Liam Aldous: Héroe de puño y letra

by Pablo Gandia,

Liam Aldous: Héroe de puño y letra | itfashion.com

Decir que el periodismo se encuentra en una profunda crisis sería ofrecer una visión demasiado pesimista de la realidad. Y a Liam Aldous, las historias negativas no le interesan. Desde que llegó a la corresponsalía española de la revista Monocle en 2011, este australiano de 32 años ha cambiado su forma de comunicar. Despedirse del mundo digital fue el primer paso de un camino que, a simple vista, podría parecer contradictorio, sobre todo si tenemos en cuenta que vivimos inmersos en la era de la inmediatez. Del aquí y el ahora. Pero para Liam, la calidad de la información requiere un tiempo y un precio que Internet jamás podrá pagar.

El segundo paso de este cambio profesional fue abrazar el positivismo. Alejarse del interés obsesivo que los medios de comunicación demuestran por las catástrofes. Y es que, a día de hoy, no hay mejor noticia que las personas que salen adelante; que encuentran los errores y las soluciones a los problemas. Por eso, desde hace cuatro años, este joven periodista jamás se ha despegado de sus vidas. Y en caso de no encontrarlas, las ha buscado de manera incansable. Día tras día. Ciudad a ciudad. Porque son esas mismas personas, los héroes anónimos de la sociedad, quienes permiten que el cambio siempre sea posible.

Nos citamos en el edificio del Planetario durante una tarde sedienta de primavera. Pide perdón por llegar tarde. Se presenta con camiseta de manga corta, pantalones vaqueros y gafas de sol. A juzgar por su apariencia podríamos pensar que Liam Aldous no presta demasiada atención a la forma de vestir. Pero su imagen informal, curiosamente, está estudiada al detalle. En apenas unos años el australiano se ha construido una marca personal que va ligada al estilo, la elegancia y la calidad de vida. Reconoce que la moda es importante para su trabajo, aunque la industria y las fashions weeks, tan rutinarias como siempre, han empezado a aburrirle. Ahora prefiere hablar sobre periodismo, economía y política. Sobre el futuro de España y nuestra incapacidad para aprender de la memoria histórica. Probablemente esta entrevista sea una buena oportunidad para reconocer que, tras la etiqueta de la crisis, escondemos una auténtica falta de identidad cultural. Es hora de aceptar que nuestro país exige y se merece algo más que los extremos irreconciliables. Ya no vale solamente la izquierda o la derecha, España o Cataluña, el triunfo único en el deporte o la cocina. Ha llegado el momento de abandonar el pasado (sin olvidarlo) y avanzar en línea recta, sea como sea.

¿Qué supuso para ti formar parte de un medio tan potente a nivel internacional?

Monocle me permitió dedicarme a lo que verdaderamente me gustaba, pero también me demostró lo importante que es ser humilde en el periodismo. Recuerdo que, cuando empecé como becario, en la redacción había muchos jóvenes exigiendo trabajos importantes e indignándose cuando les ofrecían reportajes de poca repercusión. Quizás se trataba de gente que venía de familias con dinero o simplemente ingenuos que pensaban triunfar desde el minuto cero. Pero, al fin y al cabo, tienes que entender tu posición como becario y hacer de la mejor manera posible todo lo que te pidan. Solo así, siguiendo estos pasos, he logrado trabajar como corresponsal.

Cuando aterrizaste en España, ¿fue difícil empezar una nueva vida en Madrid?

La verdad es que no fue tan complicado como creía. Yo ya había vivido antes en la ciudad y hablaba medianamente bien el castellano, por lo que no tuve muchos problemas para adaptarme. Sin embargo, al ser autónomo, lo más difícil fue acostumbrarse al sistema español, especialmente al de los impuestos. En Australia todo era mucho más fácil y desde el gobierno te animaban a emprender. En cambio, en España, parece que cuanto menos trabajas mayores beneficios obtienes.

El año pasado diste una conferencia en la que explicaste que Monocle no era un periódico convencional, sino una forma diferente de dar las noticias. ¿Des de qué perspectiva abordáis y transmitís la información a vuestros lectores?

Nuestra revista actúa como un monóculo, por eso se llama así. Nos enfocamos a todas las cosas que funcionan bien en la sociedad. El problema de los medios de comunicación actuales es que tan solo se limitan a contar las movidas que suceden en el mundo, y llega un momento en el que el público se cansa. Hace unos años nació un fenómeno llamado el “Mean World Syndrome” (Síndrome del Mundo Antipático) que demuestra que las personas, cuántas más noticias leemos, peor creemos que está el mundo. Por esta razón Monocle busca constantemente historias positivas. Nos encanta compartir reportajes, por ejemplo, sobre una escuela de Perú, una universidad en Japón o una política de gobierno en Dinamarca que han encontrado soluciones a sus problemas. Además, estas historias sirven para que cada uno de nosotros, incluidos los países a los que les gusta tanto mirarse el ombligo, nos demos cuenta de que el cambio siempre es posible.

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Después de cuatro años en España habrás tenido tiempo suficiente para diseccionar y analizar la realidad social del país. ¿Cuál es tu opinión acerca de ella

Sinceramente creo que España está atravesando un momento malísimo, pero quiero evitar el mismo discurso de siempre. Una de las mejores cosas que me ha aportado el periodismo es la posibilidad de observar, durante estos últimos meses, el cambio general que está experimentando la sociedad española. El país está cambiando profundamente y vamos a ver los resultados dentro de unos años. Aún así, no debemos confiarnos. Hay muchísimos políticos que no tienen ningún interés en resolver los problemas, por eso la ciudadanía debe asumir una mayor responsabilidad, informarse y buscar los líderes capaces de encontrar soluciones. De nada sirve quejarse si cuando llegan las elecciones la sociedad no refleja su descontento en los votos.

¿Cómo percibes esta situación en Madrid?

Lo interesante de la ciudad es que aunque lleve más de veinte años con un gobierno de lo más conservador en el ayuntamiento, los ciudadanos no reflejan su ideología. En los últimos años el gobierno de Madrid ha reducido las fiestas en las calles y ha controlado al máximo la vida nocturna, pero en cambio, la ciudad sigue muy viva y la gente tiene ganas de pasarlo bien. Sería curioso ver un ayuntamiento en la capital que por primera vez en muchos años quisiera potenciar las características reales de sus ciudadanos, en vez de reprimirlas. Una de las cosas que nunca entenderé es que el PP haya reducido al máximo la fiesta del Orgullo Gay, cuando se trata del evento anual que más ingresos proporciona a Madrid. Una ciudad que, paradójicamente, tiene una de las deudas públicas más grandes de España. Por lo visto, el sentido común brilla por su ausencia.

Hablemos ahora de otro asunto inquietante en la política. En países como Francia, Inglaterra y especialmente Estados Unidos, la personalidad de la primera dama cobra un protagonismo esencial. ¿Por qué esto no sucede en España?

Bueno, depende del líder, ¿no? La importancia de la primera dama es una tendencia que ha nacido en Estados Unidos y que poco a poco ha ido infiltrándose en otros países. En España puede que no haya llegado con fuerza porque el estilo de vuestra política es todavía muy viejo, pero creo que podría ser interesante. Estaría bien que la primera dama liderara causas sociales y humanitarias sin tener que mojarse políticamente. Otra de las cosas que más me sorprenden es que nunca hayamos visto al marido de Esperanza Aguirre. ¿Por qué jamás aparece públicamente? Esto demuestra que a veces puedes juzgar a un político por la pareja que tiene. A Obama le ha venido genial tener a Michelle a su lado. También le pasó lo mismo a José María Aznar con Ana Botella. En este caso, la estrategia fue tan perfecta que decidieron meterla en política. Luego descubrieron que no era tan competente como creían (risas).

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Uno de los aspectos más llamativos de la revista Monocle es el exquisito tratamiento que realizáis tanto de la palabra como de la imagen, incluso en vuestra página web. Creo que sois de los pocos medios que habéis sabido adaptaros a las necesidades del soporte virtual.

Ahí debo rectificarte. Mi jefe Tylor (Brulé), el director de la revista, siempre ha procurado ir en contra de la ola digital. Él ha apostado muchísimo por el formato en papel, mientras que la web la ha destinado únicamente a las noticias de actualidad inmediata. Al fin y al cabo Monocle habla de tendencias y su visión está fijada en el largo plazo. Nosotros cerramos la edición de cada número tres semanas antes de que salga en los quioscos, lo que significa que todas las historias que va a encontrar el lector en la revista habrán pasado ya. Esta forma de trabajar es menos estresante que la de un periódico, pero puede acarrear bastantes problemas. Una vez dedicamos un número entero a Italia y, mientras la revista se imprimía, el gobierno del país cambió de partido. Sin embargo, como no hablábamos de actualidad, tampoco supuso un grave error. Otro de los detalles de Monocle es que la revista siempre pone un precio a los contenidos. Para nosotros, consumir información de calidad no puede ser gratis. La gente se queja de que Monocle en España cuesta once euros, pero son trescientas páginas llenísimas de reportajes e historias. Al final estamos hablando del esfuerzo de muchos profesionales que, mensualmente, trabajan para ofrecer la mejor información internacional.

Aún así, que os dediquéis enteramente al formato físico no significa que hayáis descuidado vuestro trabajo en Internet. De hecho, solo hay que visitar la página web de Monocle para darse cuenta de que la preocupación estética y de contenido –tan palpable en el papel- continúa presente en la red. En cambio, a día de hoy existen una gran cantidad de revistas, especialmente dedicadas a las tendencias, que en sus plataformas digitales se limitan a crear contenidos de dudosa calidad. Tan solo desean ser virales. ¿Por qué crees que sucede?

La red es un fenómeno bastante peligroso a nivel de comunicación porque permite mostrar a los anunciantes, inmediatamente, qué tipo de información vende. Como resultado, los directores de los medios terminan escogiendo los contenidos y las noticias al gusto de los anunciantes. Y eso es un problema para los periodistas, pero especialmente también para el público. Ahora más que nunca el lector necesita ser consciente de lo que está leyendo. Debe tener la capacidad suficiente para diferenciar un tabloide de la prensa rosa o de un periódico serio.

¿No piensas que los medios de comunicación deberían asumir una mayor responsabilidad y educar al lector antes que complacer su gusto?

Los directores de periódicos y revistas siempre tienen una responsabilidad que va más allá de la empresarial. No pueden publicar todo lo que les da la gana o lo que sus anunciantes quieren, porque entonces faltarían a la verdad y su trabajo perdería el sentido. Pero, de la misma manera en la que los directores tienen un compromiso, los lectores también deben asumir la responsabilidad de preguntarse de dónde viene la información, por qué están leyéndola y quién está financiándola.

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¿Crees que el papel morirá?

No, en absoluto. Puede que los periódicos y medios físicos que ofrecen información inmediata desparezcan, pero en España, ahora mismo, estamos viendo nacer muchísimas revistas impresas. A la gente le gusta tener cosas físicas, estéticas y que puedan guardar para siempre en sus casas. Obviamente si se trata de un panfleto feo, con cero contenido y poco memorable, no lo querremos en nuestra estantería. Pero, ¿te imaginas tener las casas vacías de libros y revistas? Si todo lo viésemos a través de una pantalla, el mundo se perdería grandes cosas.

Actualmente también eres profesor de periodismo económico en la Universidad Europea de Madrid. ¿Qué consejos les das a tus alumnos a la hora de informar?

Yo doy clases a estudiantes que se encuentran prácticamente al final de su carrera, por lo que no les puedo enseñar a escribir. Mi objetivo como profesor consiste en ayudarles a encontrar un nuevo enfoque. Quiero animarles a que se pregunten el por qué de las cosas. En el periodismo no siempre se trata de escribir un artículo o contar los hechos, muchas veces también hay que aportar las causas y las razones de los acontecimientos.

Entendiendo ahora el por qué de la crisis, ¿cómo definirías con un titular la situación económica de España?

Uf, es complicado. Quizás podría ser algo así como “los líderes celebran el triunfo mientras la sociedad se pregunta dónde está el cambio”. Es verdad que la economía del país está mejorando, pero solo a nivel macroeconómico. No podemos hablar de recuperación hasta que la gente no consiga un trabajo.

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¿Tienen los jóvenes españoles alguna salida en nuestro mercado?

Bueno, los hechos demuestran claramente que no. Los jóvenes deben ser conscientes de que no pueden salir de la facultad pensando que van a conseguir el trabajo de sus sueños, porque eso no ocurre ni en tiempos de bonanza. Lo que deben hacer es encontrar un hueco en el mercado laboral. Tienen que buscar aquello que verdaderamente les apasiona y convertirlo en un trabajo, aunque al principio sea muy complicado y no ganen nada de dinero. El problema que también presenta España es que las antiguas generaciones no valoran el esfuerzo de los más jóvenes. Quieren su trabajo completamente gratis y, cuando no pagas por algo, la calidad sufre.

¿Y por qué crees que no pagan? ¿Por falta de dinero?

Claro que hay dinero en las empresas, pero aquí no existe la cultura de valorar el trabajo y el esfuerzo. Además, a la gente no le gusta compartir, y eso se ve en todos los directivos que pagan miserias a sus trabajadores. Para salir de la crisis es necesario que la sociedad tenga dinero en sus bolsillos. Si los empresarios pagaran un poco más a su plantilla, incluso a los becarios, todos podrían gastar más y los negocios se reactivarían. Esta misma situación la vivimos en Australia durante los años ochenta. El primer ministro subió el salario mínimo y la economía se regeneró gracias al aumento del consumo. A día de hoy, Australia lleva más de veinte años de crecimiento. Quizás los españoles deberíais empezar a aprender de otros países.

En todo este tiempo que llevas en España también te has convertido en un hombre de estilo. Has sido fotografiado para el País Semanal en su número dedicado a las tendencias masculinas y has asistido a las principales fashion weeks de todo el mundo. ¿Qué aporta la moda en tu vida?

A mí me gusta expresarme con la ropa. Creo que la forma con la que nos vestimos afecta muchísimo a cómo nos recibe la gente. Debemos pensar siempre en qué ámbito nos vamos a mover y vestirse de acuerdo a él. Si yo fuese a hacer una entrevista a un personaje bastante conservador y no llevase americana, posiblemente podría afectar a la imagen que él tuviese de mí. No me acuerdo quien dijo una vez que el buen estilo es sinónimo de buena educación. Es tu forma personal de presentarse y reafirmarse ante el mundo. Mucha gente suele pasar de la moda y a veces la industria puede ser un coñazo, pero en mi trabajo es importante. Yo represento a una revista de tendencias, de estilo y de alta calidad.

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Entonces, ¿utilizas la moda como un instrumento para potenciar tu labor de periodista?

No sé si la utilizo como un instrumento, pero soy consciente de que la moda forma parte de mi personaje y me ayuda en mi trabajo. Por ejemplo, muchas veces tengo que realizar reportajes sobre edificios y necesito entrar en las casas de los vecinos para entrevistarles y fotografiarles. Te puedo asegurar que eso es mucho más complicado que entrevistar a cualquier ministro del gobierno.

¿Y cómo te presentarías en todo caso?

Si voy muy mal vestido, seguramente los vecinos no me abrirán la puerta (risas). Tampoco puedo ir hecho un súper fashionista. Lo mejor es ir elegante e informal, sin llamar demasiado la atención. No obstante, la gente siempre te juzga por cómo vistes, aunque no lo reconozca. Es inevitable. Nosotros hacemos millones de valoraciones todos los días y apenas nos damos cuenta.

Para concluir, hablemos del futuro. ¿Qué planes le esperan a la historia de Liam Aldous?

Justo ahora estoy preparando con Monocle un libro sobre Madrid. También me gustaría empezar a escribir reportajes para otros medios y aportar todas las experiencias que he vivido durante los últimos cuatro años en un libro sobre España, pero tiempo al tiempo. Ya se verá. Lo que de verdad tengo muy claro es que me voy a quedar en este país. Mi vida está aquí. Por fin he encontrado un sitio en el que me siento verdaderamente satisfecho.

Liam Aldous lleva un jersey de American Apparel, pantalón Tommy Hilfiger y zapatos Geox

Fotografía: Rosa Copado | Estilismo: Stephania Yepes

  • Liam J Aldous

    El instagram de Liam Aldous es madcity_dispatch