Viaje a Joe Fountain

by Gabriel Bravo,

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And behind each coup we make,
We feel there’s Something Waiting,
And- we meet it when we wake.

Rudyard Kipling

Como un Ulises contemporáneo, este maltés desde muy joven ha buscado en otros puertos el polen del tiempo. Su relación con la moda fue premeditada desde muy niño porque su abuela, Antonia Fountain, tenía una tienda de ropa en la isla de las abejas. “Siempre me decía tienes que vestirte bien, llevar un abrigo bueno”.

Joe podría ser un personaje de película con su acento tan particular y su voz azul turquesa. Su viaje en la industria de la moda comenzó a los dieciséis años, cuando cansado de la escuela decidió ponerse a trabajar en Benetton dado que en aquella época había poco donde elegir en La Valetta, capital de Malta. Lo que para otros podría haber sido un trabajo como otro cualquiera, para él fue la combinación perfecta, un estado del color entre la diversión y la amistad.

Una isla a veces se hace pequeña ante la urgencia de la juventud, y a sus diecinueve años decide irse a Londres para probar suerte en moda. Una ensenada deslumbrante en los 80′s que le llevó a una tienda de antigüedades primero, y al poco tiempo a tener dos trabajos de media jornada. Uno como asistente del fotógrafo británico, Chris Moore, aún hoy en activo, que ha realizado fotos de desfiles en todas partes del mundo, pero especialmente en Londres. El otro, como vendedor en Manolo Blahnik, una casualidad con la que ha mantenido una relación de por vida. Londres es un buen lugar para explorar los días y las noches con la banda sonora perfecta para cada momento. A los cinco años de una linea de la belleza de ritmo sincopado tiene abandonar la isla porque los malteses desde la independencia del Imperio Británico no pueden permanecer en el país por tiempo indefinido. “No quería volver pero no podía hacer nada, ahora Malta me encanta, pero con veinticuatro años y acostumbrado a mi vida en una gran ciudad, me parecía un horror”.

Tras unos meses de aclimatización comienza a libar en otras flores y con decisión comienza trabajar como redactor de moda, y poco después dirige el magazine de The Malta Independent aprovechando una oportunidad. Este Odiseo contemporáneo es hombre de pocas palabras pero capaz de proezas antes nunca pensadas: “Quieres tú dirigir la revista. Y yo le dije, claro”. Comienza un viaje a puerto desconocido con final feliz a los dos años, cuando le ofrecen trabajar en una tienda con las firmas mas apreciadas del momento. Su espíritu indómito y sus ansias de aventura le ha hecho disfrutar de cada proyecto de vida que ha elegido, tomando el timón con decisión.

A los treinta años queda en dique seco sin esperar a que vuelvas las aguas, casi en broma comienza a estudiar en la universidad, trabajando también al mismo tiempo como redactor para una vieja revista trimestral a la que quieren darle un aire más moderno. “Modern Elegance, en esos años en los que trabajé se convirtió en una revista de referencia porque se publicaron editoriales y reportajes de moda que en aquel entonces no eran habituales”.

Durante las vacaciones normalmente trabaja un par de meses en Manolo Blahnik, y al terminar sus estudios de Ciencias de la Comunicación emprende un máster sobre Visual Culture en Londres. Presenta como proyecto final de curso una exposición entre la National Portrait Gallery y el British Museum en el Design Museum sobre Manolo Blahnik, su gran sorpresa fue cuando fue contratado por la firma para realizar este proyecto. Desde el 2004 comienza a trabajar en la firma de forma ininterrumpida como jefe de proyectos, coordinando libros, películas, y exposiciones. Poco después lo nombran jefe de prensa, hasta que el amor de sonrisa grande le hace detenerse, viene a vivir a Barcelona, toma un año sabático, y se olvida del trabajo si esto es posible. Un año después empieza a trabajar en Suiza para la firma Bally, “me ocupaba del equipo de diseño, y estaba en la fábrica todo el tiempo, lo que me ha permitido aprender mucho sobre técnica y diseño del zapato”. Hasta que el año pasado vuelve al origen, su Itaca particular, y vuelve a Manolo Blahnik como asistente ejecutivo y coordinador de proyectos. Trabajo que le permite variar y no hacer nunca lo mismo. En estos momentos realiza un libro con la editorial Rizzoli, y como asistente personal del diseñador “paso mucho tiempo con él, estoy ahí para todo lo que necesite”. Esto le ha ayudado a apreciar el trabajo de un artista que trabaja a la vieja usanza, que interviene en todo el proceso de creación porque conoce el zapato y su manufactura a la perfección. Tal vez aquello que un día soñó junto a sus primos viendo la serie de televisión Scruples basada en la obra del mismo título de Judith Krantz, ha llegado ya a buen puerto.

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Fotografías: Elena Kuroda

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