Adieu, maître: el adiós definitivo al maestro Givenchy

by Raquel Bueno,

Hubert De Givenchy

Hubert de Givenchy por Robert Doisneau, 1960. © The Red List.

Ayer, al mediodía, saltaba a la luz una triste noticia: había muerto Hubert de Givenchy, el pasado sábado, a la edad de 91 años. Miles de personas aprovechaban la ocasión para homenajearlo. A él, que se convirtió en icono de moda donde los haya. A él, que más allá de hacer moda supo convertir la moda en arte. Al que tantas veces vistió y se inspiró en Audrey Hepburn, y sin quien Desayuno con diamantes no sería lo que es. Al que impregnó Hollywood de elegancia e instauró en él la idea del auténtico glamour. A aquel que ha muerto y nos ha dejado un legado que no morirá jamás. Hoy va por ti, Hubert. Estas son cinco de las razones que lo han hecho inolvidable.

Riccardo Tisci: Me pareció la persona más maja del mundo.

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Bettina Graziani vestida con un sombrero de Hubert de Givenchy, por Frank Horvat, 1958. © The Red List.

1. Porque se convirtió en diseñador contra todo pronóstico

Aunque pueda parecernos chocante, todos los dedos (al menos los de su aristócrata familia) apuntaban a que el diseñador acabaría convirtiéndose en abogado. No obstante, y contra todo pronóstico, él siempre quiso dedicarse al mundo de la moda y, aunque fuera una profesión mal vista por aquel entonces, al acabar la guerra se independizaría de su familia y se trasladaría a París, donde acabaría asistiendo a la École des Beaux-Arts y se iniciaría en el mundo de la moda en las casas de Lucien Lelong, Robert Piguet, Jacques Fath, Elsa Schiaparelli… Hasta que decidiera abrir su propia maison en el año 1952. Se retiraría en 1995 de sus funciones de diseñador, y John Galliano recogería las riendas de su extraordinario legado de 43 años. Riccardo Tisci, el que fuera hasta hace poco director creativo de la maison, afirmaría: “Me pareció la persona más maja del mundo. Vio que era sincero y que quería lo mejor para la casa, que no había venido a destruirla, sino a intentar que tuviera éxito (…) me dijo: “Te voy a decir una cosa. No importa lo que hagas, pero sé tú mismo””.

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Audrey Hepburn en el set de Sabrina, vestida por Hubert de Givenchy, 1954. © The Red List.

2. Porque vistió a una generación entera de iconos

En la década de los cincuenta realizó múltiples trajes para Audrey Hepburn, su amiga y musa por excelencia, que influenciaron profundamente la moda del momento y siguen inspirando a más de un diseñador en la actualidad. Ésta, de hecho, le dedicó uno de los mejores piropos que puedan hacerse a un diseñador de moda: “Su ropa es la única con la que me siento yo misma. Es más que un diseñador; es un creador de personalidad”. Vistió también a Elizabeth Taylor, Jacqueline Kennedy, Grace Kelly, la Duquesa de Windsor… La lista es interminable. Con Jackie, de hecho, tuvieron que hacer los primeros fittings en secreto: el pueblo americano prefería que la primera dama vistiera diseños de un couturier nacional. Sin embargo, tras su visita a Versailles, Jackie acabaría mandándole al diseñador una postal para contarle el cumplido que le habría hecho por aquel entonces el General de Gaulle: “Señora, esta noche parece una parisina”.

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Gigi Terwalgne vestida con un conjunto de Hubert de Givenchy, 1952. © The Red List.

3. Porque se ganó el apoyo de Balenciaga y fue su más fiel admirador

Se conocieron tres o cuatro años después de que el diseñador abriera su propio taller, y Cristóbal Balenciaga lo apoyaría desde sus inicios, convirtiéndose en uno de sus más grandes amigos y en una gran fuente de inspiración. De él heredaría su forma de entender la alta costura, y la admiración de Givenchy por Balenciaga acabaría impulsando el proyecto de construcción de un museo dedicado a la obra de éste y su fundación correspondiente. Sí, lo habéis adivinado, se trata del Museo Balenciaga de Guetaria (ni más ni menos). Hubert fue, de hecho, su presidente fundador, y su dedicación y compromiso con la herencia del modisto vasco le serían reconocidos con la Orden de las Artes y las Letras del gobierno español, entre otros galardones.

Eloy Martínez de la Pera: Era la humildad personificada.

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Uno de los impresionantes vestidos de Hubert de Givenchy, por Henry Clarke, 1952. © The Red List.

4. Porque fue un ejemplo de humildad

En una rueda de prensa pasada confesaría: “Soy feliz porque tengo el trabajo con el que soñaba de niño”. Y por esa pasión, siempre acompañada de una gran amabilidad y una elegancia discreta, lo acabaría adorando todo el mundo: desde las personas que trabajaban a diario en su taller hasta la última de sus clientas. Eloy Martínez de la Pera, uno de sus amigos personales y comisario de la primera retrospectiva de la obra del maestro en el Museo Thyssen de Madrid, en 2014, afirmaría a Vogue España: “Era la humildad personificada. De hecho, cuando expusimos en el Thyssen, él no paraba de decir que la única figura que realmente merecía estar en un museo era Balenciaga y no él”.

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Audrey Hepburn y Hubert de Givenchy en uno de los fittings de Funny Face, 1956. © The Red List.

5. Y, por supuesto… Porque siempre fue un innovador

Martínez de la Pera, a su vez, lo apuntaría: más allá de su legado clásico, Givenchy “fue una figura innovadora para la moda. Siempre creyó, por ejemplo, que todas las mujeres tenían los mismos derechos y usó modelos de color desde el principio. Su moda, su técnica, también fue innovadora”. Tisci lo ratificaría en una entrevista para Vogue: “La moda de Givenchy, también la mía, siempre se ha basado en la mujer que defendía Hubert, en los códigos que él creó para la casa: rigor, juego entre lo masculino y lo femenino, austeridad y carácter romántico”. Para el maestro, el vestido debía seguir el cuerpo de la mujer, y no al revés. Y todo lo que una mujer necesitaba para tener estilo eran una gabardina, dos trajes, un par de pantalones y un jersey de cashmere. En su día, además, afirmaría: “La moda es un arte apasionante porque va cambiando”. Aunque es sabido que el arte de verdad, contra todo infortunio, permanece. Adieu, maître (o en cristiano, hasta siempre).