Artesanía japonesa: fusión entre tradición y nuevas tendencias

by Mónica Maurici,

El kimono es una prenda japonesa con una larga historia. La versión actual del kimono que todos conocemos corresponde al periodo Meiji (1868-1912), ya que en épocas anteriores su versión y utilización eran distintas a la actual, ya que era más utilizado como ropa interior.

Siendo una prenda tan antigua, ¿qué ha ocurrido con los talleres de artesanos que empezaron con la confección de las telas japonesas para kimonos y con su confección?, ¿aún se pueden encontrar talleres especializados en Japón? La respuesta es afirmativa. Sin embargo, la situación del kimono en el país nipón ha cambiado con el paso del tiempo y ello ha influido radicalmente en esta tipología de negocios.

Los japoneses visten en la actualidad ropas más occidentales y la utilización del kimono ha disminuido drásticamente. Desde principios del siglo XX la comercialización del kimono ha sufrido una importante caída, ya que el kimono no suele ser la prenda de ropa de vestir para diario, se ha destinado a los eventos más formales de la sociedad, a bodas y a determinados actos como la celebración del té. A raíz de este importante declive para la industria del kimono, el mismo gobierno japonés incluso ha decidido impulsar distintas acciones para ayudar al sector. Sin embargo, son las empresas afectadas las que deben tomar las riendas del problema y buscar nuevas alternativas.

Cortesía de Hosoo
Cortesía de Hosoo

Kyoto es una de las ciudades con más tradición de kimono y donde justamente se estableció en ella el distrito textil Nishijin hace más de 1200 años. Esta zona ha cambiado mucho desde entonces, pero se pueden encontrar talleres de artesanos que son verdaderas joyas de artesanía. Y no sólo por su antigüedad, sino por la belleza y laboriosidad de las telas que fabrican, así como de los kimonos que cosen con una delicadeza, una elaboración y unos bordados espectaculares,  dedicando una cantidad de horas que consiguen que el resultado final sea toda una obra de arte.

Un claro ejemplo de tradición en Japón es Hosoo, uno de los negocios textiles más antiguos de la ciudad de Kyoto, por el que ya han pasado doce generaciones de la misma familia. Este negocio confecciona telas de forma artesanal desde su fundación, en el año 1688. El taller tuvo su apogeo y sus inicios con la creación de kimonos tradicionales para guerreros y samuráis. Sin duda, una época de esplendor para el negocio que nada tiene que ver con la actualidad, que ha visto como el negocio del kimono tradicional ha disminuido hasta un noventa por ciento.

Cortesía de Hosoo
Cortesía de Hosoo

Estos talleres textiles se resisten a morir y han aprendido a diversificar su negocio y adaptar la tradición del kimono a las nuevas tendencias. Sus principales clientes, antes la mayoría de origen japonés, ahora se han transformado en marcas de alta costura de la talla de Chanel, Louis Vuitton o Christian Dior. Así es cómo el taller Hosoo no ha pasado desapercibido por las grandes marcas de moda, que valoran la calidad con la que se fabrican estas telas artesanas, sus colores, sus texturas y sus acabados. Hosoo sirve sus telas directamente a las grandes firmas y éstas las utilizan en los diseños de sus colecciones que desfilan en las principales pasarelas de moda más internacionales, dando visibilidad a gran escala a unas telas que antes eran principalmente conocidas en Japón.

Cortesía de Hosoo
Cortesía de Hosoo

En Hosoo saben que no sólo es suficiente proveer una pieza con historia. Hay que avanzar continuamente y han diversificado su negocio en tres sectores: moda, interiorismo y arte. Tampoco cierran sus puertas a la innovación y para ello disponen de la tecnología que mejor se adapta a su negocio. En definitiva: la clave es saber combinar la esencia de la belleza japonesa y su autenticidad con la tecnología que mejor se adapte al proceso de elaboración de un negocio de sus características.

Nadie podría imaginarse que la confección de un kimono tradicional realizada por un auténtico artesano japonés puede llevar tres o cuatro meses, alcanzando incluso a los dieciocho meses para pedidos concretos. Y no es de extrañar que su confección incluya estos plazos de tiempo, teniendo en cuenta que el proceso total, desde su fase de diseño hasta su venta, puede estar formado por unos veinte pasos.

Chiso  es otro ejemplo de negocio tradicional japonés, fundado en el año 1555, que ha sabido adaptar la tradicionalidad de su kimono a la nueva demanda del mercado, creando Sohya, la marca que hace referencia al kimono moderno desde el año 2005. La principal actividad y equipo de Chiso se encuentra en Kyoto, en un edificio que incluye una conocida casa de té de Kyoto y una exposición de kimonos.

Cortesía de Chiso
Cortesía de Chiso

En el interior de sus instalaciones se crean delicadas prendas, desde piezas inspiradas en antiguas épocas japonesas como otras inspiradas en el Gran Canal de Venecia. Sus telas también están influenciadas por occidente y por los colores que allí marcan tendencia. Así, si el color rosa y el verde están de moda, estos colores se incluyen en sus futuras creaciones. Tampoco es de extrañar ver cómo Chiso colabora directamente con distintos diseñadores de moda, como Yohji Yamamoto.

Así es como el mundo de la moda japonesa más tradicional se está reinventado. Algunas empresas están encontrando nuevas oportunidades de negocio con los cambios en las tendencias de moda. Pero todavía es pronto para hablar de un cambio de mentalidad generalizado en Japón, ya que no todos los talleres de confección de telas japonesas y kimonos se han dejado sucumbir por la fusión de lo tradicional con lo nuevo, y siguen manteniendo una actitud reticente a hacerlo. El tiempo dirá si finalmente estos negocios sucumbirán también a este cambio de mentalidad en la concepción y uso de la ropa tradicional japonesa.

Vía Fashionable Asia

Temas que te pueden interesar: , , , ,