamos con Jessica Trosman acerca de su expansión. La creadora nos cuenta los secretos de su marca y su perspectiva como una de las diseñadoras argentinas que, con ventajas y desventajas, sale a jugar al mundo con criterio e identidad.

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Teniendo en cuenta el difícil momento que están pasando muchas marcas y diseñadores en Argentina, ustedes han decidido expandirse y abrir un segundo local ¿Cómo fue tomar la decisión en el panorama actual?

Pasó que, junto a mis socios, hace dos años y medio decidimos buscar una tienda por la zona de Recoleta. Un día estábamos caminando para buscar el auto que estaba estacionado en Patio Bullrich (shopping) y en eso vemos este local (de Posadas). Empezamos a mirar para adentro y no tenía cartel, estaba vacío. De repente se nos cruza el dueño, un señor que estaba caminando, lo miramos y le dijimos: “Queremos alquilarlo”. Y ahí empezó una conversación con este señor, que luego de un tiempo nos dijo: “Me arrepentí, quiero poner mi galería de arte”. Pasó un año y seguía el local vacío, con un cuadro. Nosotros igual hicimos un montón de “research” pero no nos gustaba ninguno. Hasta que de repente Paula, mi socia, dijo: “Lo voy a volver a llamar, pero voy hablar con la mujer”, que parecía que tenía más ganas de alquilarlo. La llamó y cerraron todo. Esto fue a fin del año pasado, pero hace dos años que estamos dando vuelta con este local. Nos divertía estar en ese edificio porque es racionalista y es chiquito, como una bijouterie nuestra. Y, por más que sea difícil el momento, ¿por qué todo tiene que estar tan estudiado? Está esta oportunidad, hay que abrir la mente y decir: “Está todo el mundo cerrando, nosotros abramos”. En el momento de crisis hay que arriesgar también.

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Mas allá de que es su segundo local en Argentina, ustedes exportan a más de 30 países en la actualidad. ¿Qué ventajas y desventajas tiene competir desde la Argentina con marcas de primera línea mundial?

Son todas desventajas, no hay ventajas, porque en realidad, por empezar, no hay acuerdos con otros países para la exportación. Todos los que me compran a mí tienen que pagar el 30% para ingresar la mercadería y un flete larguísimo que les lleva mucho más tiempo que en cualquier otra parte del mundo. Hablo en especial en todo lo que es Europa y Oriente. Yo compito con diseñadores que son super talentosos, que tienen las mejores telas. Acá está todo para atrás en ese aspecto: no tengo las mejores telas porque no llegan. Entonces yo compro lo que hay y le hago procesos para que sean diferentes. Y, además, los precios en Argentina están re costosos. No sé cómo me compran todavía- dice entre risas. Es re difícil.

A la vez, en una industria internacional en donde hay excesivas propuestas, ¿cómo es buscar lo diferente?

Siempre hay que preguntarse por qué te van a comprar a vos y no a otro. Y entonces una de las cosas que yo hago es procesar mucho las telas sin que se note que están procesadas. Después, otra de las cosas es, quizá, mezclar distintas telas en la misma prenda, pero del mismo color y entonces ahí es donde juego y digo: “Es más costoso, pero le da una percepción al cliente de lujo”. Porque ninguna marca afuera se puede dar el lujo de poner tres textiles del mismo color en una prenda, porque el costo es carísimo. Yo sé que mi mano de obra es cara en el exterior porque mil veces quise producir afuera y salvo cuando hacíamos las cosas en Japón, que para ellos es bastante fácil hacer 3D, en Italia me salía carísimo hacer mis cosas.

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Esa sería entonces una ventaja de la Argentina a la hora de producir.

Sí, eso es una ventaja. Porque ya tengo adiestrado a los talleres y me las arreglo con las telas. Las mando a teñir de algún modo que todas quedan en el mismo tono o parecido, y eso le da riqueza a la confección. Y, por otro lado, creo que la moldería mía es bastante interesante en cuanto a los 3D, que se puede comparar, sin creérmela, con los japoneses.

¿Crees que el 3D se ha transformado en un pilar en las colecciones de JT?

Sí, y te diría que también la silueta, la elección de colores, la elección de texturas, los procesos que usamos de estampería y de scouting de las telas. Y, además, creo que en el desfile se ve como el logro de lo que queremos transmitir. Ahí es donde siento que se realiza todo y lo llevo a la décima potencia. Y también todo lo que ves se vende, no es que estoy haciendo dos colecciones, una para show y otra para el local.

Una vez dijiste que tus creaciones tienen algo que no se entiende, pero puesto queda bien. ¿Qué crees que es eso que no se entiende?

Tal cual, es eso. Ese es mi sello, me lo decían en París todo el tiempo. Es como un 3D que no se entiende cómo está hecho pero que está bueno. No es que sabes que es un giro y basta. “¿Y cómo lo hizo?”, “¿y cómo lo logró?”: a mí me divierte eso. Y si se puede decir eso de mi marca, me siento super satisfecha con lo que estoy haciendo.

Ustedes son de las primeras marcas que en Argentina están optando por hacer colaboraciones con otras: como fue el caso de la última temporada con Giesso o como fue la alianza con Lee. ¿Crees que es una forma de potenciarse y apoyarse?

A mí me re potencia. Yo hablo de mi parte, pero creo que a ellos también. Me re potenció, porque armar un traje no es lo mismo para Giesso, que lo sabe hacer, que para mí. Y es mucho mejor apoyarme en ellos y desde ahí partir y hacer mi colección. Utilicé telas que nunca usaba, entendí más de todo tipo de fliselina que existe en un saco sastrero. Está bueno limitarte y decir: “Bueno este es el techo, tienen que ser sacos”, te da un tema.

Y lo de Lee, se volvió tan buena esa capsula y ese tipo de alianza, que hasta el día de hoy lo estamos haciendo. Y para la nueva colección compramos un montón de jeans y entonces hacemos este proceso de desarmar todas las prendas para volverlas a armar. Y la verdad es que se vende genial, hay pantalones que están “sold out”.

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Con tantos años de experimentación y búsqueda, ¿cómo te encuentra hoy JT?

A mí me pasa que JT, siempre lo digo, siento que es el proyecto más maduro de mi vida. Me agarra más grande, más segura. La ropa es más fácil de algún modo, pero al mismo tiempo con diseño. Me parece que lo que tiene por sobre todas las cosas es que hay algo fresco en la marca, es espontánea.

¿Que nos podés adelantar de la colección de verano?

Me copé con los pantalones e hice una cantidad que no lo puedo ni creer. Creo que vamos hacer muchos pantalones y pocos tops. Rarísimo en lo que es una grilla comercial.