Alexander Wang, ¿el jaque-mate definitivo a la NYFW?

by Raquel Bueno,

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La New York Fashion Week, madre de todas las semanas de la moda, pierde otro de sus más importantes nombres. Después de que grandes firmas de su generación como Proenza Schouler, Rodarte, Thom Browne, Rag & Bone y Altuzarra anunciaran tiempo atrás que no volverían a participar en esta legendaria semana de la moda, un nuevo nombre se une a la lista, y es ni nada más ni nada menos que el de Alexander Wang. Además, esta temporada el calendario de la NYFW contará también con las bajas de Tommy Hilfiger y, más recientemente, DelpozoVictoria Beckham, que llevarán a cabo sus desfiles en Milán y Londres, respectivamente. Una flecha más al talón de Aquiles de la semana de la moda neoyorkina que, de nuevo, parece que se tambalea.

El diseñador y maestro de las after-party, no obstante, permanecerá en Nueva York –y no huirá a París como muchos de sus compañeros–, aunque pasará a presentar sus colecciones en los meses de junio y diciembre, durante el calendario de las pre-colecciones. Al respecto de ello, la CEO de la firma, Lisa Gersh, afirmó:

Nuestro cliente recibirá un mejor servicio a través del nuevo sistema. El enfoque innovador replantea el producto en el mes en que se envía, en lugar de las etiquetas anticuadas del resort o el pre-fall, ofreciendo a nuestros clientes productos más relevantes y consistentes durante todo el año.

La combinación de colecciones previas junto a las principales en el mismo programa –una decisión ya tomada por otras marcas americanas que ahora desfilan en París, como Rodarte y Proenza Schouler– implica acortar los tiempos de entrega a los compradores, concentrándolos de octubre a marzo y de abril a septiembre, y mantener así vivo el interés del público durante una temporada que los consumidores realmente no acaban de entender y con la que parece que la moda guarda todavía una relación ambivalente. Un movimiento, según la compañía, considerado como “una solución transformadora para la industria global, rompiendo el calendario de la moda convencional”, y dividiendo los productos de la etiqueta en entregas mensuales.

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Alexander Wang durante el desfile de su colección S/S 2018 en Nueva York. © Firstview. 

Aún así, no todo el mundo ha seguido los últimos experimentos de Wang con el mismo entusiasmo. Los dos espectáculos más recientes de la marca recibieron un rechazo considerable (al realizarse en un teatro abandonado de Harlem, lejos del eje central de la Fashion Week, y el distante barrio de Brooklyn junto a un retraso de una hora, respectivamente). Aunque quizás ahora, y al mover sus desfiles a unas fechas menos transcurridas, Wang logrará recuperar la atención de la prensa y volver a replantear las reglas del juego.

Con todo, el diseñador planea todavía realizar un último show para la temporada F/W 2018 este febrero, y el anuncio llega seguido a las recientes noticias de Public School, que abandonaba radicalmente la semana de la moda neoyorkina para reinventarse en un concepto directo al consumidor, que se lanzará por primera vez esta primavera. Wang justificaba así su decisión:

Nuestros programas reforzarán el ADN de nuestra marca para nuestros clientes y admiradores globales mientras seguimos enfocados en nuestra oferta de productos. Esta nueva cadencia nos permitirá hablar con nuestro cliente global en diferentes conversaciones que no se limitan a la semana de la moda dos veces por año.

Según el New York Times, este es el resultado de la tendencia de una creciente ansiedad hacia todo lo que está relacionado con el sistema de la moda tradicional, que no deja de reinventarse día tras día, y resulta cada vez más difícil de aunar con el momento digital. Es lo que podría parecer a primera vista como un nuevo éxodo de diseñadores, que tienden a pensar en grupo. Muestra de ello es otra revolución vivida en el año 1998 en la misma ciudad, momento en que Helmut Lang decidió presentar su colección en septiembre y no en noviembre, como solía ser habitual en la mítica semana de la moda. Calvin Klein y Donna Karan se unieron por aquel entonces al nuevo plan, y de este modo la pasarela americana pasó del cuarto puesto en el circuito de desfiles de moda al primero, anteponiéndose a su vez a aquellos hospedados en Milán, Londres y París.

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Kaia Gerber durante el desfile de la colección S/S 2018 de Alexander Wang. © Gio Staiano/Nowfashion.

Pero a la luz de los acontecimientos recientes, ¿será este nuevo cambio igual de positivo, o se convertirá en el jaque-mate definitivo a la New York Fashion Week? Para calmar el escepticismo creciente, la CFDA trabaja ahora para desarrollar una temporada oficial de moda de verano e invierno que se lance muy posiblemente en los meses de julio y diciembre de este año, además del calendario habitual de septiembre y febrero, según WWD.

Y mientras grandes casas como Rodarte, Altuzarra, Proenza Schouler  y Thom Browne se han alineado en un intento por expandir su alcance y fortalecer el conocimiento de sus marcas fuera de los Estados Unidos –atrayendo, si cabe, más atención a la escena de la moda estadounidense– parece que este cúmulo de bajas recientes abre las puertas a un paradigma radicalmente nuevo en Nueva York. La oportunidad ideal, quizás, para que la ciudad dé la bienvenida a una renovada ola de creatividad y tienda la mano a nuevos talentos emergentes que parece que tendrán ahora una mayor oportunidad de recibir atención sin la sombra de la vieja guardia de las grandes marcas.

Aunque todavía haya muchos nombres importantes en el juego como Michael Kors, Ralph Lauren –que se encuentra en una etapa profunda de restructuración– o Marc Jacobs –que no está pasando por sus mejores momentos–, una cosa está clara, y es que la escena de la moda estadounidense –que siempre camina un paso por delante del resto del mundo– vive tiempos de cambio que hacen tambalear su más emblemática semana de la moda tal y como hasta ahora la conocíamos. Si el nuevo movimiento estratégico de Alexander Wang lo convertirá en pionero o lo llevará al fracaso solo el tiempo lo dirá, aunque los cambios recientes en Nueva York parecen anunciar el inicio de una nueva etapa para la moda y, por mucha conmoción que estos hechos puedan provocar, no podemos evitar emocionarnos.