Mon Paris à Moi

by Noelia Terrón-Laya,

La vida y los referentes de Noelia Terrón-Laya caben en el triángulo formado por Madrid, donde nació; Londres, donde vivió bastantes años; y París, ciudad en la que reside actualmente. Estilista, diseñadora, ilustradora y periodista de moda (y colaboradora de IT Fashion), a través de este diario visual intentará compartir “Son Paris à elle”, homenajeando a Boris Vian y su canción “Mon Paris à moi” y ofreciendo su perspectiva de esta ciudad en su día a día: las imágenes que le inspiran en su trabajo y los making of de sus shootings, así como trayectos y momentos cotidianos.

El año empezó en Madrid, donde siempre hay rincones sorprendentes ante los que, por muchas veces que se pase, un buen día nos sorprenden como si las viéramos por primera vez. Es el caso del edificio Grassy, en la Gran Vía, decorado con cristales esmaltados representando los signos del Zodíaco; o el bar del Hotel Palace, un clásico para un café-capricho atisbando la impresionante cúpula con vidriera.

Y, ya de vuelta a París, un detalle de un shooting con un increíble top bordado a mano y un intenso clutch rojo con tachuelas, ambos de Valentino (auténticas joyas). Durante otra sesión Caroline de Maigret, modelo parisina por excelencia, compartió su amor por la música llevándonos a un precioso atelier en Montmartre en el que reparan guitarras de manera artesanal y que sirvió como escenario para alguno de los looks.

Con el frío y la nieve de enero, la ciudad huele a leña: muchos pisos clásicos de la época Haussmanniana conservan aún las chimeneas originales del siglo XIX, y las calles al caer la noche adquieren el característico olor de la leña quemada. Pero, a falta de chimenea, es posible reconstruir la sensación con la vela “Feu de Bois” de Diptyque, y acurrucarse en el sofá con una mantita a leer un buen libro.

Otro refugio del frío y del gris plomizo que caracteriza esta estación en la Île de France es el mítico Café de Flore, en Saint-Germain-des-Près, donde tomar un té con todo lujo de detalles mientras imaginamos entre las mesas las figuras de Juliette Gréco, André Breton, Jacques Tati o Brigitte Bardot, algunos de sus muchos inquilinos célebres a lo largo de los años.

Cultura