Madrugadores

by Oriol Bruc,

Madrugadores | itfashion.com

Madrugar por gusto es uno de los aprendizajes clave de todo aspirante a adulto. Mañanas de penumbra, estilismos catastróficos y cocktails molotov van espaciándose paulatinamente en el tiempo para dar paso a desayunos en compañía, mercadillos matutinos y – por qué no – vermouths de mediodía. La madurez despierta temprano los fines de semana, compra el periódico y disfruta del café con algo más de calma; tras años de pánico y oscuridad, la soledad momentánea de un sábado por la mañana se convierte en uno de los momentos más esperados de la semana.

Los rayos de luz se filtran por la ventana mientras la calle reposa en un silencio inexplicable, en el que todo duerme como si el universo fuera un error, y el día se plantea con la actitud reflexiva de los primeros veinte. Levantarse temprano es sólo el primer síntoma; pronto, visitar el mercado itinerante demanoenmano, rebuscar entre cajas de libros usados y tomar un refresco con alguno de los progenitores parecerán planes de lo más apetecibles.

Esto, simplemente, ocurre. Una mañana, sin previo aviso, la idea de salir del abismo resultará extrañamente atractiva y será entonces cuando saltará la primera alarma. “¿Pero qué hora es?”, “¿Por qué emiten programas a esta hora?” o “¿Qué mercadillos matutinos puedo visitar hoy?” serán algunas de las preguntas que se formulará el aspirante a adulto. Es sólo cuestión de tiempo que aprenda a diferenciar entre los distintos tipos de vino, use la expresión “ponerse al día” y se descargue un cuadro explicativo sobre cómo combinar el queso gorgonzola.

El gusto por madrugar llega como el vino, las perspectivas profesionales y los primeros cabellos blancos. Nos hacemos mayores. Es una evolución natural, prácticamente inevitable, en la que uno puede sentirse cómodo dentro de una alma vieja, con los bolsillos ligeramente más llenos y un mundo por descubrir con voz propia.

Madrugar por gusto, entre otras cosas, trae consigo la capacidad de perspectiva. Blanco y negro, bueno y malo, pasan a ser una flamante gama de grises en la que se difuminan los extremos, se comprenden otras situaciones y, poco a poco, nuestras mentes se hacen un poquito más amplias, menos rígidas, más tolerantes. Y es que puede que, en realidad, decir que nos hacemos mayores no sea una apreciación del todo cierta. Los humanos, entre grises, nos hacemos mejores.

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  • Lluís Domingo

    ¡Este artículo es una delícia!
    Hagámonos mayores, mejores.

    ¡Bravo Oriol!