A propósito de Alber Elbaz y el desnudo

by Ana Horcajo,

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“Mi psiquiatra me preguntó una vez si las mujeres de hoy pueden comprar una nueva cara, nuevos labios, nuevos pechos, nuevo trasero, nuevo pelo, nueva piel, y Dios sabe qué más, tal vez el cuerpo es el nuevo vestido. Tal vez esa es la razón por la que hay tantos diseñadores desempleados. Y si el cuerpo es el nuevo vestido, ¿cuál es el papel para nosotros los diseñadores? ¿Vestir o desnudar?“ Audaz pregunta –o flecha envenenada – con la que Alber Elbaz sorprendía a la multitud y “picaba” a la industria de la moda en la conferencia sobre el  lujo celebrada en Omán hace unas semanas.

Nada nuevo bajo el sol, desnudez y moda mantienen una de esas relaciones estables en el tiempo, dotada de altibajos, idas y venidas de todo tipo. Relación que en los últimos años ha intensificado  sus pasiones  tintándose con matices de reivindicación y empoderamiento femenino. Se enseña más pero de una manera más romántica, más sutil -todo lo sutil que puede ser un desnudo, claro-, ahora la silueta femenina se muestra sin tapujos velada tras transparencias de gasa o tul que enseñan directamente sin insinuar. Los pechos han dejado de ser un tabú, el pudor ya no tiene cabida en las pasarelas –ni en la calle-.

 

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Los diseñadores tratan el desnudo femenino como parte  de la liberación, casi como un elemento más de su colección. La moda desviste a la mujer como un acto de libertad que roza la reivindicación, los creadores  gritan que las mujeres son dueñas de su cuerpo y de cómo quieren mostrarlo, sin complejos ni prejuicios, es una desnudez menos erótica y más reivindicativa, más libre y  presente en todos y cada uno de los desfiles.

Volviendo entonces a la pregunta de Elbaz, ¿tanta desnudez está distorsionando la esencia de la moda y la figura del diseñador? ¿se están convirtiendo las pasarelas en una exhibición de cuerpos y quedando la moda relegada a un segundo plano? Estamos de acuerdo en que los desfiles son un verdadero espectáculo, son el culmen de horas, días y meses de trabajo de una mente creativa capaz de hacer magia bajo el pseudónimo de prendas de ropa.

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Las pasarelas se superan temporada tras temporada con puestas en escena dignas de película. Los diseñadores se encuentran ahora con la difícil tarea de lograr que semejante despliegue sirva para potenciar los  diseños presentados  y no caer en el error de que pechos y desnudos roben la atención del público y de la prensa que- salvo error -acude al desfile con el objetivo  de conocer las novedades con las que el diseñadores les dejará sin aliento.

Sí, los espectáculos son geniales, las actuaciones son entretenidas, pero venimos por la ropa – ¿no?-. Si no hay ropa, ¿dónde queda el desfile de MODA?

 

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